Premio a la Innovación Jurídica 2017

Premio a la Innovación Jurídica 2017

El pasado 21 de noviembre “El Mundo del Abogado” realizó la entrega del Premio a la Innovación Jurídica 2017. Reproducimos aquí los discursos que pronunciaron los laureados en esta segunda edición del galardón: Leticia Bonifaz, Valeria Chapa, y Claudio X. González, así como Ángel Junquera, director de esta revista.

 

 

Ángel Junquera

Queridos amigos:

Como director El Mundo del Abogado quiero dar a ustedes la bienvenida a la ceremonia en la que entregaremos, por segunda vez consecutiva, el Premio a la Innovación Jurídica.

Hace casi 20 años apareció el número cero de nuestra revista, en lo que fue el comienzo de un proyecto que terminó convirtiéndose en el foro más plural de los abogados en México.

Desde entonces en las páginas de El Mundo del Abogado se han dado cita postulantes y consultores; notarios y académicos; jueces e historiadores; legisladores, servidores públicos y políticos de todos los colores y las tendencias.

Pero El Mundo del Abogado es algo más: un testigo y un crítico permanente de la comunidad jurídica de México que, hay que decirlo, a veces es complaciente hasta el exceso.

El premio que hoy otorgamos, como ustedes saben, no pretende reconocer una trayectoria profesional sino recompensar aquellas ideas, reformas o mecanismos procesales que han hecho que nuestro Derecho pueda actuar como auténtico agente del cambio social.

Nadie en su sano juicio podría suponer que el Derecho es ajeno a las vertientes económicas, políticas y sociales que moldean a la comunidad internacional. Sin ir más lejos, la semana pasada Credit Suisse publicó su índice de desigualdad 2017 y aseveró, entre otras cosas, que 1 por ciento de la población es dueña de 50 por ciento de la riqueza mundial.

Oxfam, por su parte, ha detectado que, en el caso de México, cuatro personas poseen 10 por ciento de toda la riqueza nacional. El Derecho no podría crearse, aplicarse y dirimirse sin tomar en cuenta estas cifras inquietantes. Más aún: el Derecho es un reflejo de ellas.

El Premio a la Innovación Jurídica, por lo tanto, busca destacar la labor de aquellos abogados cuyas ideas y actuación en los tribunales o dentro de las tareas administrativas han logrado que el Derecho, además de reflejo, sea un elemento de cambio.

Trabajar con imaginación para que las mujeres ocupen posiciones relevantes en un mundo que en ocasiones raya en lo misógino, eso es innovación. Incidir para que el Derecho sea generado e interpretado en beneficio de los grupos más vulnerables, eso es innovación. Echar mano del litigio estratégico para combatir la corrupción y modernizar nuestro modelo educativo, eso es innovación…

Como el año pasado, el consejo editorial de la revista sesionó con el propósito de dirimir quién debía recibir el premio en 2017. Se solicitó a los miembros asistentes que propusieran a sus candidatos, expresando las razones de su propuesta. Luego, se les pidió que escribieran el nombre de tres de ellos en una tarjeta. Los tres que más votos tuvieron fueron los elegidos.

Al agradecer el respaldo de las tres asociaciones de abogados más importantes de México —la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE), la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, y el Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México— hago votos para que los logros de estas dos abogadas y del abogado que reconocemos esta noche sirvan de ejemplo a quienes ya practican cualquiera de las profesiones jurídicas y a quienes, en las aulas universitarias, se preparan para ejercerlas algún día.

Muchas gracias.

 

 

Leticia Bonifaz Alfonzo

 

“Por los esfuerzos que ha emprendido, desde la administración pública, para dar al Derecho la más amplia de las interpretaciones posibles a favor de los grupos vulnerables.”

 

Me da muchísimo gusto estar aquí con ustedes y sobre todo aceptar este reconocimiento. Uno trabaja todos los días no para recibir reconocimientos, pero qué bueno que se dan porque impulsan a seguir trabajando muchísimo más.

Quiero aprovechar que hay entre el púbico dos maestros muy queridos para mí. Quien fuera mi maestro de teoría pedagógica, el doctor Jorge Witker, me hizo sentir un amor muy especial por Latinoamérica. Él llegó a México en el exilio chileno, se hizo después mexicano y me ayudó muchísimo a entender qué quería yo de la vida. Gracias, maestro, porque su mano fue fundamental.

Y don Sergio García Ramírez, por supuesto. No tendría yo las posibilidades de ver con la claridad que hoy veo algunas cuestiones de los derechos humanos sin la mano de don Sergio.

Cuando el ministro Pérez Dayán me comentó sobre este reconocimiento pensé que sí es muy importante premiar la innovación.

Hoy somos tres los premiados: Valeria, Claudio y yo, y seguramente las evaluaciones que vengan más adelante nos obligarán a seguir innovando en nuestro campo, porque desafortunadamente si algo caracteriza al mundo del Derecho y al mundo de los abogados muchas veces es el conservadurismo.

Y no es casual, porque justamente el Derecho es una forma de conservar el statu quo; es una forma de mantener las instituciones tal cual están, porque en la carrera de Derecho se nos dice desde los primeros semestres que nuestra misión, antes que todo, es lograr la seguridad jurídica, es lograr certezas, y las certezas y las seguridades se logran conservando las cosas como están. Por eso cualquier cambio, cualquier innovación y cualquier forma diferente de ver las cosas, muchas veces, como decimos coloquialmente, nos mueve el tapete.

Mi intención sería invitarlos a no tener miedo, a romper esos esquemas rígidos en los que normalmente nos movemos, y que pensemos que el Derecho muchas veces no es el instrumento omnipotente que nos enseñaron en las universidades. Porque en general el Derecho es insuficiente.

En las clases de introducción al Derecho se dedican muchas sesiones a las fuentes formales, pero muy poco a explicar qué son las fuentes reales. Las fuentes reales son aquellos factores económicos, sociales y políticos que determinan el contenido del Derecho; ahí se acaba la referencia, y a lo que sigue. Y todo el tiempo nos estamos topando con fuentes reales, y se nos dice que el Derecho va a ser el cauce por el que va a caminar la política, por el que va a fluir la economía, por el que va a fluir lo social, y que el Derecho es lo importante en la vida porque todo queda circunscrito a lo que el Derecho determina.

Y la realidad no es así. La política vive determinando al Derecho, la economía vive determinando al Derecho, lo social está influyendo sobre el Derecho, aunque se nos dijo que el omnipotente era el Derecho.

Entonces, olvidémonos de la omnipotencia, abrámonos a otras disciplinas, no hagamos espacios donde nos hablamos sólo entre nosotros, porque de otra manera no vamos a poder romper los viejos esquemas que justamente han provocado que quedemos estereotipados como personas conservadoras, entre las cuales yo, por supuesto, no me encuentro identificada.

Les agradezco de nuevo el reconocimiento. Este premio me va a impulsar a seguir por el camino que he llevado y que ha sido de un compromiso total, real y sentido; básicamente esto último: sentido, porque hay que poner el corazón por delante siempre respecto de las personas y de los grupos que mantienen hasta hoy vulnerabilidades; porque si hay algún pendiente en México es esa desigualdad que no queremos, esa discriminación que no queremos, vivir en un México en el que no cabemos todos.

Agradezco de nuevo este reconocimiento, especialmente a quienes me nominaron. Muchísimas gracias.

 

 

Valeria Chapa Garza

 

“Por el aliento que, a través de Abogadas MX y otras asociaciones, ha dado a la participación de la mujer en diversos ámbitos jurídicos de México.”

 

Me siento muy honrada con este reconocimiento y espero realmente que El Mundo del Abogado sea una voz para las mujeres de nuestra profesión; hace falta muchísima representación.

Aquí veo una mayoría de hombres, lo cual muestra que hay muchísimo por hacer todavía, y eso es lo que queremos lograr a través de Abogadas MX, pero no va a ser posible si quienes están aquí sentados no creen realmente en la causa.

Los invito a que conozcan por sí mismos el trabajo que estamos haciendo en Abogadas MX, porque definitivamente no es un trabajo que podamos hacer sin los hombres.

En el presídium veo una mayoría, o más bien una totalidad, de hombres. No es mi objetivo incomodarlos. Al hablar con los organizadores, previamente al evento, pregunté si había mujeres en el consejo editorial. Me respondieron que sí, me dijeron quiénes son, y son dos mujeres que respeto muchísimo. Me dijeron también que se va a incluir a dos mujeres más, sólo que serán de la misma generación. Pero ¿y la diversidad?, ¿y la inclusión? No se trata sólo de un tema de género, sino que también hay que incluir a las generaciones que vienen, porque las generaciones que vienen son las que van tomar la ruta del país y de nuestra profesión.

Espero que a través de este reconocimiento —que estoy muy honrada de recibir, en lo personal y por mis 13 consejeras de Abogadas MX—, El Mundo del Abogado se vuelva una voz no sólo para las mujeres sino para las distintas generaciones que vienen.

Muchísimas gracias.

 

 

Claudio X. González

 

“Por el impulso que ha dado a las figuras jurídicas para combatir la corrupción, así como al litigio estratégico que ha emprendido en el ámbito educativo, para lograr mayores niveles de calidad y rendición de cuentas en el ejercicio público.”

 

Aprecio mucho el premio que recibo de parte de El Mundo del Abogado. En particular se lo agradezco a dos admirados y queridos juristas: a Gerardo Laveaga, a quien conocí durante nuestros años como estudiantes en la Escuela Libre de Derecho y con quien me une la amistad desde entonces, y a José Mario de la Garza, a quien conocí recientemente y que es compañero de varias batallas en la búsqueda de que el Derecho sea verdaderamente un instrumento de justicia y transformación social en México. Igualmente agradezco a Alfonso Pérez Cuéllar y a Alfonso Guati Rojo el acompañamiento que el Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México y la ANADE nos han dado en varias luchas y hago votos por que vayamos juntos a muchas batallas más.

Debo admitir que me sorprendió mucho ser reconocido con este premio. Lo recibe un abogado que poco tiempo ha dedicado a la abogacía. Mi vida profesional ha sido dedicada a la función pública en una primera etapa, a la filantropía en una segunda y al activismo social en la etapa actual.

Sin embargo, en todas esas etapas ha estado presente mi convicción sobre la dolorosa fragilidad del Estado de Derecho en México, los estragos terribles que ello genera, y la necesidad de hacer algo al respecto.

Quiero relatarles una anécdota que sucedió aquí, en el Club de Industriales, hace unos tres años. Un querido compañero de la Libre, Toño Prida, organizó un foro con estudiosos y juristas, incluyendo a un ministro de la Suprema Corte, para conmemorar el aniversario número 800 de la firma de la Carta Magna en Runnymede, a las orillas del Támesis, en el año 1215. Cuando terminaron las exposiciones, Toño tuvo la puntada de pedirme, frente a cientos de personas y a bocajarro, que le preguntara algo a los panelistas. Con cero tiempo de reacción, lo que me vino a la mente preguntar fue lo siguiente: “Ahora que celebramos el 800 aniversario del inicio de la construcción del Estado de Derecho en Inglaterra cabe preguntarse: ¿existe en el México del siglo XXI un verdadero Estado de Derecho?” Se hizo el silencio.

Vivo como es, Toño inmediatamente le pasó el micrófono al ministro. Lo que siguió —y declaro mi aprecio por el panelista en aprietos— fue una respuesta vaga que no convenció ni al ponente. Al finalizar el evento me despedí del ministro, quien me dijo: "Me dio mucho gusto evadir tu pregunta".

Para mí está claro. No existe un Estado de Derecho en nuestro país. Y hay que decirlo y enfrentarlo para componerlo. En México, como dice María Amparo Casar, la norma es la violación de la norma. La impunidad para delitos en 2015 se calcula en 97.1 por ciento. ¿Quién puede argumentar que existe el imperio de la ley en un país en el cual únicamente 2.9 por ciento de los delitos recibe un castigo? El sistema de procuración e impartición de justicia en México está quebrado y tenemos que reconstruirlo. Ésa es una tarea que le toca a todos los mexicanos, pero particularmente a los abogados.

Otro tema es la corrupción que nos desquicia. Su costo es elevadísimo. Una encuesta en 167 países sobre percepción de la corrupción ubica a México en el lugar 123. El 73 por ciento de los queretanos responde que la corrupción tiene consecuencias nocivas o muy nocivas en su entidad, y entre todos los estados son ellos quienes respondieron con el porcentaje más bajo. Los chilangos: 95 por ciento. El costo económico se calcula en 5 por ciento del PIB, algo así como 900,000 millones de pesos, el equivalente a todo lo que invertimos en educación pública y privada en un año. Podría seguir. Baste mencionar que la corrupción está poniendo en riesgo la incipiente democracia en México.

¿Y qué decir de la iniciativa privada? Ahí también la corrupción es rampante. Un estudio reciente de Transparencia Mexicana, Expansión y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad señala que 33 por ciento de las 500 empresas mexicanas más grandes ni siquiera tienen una política anticorrupción publicada. La calificación promedio de las empresas nacionales en ese ranking es de 30 sobre 100. Es decir, está reprobadas.

Hay que evitar la doble moral para combatir el flagelo nacional que es la corrupción.

La responsabilidad de los abogados en todo esto es muy grande. Y todavía más grande tiene que ser su contribución para salir del atolladero, pues hay dos condiciones necesarias para el desarrollo sustentable y equitativo en cualquier nación: educación de calidad y Estado de Derecho.

Aquilatemos la responsabilidad que tenemos, queridos amigos. Nuestro gobierno, nuestra economía, nuestra educación, nuestra salud, nuestra seguridad y nuestra nación en su conjunto no serán todo lo que pueden ser si los abogados no logramos construir una cultura de legalidad y un país de leyes.

Es mucho lo que tenemos que hacer: elaborar mejores leyes; defender a capa y espada los derechos humanos; generar mecanismos para facilitar y hacer efectiva la denuncia de delitos y perseguirlos eficazmente; regular de manera distinta el fuero; desregular; asegurar que todas las empresas tengan políticas anticorrupción de vanguardia y las publiciten... La lista es muy amplia. Y la clave es la implementación de la ley.

En ese sentido, tenemos que mejorar y activar el brazo de impartición de justicia en México, que deja mucho que desear, logrando su verdadera autonomía respecto al Ejecutivo, cambiando la mentalidad de los jueces hacia figuras y formas innovadoras para proteger los derechos y abatiendo la corrupción y el nepotismo entre sus integrantes.

Indignarnos no es suficiente: hay que actuar. Yo he tratado de contribuir, de la mano de abogados muy capaces aquí presentes, a usar el Derecho como un instrumento de cambio y mejora social. Me ha tocado participar en el diseño de dos importantes reformas constitucionales: al artículo 27 para liberalizar y dar mayor certeza al régimen de tenencia en el campo y al artículo 3° para expandir el derecho de la niñez y la juventud a una educación de calidad. He participado en el impulso a reformas a la Ley Agraria, a la Ley Forestal, a la Ley de Educación, a la Ley del Servicio Profesional Docente y a la Ley Orgánica del Instituto Nacional de Evaluación Educativa. Participé en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, que actualmente se renegocia.

Por otro lado, junto con mis compañeros de Mexicanos Primero y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, hemos iniciado decenas de litigios estratégicos para defender el derecho a la educación y el derecho de todo mexicano a un ambiente libre de corrupción. Hemos ganado un buen número y a muy buen efecto. Otros los hemos perdido, pero por esfuerzo no ha quedado, ni quedará. Hemos buscado poner en práctica figuras jurídicas novedosas, como el interés legítimo, las iniciativas ciudadanas, las acciones colectivas y las solicitudes de auditoría ciudadanas a la Auditoría Superior de la Federación.

No estoy presumiendo; sólo estoy señalando el fruto de la indignación vuelta en acción de un grupo de abogados decididos a cambiar las cosas.

Recientemente ayudamos, y a eso también contribuyó mucho la Barra Mexicana y su presidente, a confeccionar una iniciativa de reforma al artículo 102 de la Constitución para sentar las bases de una fiscalía general autónoma, independiente y eficaz. Dicha iniciativa está presentada en la Cámara de Senadores y en la Cámara de Diputados. Considero que no hay reforma legal e institucional más importante para el Estado de Derecho y para México que contar con una fiscalía de verdad. No cejaremos en nuestro intento de lograr que la procuración de justicia esté cada vez menos alineada con los intereses políticos y más alineada con la ley y la justicia.

Termino. Gracias, muchas gracias por este reconocimiento. Lo aquilato, lo recibo en nombre de mis compañeros que lo merecen más que yo, y les reitero mi llamado a los aquí presentes, que tanto pueden hacer al respecto, de construir cuanto antes el andamiaje legal, institucional y cultural que requiere nuestro país para lograr ser todo lo que puede ser. Pongamos manos a la obra, que la justicia está pendiente en México.

Muchas gracias.

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