Entre terremotos y desastres. La relación bilateral México-Estados Unidos

Entre terremotos y desastres. La relación bilateral México-Estados Unidos

¿Existe alguna obligación de Derecho internacional con conmine a los Estados a auxiliarse entre sí en caso de desastres?

 

 

Poco más de un mes ha transcurrido desde que México fuera cimbrado por los movimientos telúricos que afectaron gravemente a los estados de Chiapas, Oaxaca, Morelos, Ciudad de México, Estado de México, Puebla, Guerrero, Tlaxcala y Veracruz.

Gracias al desarrollo tecnológico, que en la praxis cristaliza las tendencias globalizadoras, millones de personas alrededor del planeta pudieron presenciar en primera fila, desde sus dispositivos electrónicos, los cientos de videos que captaron los eternos minutos que duraron los sismos para los que los sufrieron y la angustia que se vivió después de los mismos cuando los rescatistas trabajaron contra reloj en busca de sobrevivientes entre los escombros.

Las imágenes de la destrucción no tardaron mucho en dar la vuelta al mundo y en traer de regreso a México múltiples gestos de solidaridad internacional materializada en el envío de ayuda oficial —en especie y apoyo técnico— por parte de 23 países (Alemania, Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, China, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Honduras, Israel, Italia, Japón, Panamá, Perú, Rusia, Suiza, Turquía, Uruguay, y Venezuela) y dos organizaciones internacionales (Unión Europea y Naciones Unidas); apoyo financiero de siete países (Andorra, Canadá, China, Corea, Francia, Estados Unidos y Taiwán) y la Santa Sede; colaboración por parte de ONG’s provenientes de nueve países (Alemania, Canadá, Chile, Emiratos Árabes Unidos, España, Francia, Guatemala, Corea y Turquía) y donaciones económicas de la sociedad civil extrajera a la Cruz Roja, así como decenas de iniciativas creadas para ayudar a las víctimas de estos desastres.

Innegablemente, el origen de este tipo de ayuda internacional es la motivación humanista que la reviste, pero ¿existe alguna obligación de Derecho internacional con conmine a los Estados a auxiliarse entre sí en caso de desastres?

 

Desastres en el Derecho internacional

Si bien este tema no es nuevo en la esfera internacional, además de los esfuerzos de codificación por parte de la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, no existe aún un corpus normativo vinculado al mismo dentro del Derecho internacional. La comunidad mundial se ha enfocado más a regular la asistencia y la protección a las personas durante los conflictos armados (i.e. Derecho humanitario) o cuando son víctimas de delitos internacionales (i.e. responsabilidad de proteger) que para los actos de Dios.

Para la comunidad internacional, hasta el año pasado, en las labores de la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas se ha definido a los desastres como acontecimientos o series de acontecimientos calamitosos que ocasionen pérdidas masivas de vidas humanas, grandes sufrimientos y angustia a seres humanos, desplazamientos o daños materiales, económicos o ambientales de gran magnitud, perturbando así gravemente el funcionamiento de la sociedad.

De acuerdo con el relator especial Eduardo Valencia Ospina (Colombia), en su informe preliminar a las Naciones Unidas, “los desastres pueden dividirse en dos categorías según su causa: desastres naturales (por ejemplo, terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas) y desastres causados por el hombre (por ejemplo, derrames de petróleo, accidentes nucleares y conflictos armados). Además, atendiendo a su duración, suele distinguirse entre desastres repentinos (por ejemplo, huracanes) y desastres paulatinos o de evolución lenta (por ejemplo, sequías, escasez de alimentos y pérdidas de cosechas). Por último, según el contexto en que ocurren, cabe distinguir entre desastres acaecidos en el marco de una emergencia simple o de una compleja. En general, por emergencia compleja se entiende una crisis humanitaria producida en un país, región o sociedad en que se ha producido un quebrantamiento total o considerable de autoridad resultante de un conflicto interno o externo y que requiere una respuesta internacional que trasciende el mandato o la capacidad de un solo organismo o el programa de las Naciones Unidas en curso en el país”.

Aun cuando se ha intentado promover el concepto de principio de humanidad como fuente para otorgar y recibir ayuda humanitaria en caso de desastres, difícilmente se puede afirmar que en la actualidad éste genere una obligación o un derecho —bajo el Derecho internacional— para que un Estado reciba u otorgue ayuda oficial. Por esta razón, las estrategias para afianzar el tema han girado en torno de la vinculación del mismo con la dogmática de los derechos humanos para tratar de encontrar un argumento que otorgue un justo balance entre el respeto a la soberanía nacional y la imperiosa necesidad de aceptar la ayuda extranjera cuando el desastre sobrepase los recursos locales.

Desafortunadamente, no para todos los desastres naturales la comunidad internacional responde de la misma manera ni con la misma intensidad. Por ejemplo, según un reporte de la London School of Economics (vid. Ferris y Petz, “A Year of Living Dangerously”), para los damnificados del sismo de 2010 en Haití se destinaron 948.37 dólares de ayuda por persona; en cambio, para los damnificados de otros desastres naturales ese mismo año se gastó la siguiente cantidad en dólares por persona: Pakistán 121.67 (inundaciones), Myanmar 69.23 (ciclón tropical), Centroamérica 46.15 (tormenta tropical), Chile 25.47 (terremoto), Mongolia 16.88 (frente frío) y China $0.001 (inundaciones).

Actualmente existe un andamiaje internacional que coadyuva en la atención y el auxilio humanitario; por ejemplo, el Equipo de las Naciones Unidas para la Coordinación y la Evaluación en Casos de Desastre, así como la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. Sin embargo, es muy aventurado afirmar que en la actualidad haya una obligación de proteger directamente a nacionales extranjeros después de un desastre natural. El régimen internacional preserva el statu quo bajo el cual la respuesta inmediata para cualquier desastre sigue recayendo en las autoridades nacionales y hasta el momento no parece existir un cambio en esta práctica.

De esa manera queda en los Estados la decisión final de prestar asistencia y determinar cuándo recibirla. Por esto, en cualquier tipo de ayuda oficial, más allá de la justificación humanitaria, siempre existirán motivaciones de política exterior y de seguridad nacional de los Estados, las cuales pueden levantar suspicacias para quien se le ofrece la ayuda. ¿Quién puede olvidar el caso de Angola durante la década de los noventa, cuando, con el pretexto de ayudar a los civiles damnificados por el conflicto interno, se terminó auxiliando a uno de los bandos del conflicto armado, o el caso de Indonesia, cuando después del tsunami que azotó en 2005 el sudeste de Asia una gran cantidad de ONG’s intercambiaban alimentos y equipo de rescate a las víctimas musulmanas con la condición de que entraran en un proceso de conversión religioso-cristiano?

 

Lecciones en la relación bilateral México-Estados Unidos

Innegablemente, los cálculos de realpolitik se hacen presentes en la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Todos conocemos el galimatías que desde hace 11 meses se vive entre ambos países. Aun cuando la retórica que ha acompañado la relación bilateral recientemente ha sido inverosímil, en los hechos se presencia una continuidad de los esfuerzos de cooperación. No es para menos: es imposible modificar el hecho inamovible de nuestra vecindad compartida. De aquí que uno de los grandes diplomáticos que México ha tenido, Carlos Rico Ferrat, acuñara la famosa “paradoja del precipicio” con la cual explicaba que al borde del precipicio ninguno de los dos países daría el último empujón al otro. Al contrario, a toda costa buscarían evitar la caída del otro, ya que no existe ningún aspecto de la vida cotidiana entre ambas sociedades (e.g. frontera, migración, comercio, finanzas, seguridad, energía, recursos naturales trasfronterizos, turismo, agricultura) que no vincule la una a la otra.

Por esta razón, no obstante los continuos embates vía Twitter, el gobierno de México no dudo en ofrecer la ayuda humanitaria oficial mexicana después de que Texas fuera azotado por el huracán Harvey y Puerto Rico por el huracán María. Y Estados Unidos, aun cuando el gobierno de México ha evidenciado la falsedad de algunas declaraciones del Ejecutivo federal estadounidense, hizo lo mismo después del 19/S, enviando a México 63 brigadistas de búsqueda y rescate, cuatro ingenieros industriales, cinco perros de rescate, 138,000 libras de agua y productos no perecederos, y 40,000 libras de suministros de higiene personal.

Lo anterior evidencia la cercanía real y la cooperación estrecha que existe entre ambos países, la cual muchas veces es contraria a la falsa creencia que persiste en el imaginario colectivo de la sociedad civil de ambos países, donde se siguen arrastrando los falsos dogmas históricos de la retórica nacional populista en la que se caracteriza al gobierno y el pueblo extranjero en un perpetuo acecho para saquear la riqueza nacional o despojar de empleo a la fuerza laboral local.

Por esta razón, en los albores de la negociación del TLCAN 2.0, resulta simplista caracterizar la relación bilateral como lineal y es absurdo reducirla a meros temas comerciales. La relación México-Estados Unidos está destinada a continuar tal cual con los procesos de integración que se echaron a andar décadas atrás. Es cierto que lo que se está presenciando son posibles obstáculos que retrasarán el proyecto de la región de América del Norte. Empero, son múltiples los actores que intervienen en esta dinámica, lo que nos permite afirmar que existen muchos Méxicos y muchos Estados Unidos, los cuales, a pesar de enfrentar un camino cuesta arriba, seguirán trabajando juntos con el fin de brindar un mejor mañana a nuestras sociedades.

 


 

* Doctor en Derecho y diplomático de carrera experto en Derecho internacional. Contacto: @VE_Corzo.

 

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