Lecciones del caso Duarte

Lecciones del caso Duarte

Ocurra lo que ocurra con Javier Duarte, su proceso arrojará importantísimas lecciones para la comunidad jurídica de México y para todo el país. En primer lugar, mostrará las fortalezas y las debilidades del nuevo sistema penal acusatorio que entró en vigor en 2016: ¿qué estamos haciendo bien?, ¿qué habrá que reformar?
A diferencia del antiguo sistema, donde todo era oscuro y las personas salían o entraban a prisión sin que nadie supiera nada, ahora todos podremos constatar cómo trabajan policías, fiscales, defensores y jueces.
Ya ningún juez podrá decir: “El Ministerio Público no probó los hechos” y ningún agente del Ministerio Público podrá acusar a la policía de no haber investigado con pulcritud: si se va a juicio es porque se cuenta con las pruebas. Todos seremos testigos de la probidad, la valentía y el talento del juez a la hora de valorarlas.
El proceso de Duarte comenzó con dudas y titubeos, es cierto. Nada que deba sorprendernos. Los actores apenas se están familiarizando con los nuevos mecanismos. “No están preparados”, denunciaron algunos medios. Da igual si estudiaron el sistema durante los últimos ocho años o no: el futbol sólo se domina practicándolo. El nuevo sistema penal acusatorio, también.
Durante la audiencia inicial, el abogado defensor comenzó jugando con las reglas del viejo sistema y el Ministerio Público fue incapaz de denunciar esta maniobra inoportuna. El juez, por su parte, olvidó que era juez de control y se asumió, por un momento, como juez de procesamiento.
Lo que se buscaba en esta audiencia era hacer del conocimiento del imputado los delitos por los que se le pretendía investigar y determinar si había elementos suficientes para vincular al imputado a proceso. Nada más. El abogado y el juez, sin embargo, parecían estar participando en una preinstrucción, donde había que desahogar las pruebas. Los agentes del Ministerio Público se mostraban confundidos sobre el modo de proceder…
“No se probaron los cargos a mi cliente”, declaró el defensor. Los medios suscitaron una ola de críticas e improperios. Pero insistimos: nada que debamos reprochar en los umbrales de un nuevo sistema y de un caso que, como decíamos, lo pondrá a prueba.
¿Qué sigue? Una vez determinada la vinculación a proceso —vinculación que ya apeló el abogado defensor, pensando otra vez como litigante del pasado e ignorando los recientes criterios jurisprudenciales que, de entrada, dejarán su apelación sin efectos— vendrá la etapa intermedia y el juicio. Todos podremos ser testigos del encuentro adversarial de las partes. “Habrá sangre”, dicen algunos. “Habrá show mediático”, sostienen otros.
Lo cierto es que comprobaremos la destreza de cada una de las partes y advertiremos las inconsistencias de su desempeño. Habrá que estar pendientes de los medios de comunicación que, en su afán de vender, pueden desinformar. Pero así funciona la democracia. Nadie debe asustarse. Esto es preferible al viejo sistema, donde dinero e influencias pesaban más que cualquier argumento. “Así ocurrirá en este caso —advierten algunos escépticos—. Ya lo verán.”
Lo que veremos, sin duda, es cómo se comportan los testigos colaboradores y cómo se aplican, a favor de éstos, los criterios de oportunidad. Veremos si la prisión es el único castigo que se puede imponer a un sujeto como Duarte. Finalmente, podremos constatar si el amparo hace que todo se venga abajo o si el juicio es tan contundente que ya no le deja espacio.
El juicio de Duarte nos revelará, de golpe, muchas de las deficiencias que se mantenían ocultas en la policía, en el Ministerio Público y en el Poder Judicial. Pero lo más importante es que, aunque se presume que todo ocurrirá en un campo técnico, podremos confirmar el compromiso del gobierno federal para sancionar a quienes han violado la ley.


Ángel M. Junquera Sepúlveda
Director

 

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