Ante la cerrazón de Estados Unidos…

Ante la cerrazón de Estados Unidos…

Ante la irrupción de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, México puede optar por dos caminos: seguir las oportunas recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y hacerse más competitivo o volver a un nacionalismo ochentero, donde el país no necesitaba de nada ni de nadie.

El FMI ha sugerido mantener un tipo de cambio flexible, fortalecer nuestro Estado de Derecho y combatir la corrupción. En especial, el lavado de dinero. El tipo de cambio va por buen camino. Desgraciadamente, no puede decirse lo mismo del Estado de Derecho y de la corrupción.

Para muestra basta un botón: durante su participación en el Foro Internacional del Consejo Mexicano del Transporte, Alejandra Palacios, presidenta de la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE), se lanzó duro y a la cabeza contra las prácticas monopólicas que —así lo dijo— “tienen de rodillas a la economía mexicana”.

Pudo hablar de farmacias, refresqueras o panificadoras, pero se limitó a la industria energética y a la de la aviación, recordando que sus prácticas monopólicas son una de las razones por las que el país no es más productivo y no avanza lo deseable.

Denunció que algunos presidentes municipales, coludidos con los dueños de las gasolineras —una práctica de corrupción insoslayable— exigen “una distancia mínima” para garantizar que no entren nuevos participantes al juego. Estos presidentes municipales se quedan con su tajada y las ganancias se siguen repartiendo entre los mismos, sin que a nadie importe precio y calidad del servicio.

“El mercado de gas natural no ha crecido —continuó la impetuosa economista que encabeza la COFECE— porque diversas autoridades municipales impiden a las empresas del sector que extiendan su red de negocios y así puedan llegar a más logros.” Esto podría decirse también de televisoras, telefónicas y cementeras…

Arremetió contra el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que sólo permite a muy pocas compañías de taxis brindar el servicio. Pero fue más allá: la asignación de los horarios de aterrizaje y despegue (slots) parece amañada. La falta de transparencia sobre los criterios de asignación es inquietante. Esto permite que algunas aerolíneas se beneficien a pesar del mal servicio que brindan.

Olvidó mencionar ejemplos más rústicos, como el de los garroteros de la Terminal 1 que, armados con sus diablitos, obligan a los pasajeros a contratar sus servicios, dado que ahí no se permite el uso de carritos, como en cualquier aeropuerto del Primer Mundo.

El lavado de dinero, por otra parte, no parece importar a nadie. La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) no da signos de eficacia. La noticia de que en el sexenio sólo se ha llevado a cabo un proceso para la extinción de dominio… por 90 mil pesos, es inconcebible. En el ínterin, se discute si el producto del delito en México es de 10 mil millones de dólares —como precisa la cifra oficial— o de más de 50 mil millones, como todo lo indica.

Ante nuestra indiferencia por acabar con estas lacras, la llegada de Trump nos dará otra opción: encerrarnos en nuestra torre de orgullo, convenciéndonos de que podemos salir adelante solos. De que no necesitamos a Estados Unidos. De que seremos “pobres pero dignos” y acabar adoptando un patriotismo trasnochado, donde el “¡Viva México!” sólo será la tapadera para que otros grupos frenen el desarrollo del país, con miras a quedarse con la tajada más grande del pastel. Esto haría retroceder a México a los años ochenta... La moneda está en el aire.

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Revista El Mundo del Abogado