Réplicas de un reportaje: el conflicto entre Venezuela y Estados Unidos
Réplicas de un reportaje: el conflicto entre Venezuela y Estados Unidos
1 febrero 2012
Autor:
Sección: Derecho en el mundo

Víctor Emilio Corzo y Ernesto Eduardo Corzo

Como es sabido, el último roce diplomático entre Estados Unidos y Venezuela devino de la transmisión, por la cadena Univisión, del reportaje “La amenaza iraní”, donde se expuso la supuesta planeación de ataques cibernéticos en contra de instalaciones de Estados Unidos, “aparentemente” orquestados en México por “agentes diplomáticos de Irán y Venezuela, con el apoyo de la embajada de Cuba”. Considerado esto como una violación a la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963, el Departamento de Estado del país del norte declaró a la cónsul general de Venezuela en Miami persona non grata el 10 de enero y la emplazó a salir del país por haber participado en dicha conspiración durante su adscripción en México. Tres días después, el presidente Hugo Chávez ordenó, como retaliación diplomática, el cierre del Consulado General que tiene bajo su circunscripción el sureste de Estados Unidos y la concentración más grande de venezolanos en el extranjero.

El derecho discrecional de declarar a una persona non grata

A pesar de que las raíces de lo que ahora conocemos como inmunidad diplomática se remontan varios siglos atrás, la práctica de declarar a un funcionario diplomático o consular como persona non grata no es una práctica muy frecuente. Se supone que el privilegio de disfrutar la exención de la jurisdicción del Estado receptor está ligada a la obligación de respetar las leyes y las regulaciones del Estado y no interferir en los asuntos domésticos. Y aunque no han sido vastos, no han faltado ejemplos para ilustrar el supuesto. Recordemos el celebrado caso sobre la expulsión de don Bernardino de Mendoza, embajador de España en Inglaterra, a finales del siglo XVI, cuando maquinaba en contra de la reina Isabel en su afán por remplazarla con un gobierno favorable a los intereses católicos y españoles. O cuando el gobierno de Estados Unidos considerara como “no aceptables”, en marzo de 1986, durante la Guerra Fría, a 25 diplomáticos soviéticos sospechosos de cometer espionaje en territorio norteamericano y como retaliación la Unión Soviética hiciera lo mismo con más de 50 diplomáticos estadounidenses en Moscú.

Este derecho de declarar a cualquier agente diplomático o consular persona non grata es uno de los principios más viejos del Derecho internacional y se cristaliza precisamente en los artículos 23 y 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares y Diplomáticas, respectivamente. En específico, el artículo 23 establece que “el Estado receptor podrá comunicar en todo momento al Estado que envía, que un funcionario consular es persona non grata, o que cualquier otro miembro del personal ya no es aceptable. En ese caso, el Estado que envía retirará a esa persona, o pondrá término a sus funciones en la oficina consular, según proceda”. En este supuesto, Estados Unidos declara a Livia Acosta Noguera, cónsul general de Venezuela en Miami, persona non grata y le otorga el plazo de 72 horas para salir del país.

Aunque no hay ninguna postura oficial sobre las razones de Estados Unidos y —hay que resaltar— no está legalmente obligado a ofrecerlas de acuerdo con la Convención de Viena, ya que este derecho es totalmente discrecional, sí está obligado a otorgarle un plazo razonable a la cónsul general para que pueda abandonar el país. Sin embargo, no existe un parámetro específico de lo que significa razonable para la Convención. En distintos casos el mínimo requerido ha llegado a 48 horas a partir de la notificación, salvo en casos de conflicto armado, en que éste puede llegar a ser de 25 horas.

Pero la consecuencia automática de la declaración de persona non grata a algún agente diplomático o funcionario consular, como a la cónsul Acosta, no es la expulsión del país receptor. Lo es la pérdida en el futuro inmediato de las inmunidades y privilegios de que disfruta bajo el Derecho internacional. En otras palabras, cuando a algún diplomático se le declara persona non grata, el Estado emisor debe llamarlo de vuelta; de lo contrario, el Estado receptor lo tratará como a cualquier otro extranjero sin los privilegios que lo invistieron anteriormente. Sólo ante la negativa del país emisor de llamar a su agente diplomático o consular, o, en su defecto, si no sale del país voluntariamente, éste, ahora sí, puede ser expulsado.

La naturaleza del Derecho diplomático y consular está edificada en el principio de reciprocidad. Y como tal, cuando hay una declaración como la que se dio con la cónsul general se espera que el Estado emisor devuelva el favor. Ya que la expulsión no esta sujeta a ningún criterio objetivo o a un análisis claro de evidencias (es decir, es completamente discrecional), cuando se piensa que dicha expulsión es injustificada el Estado emisor puede tomar represalias y expulsar a un diplomático inocente como muy frecuentemente ocurrió durante la Guerra Fría. Por eso, cuando Estados Unidos declaro a Livia Acosta persona non grata, sin establecer las razones en específico, se esperaba que Venezuela imitara la acción y expulsara a algún miembro de la misión diplomática o consular norteamericana. Sin embargo, el gobierno venezolano opto por el “cierre administrativo” de su consulado en Miami, afectando a la mayor concentración de venezolanos en el extranjero, la mayoría disidentes de Chávez, la víspera de las elecciones presidenciales del próximo octubre.

Por su propia naturaleza, se ha llegado a afirmar que el Derecho diplomático es verdaderamente eficaz. La forma en que se autoriza la aplicación de sanciones una vez que se comete algún abuso ha llevado a que la Corte Internacional de Justicia lo etiquete como un sistema “autocontenido” (self-contained regime). La violación a la obligación de cumplir con las leyes locales y de no interferir en los asuntos internos del Estado no es una obligación de aplicación directa y, como lo señalaba Vattel correctamente, los remedios sólo pueden ejercerse a través de los medios diplomáticos. Claro, esto no significa que el Estado receptor no esté facultado para tomar las contramedidas necesarias fuera del ámbito del Derecho diplomático y consular como reacción a la violación del Derecho diplomático y consular por el Estado emisor.

Los conflictos y la diplomacia pública

La diplomacia pública se puede definir como el esfuerzo que un gobierno determinado despliega para influir la opinión púbica de un tercer Estado con la finalidad de promover sus intereses de política exterior. Grosso modo, ésta difiere de la diplomacia tradicional en cuatro puntos: primero, su receptor no es un gobierno extranjero, sino la población del mismo; segundo, no se guía por principios de secrecía, sino todo lo contrario, busca ser lo más pública posible; tercero, no trata de modificar las políticas estatales, sino la manipulación de la opinión pública, y cuarto, su ejecución no recae totalmente en el cuerpo diplomático, sino que emplea variables externas, como los medios de comunicación.

La seriedad del roce diplomático y la peligrosidad del supuesto ataque cibernético se pueden medir a partir de las reacciones que tuvieron ambos gobiernos y de las contramedidas adoptadas como sanciones. Como es conocido, éstas se limitaron a simples declaraciones públicas y medidas de retorsión.

En lo que respecta a las declaraciones, se pueden apreciar de manera clara dos discursos de fondo: por un lado, el que fomenta la visión de “choque de culturas”, tratando de levantar sospechas del acercamiento de Irán con América Latina, y por el otro, el clásico argumento antiimperialista, según el cual el norte, en aras de expandir su dominio, nuevamente atropella los derechos de los países del sur.

Estas líneas de comunicación son mensajes ya conocidos y empleados con frecuencia entre simpatizantes de ambas posturas. En la era de la globalización, el acceso al reportaje de Univisión es ilimitado; de ahí la necesidad de ambos gobiernos de reaccionar pronto y tratar de obtener el mejor posicionamiento posible ante la opinión pública. Por esta razón, el choque real entre Estados Unidos y Venezuela ocurrió a través de un intercambio de declaraciones con ciertos trasfondos.

Por ejemplo, a la luz de la transmisión del reportaje, se sembró la idea de que el gobierno de Estados Unidos no tenía conocimiento de los hechos y que no había valorado de manera adecuada la amenaza que representa Irán al acercarse a América Latina. En consecuencia, para contrarrestar dicha imagen y para fijar su posición, Estados Unidos declara persona non grata a la cónsul general de Venezuela en Miami, le da 72 horas para abandonar territorio estadounidense y Barack Obama declara: “En el continente americano tomamos las actividades iraníes, incluyendo en Venezuela, sumamente en serio y continuaremos monitoreándolas de cerca”.

Ante esto, Hugo Chávez y su canciller buscaron mitigar dicho impacto, primero, desacreditando la veracidad del reportaje; segundo, calificando como un atropello injustificado y desproporcionado la expulsión de la diplomática, y tercero, para enfatizar su fortaleza, se afirmó que la cónsul ya se encontraba en Venezuela desde tiempo atrás porque los servicios de inteligencia venezolanos habían advertido sobre dicha medida.

Además, para revirar la jugada a Estados Unidos, el gobierno venezolano, al cerrar su Consulado General en Miami, fustigó al señalar que lo hacía para resguardar la seguridad de su personal, que había sido objeto de varias amenazas. Cabe señalar que este argumento busca acusar al gobierno estadounidense de faltar a su obligación —de acuerdo con el Derecho internacional— de adoptar las medidas necesarias para garantizar la seguridad del personal diplomático acreditado. Como era de esperarse, el gobierno estadounidense respondió rápidamente para puntualizar que nunca existieron amenazas, sino simples “preocupaciones sobre seguridad” y para desmentir que la cónsul ya se encontrara en Venezuela.

Conclusión

Como se puede apreciar, el presente roce diplomático esboza muchas aristas que involucran temas tan variados como el Derecho diplomático, el sistema de responsabilidad internacional de los Estados, contramedidas, seguridad hemisférica, terrorismo y, sobre todo, decisiones de realpolitik. Sin embargo, lo que más evidencia es cómo la diplomacia pública se ha convertido en una herramienta de uso frecuente por los Estados para evitar que variables externas generen una percepción contraria a sus intereses, lo que orilla a que estos conflictos se desahoguen en el campo de la opinión pública, erigiéndose como ganador el que logre hacerle creer a las personas que su versión es la que vale.

Comentarios
No hay comentarios en “Réplicas de un reportaje: el conflicto entre Venezuela y Estados Unidos”