¿Conviene tener “jueces sin rostro”?

¿Conviene tener “jueces sin rostro”?

El grado de descomposición social del país nos obliga a plantear múltiples preguntas en torno de la impartición de justicia. ¿Debemos esconder la identidad de los jueces para darles independencia y confianza para dictar sus resoluciones?

 

Manlio Fabio Casarín León

No. No solamente porque implicaría contravenir algunos de los principios constitucionales del nuevo sistema de justicia penal: publicidad, inmediación y debido proceso, que precisamente tienden a combatir la opacidad y la falta de transparencia en los juicios, sino también por el hecho de que las tecnologías de la información y comunicación se hacen cada más presentes en todos los ámbitos de la vida social, permitiendo a las organizaciones criminales conocer con relativa facilidad la identidad del juzgador, aun cuando formalmente en el juicio se mantenga de manera anónima.

En mi opinión, se deben ampliar y fortalecer las medidas de protección que el Estado brinda a sus juzgadores, sean federales o locales, además de que en el caso de la delincuencia organizada se analice la posibilidad de que los presuntos responsables sean juzgados por tribunales con una composición colegiada.

 

Adán Armenta Gómez

No, porque sería un retroceso en el nuevo sistema de justicia, que garantiza el debido proceso con la presentación del inculpado ante un juez, aunado al hecho de que no hay confianza en la administración de justicia, indispensable para la instauración de este tipo de jueces.

 

Juan Velásquez

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, a cuya jurisdicción se ha sometido México, ha sentenciado que en los juicios con jueces sin rostro se viola el debido proceso legal.

 

Javier Quijano Baz

No creo que sea conveniente ni posible. Se conculcaría el derecho de ser juzgado por una persona imparcial y se afectaría el derecho a una tutela judicial efectiva. 

 

Ángel Gilberto Adame López

El grado de descomposición social al que ha llegado el país nos obliga a plantear múltiples preguntas en torno de la impartición de justicia. En materia penal el tema todavía es más escabroso, ya que el sistema acusatorio se implementó con la finalidad de propiciar el diálogo entre el juez y los involucrados para agilizar el trámite de los juicios y llevar a buen puerto las sentencias. Desde mi punto de vista, es inconcebible que una persona pase años en prisión mientras se dirimen las acusaciones en su contra. Así ha ocurrido con criminales de alta peligrosidad, sobre quienes aún no pesan condenas definitivas.

Aceptar que se esconda la identidad de los jueces, además de contradecir la esencia de los procedimientos penales vigentes, implica una claudicación del Estado en su compromiso primario: brindar seguridad sin importar las amenazas de quienes atentan contra la paz pública.

 

Vicente Fernández Fernández

No hay condiciones que ameriten una medida de ese tipo. Cuando en los años noventa del siglo XX se implementó en Colombia este sistema de justicia (no sólo jueces sin rostro, sino también testigos y policías), se vivía un grave problema por el narcotráfico, la guerrilla y los paramilitares, que orilló al gobierno colombiano a tomar medidas extremas, dados los continuos ataques al Poder Judicial, sobre todo por el tema de las extradiciones. Lo cierto es que nuestros problemas, por muy graves que sean, no se comparan con los que vivió en esa época el país sudamericano.

“Jueces sin rostro” sería un sistema de justicia violatorio del debido proceso y un grave retroceso en materia de derechos humanos. Se vulnerarían principios como la inmediación, la contradicción y la defensa efectiva, y se regresaría a un sistema de oscuridad judicial que llevaría a un modelo todavía peor a aquel del que aún no salimos del todo. Y dados los altos niveles de corrupción, la delincuencia organizada no tendría impedimento para saber quién o quiénes se encuentran a cargo de los asuntos de su especial interés.

 

Segundo García Hinojosa

Sí y no. Sí, porque creo que eso daría a los juzgadores más independencia y confianza para dictar sus resoluciones. Vivir siempre con el temor de que en cualquier momento se presenten, ya a su oficina, ya a su domicilio, “emisarios” con intenciones aviesas, implica necesariamente un sentimiento de inseguridad y desconfianza de tal magnitud que provoca una fuerte carga de estrés en el juez y en su familia.

Por otra parte, los “jueces con rostro”, cuando están totalmente limpios, brindan al litigante la oportunidad de explayarle sus argumentos, lo cual genera mejores resoluciones, y creo que si logran fincar la aureola de incorruptibles se convertirían en sujetos inaccesibles para las propuestas indeseables.

 

Luis Rodríguez Manzanera

La adopción de “jueces sin rostro” implica una excepción a ciertos principios del nuevo proceso, como la publicidad. Sin embargo, hay casos excepcionales en los que se impone el principio de necesidad. Desde luego serían situaciones casuísticas y de alto riesgo.

En este momento creo que es indispensable la lectura de La lucha contra el crimen organizado (INACIPE, 1992), obra en la que el juez Giovanni Falcone (asesinado en 1992) relata sus experiencias. Él dice que “quien representa la autoridad del Estado en territorio enemigo, tiene el deber de ser invulnerable. Cuando menos en el límite de lo previsible y lo factible”. Aunque reconoce que “el hombre mas poderoso del mundo, si se enfrenta con alguien con el suficiente coraje para tirar en su contra, muere como cualquier otro”. Y concluye: “Se muere generalmente porque se está solo o porque se ha entrado a un juego muy grande. Se muere frecuentemente porque no se dispone de las alianzas necesarias, porque no se tiene sostén... La mafia golpea a los servidores del Estado que éste no ha logrado proteger”.

¿El juez Falcone habría sido asesinado si la mafia hubiera ignorado su identidad?

 

Jesús Pérez-Cisneros

Desde mi punto de vista, sí sería conveniente tener jueces sin rostro pues, como tal, la justicia debe ser “ciega” en el sentido de que no importa quién la imparta mientras lo haga bien. Y evidentemente en algunas materias se hace necesaria para asegurar la imparcialidad y la tranquilidad de la persona que imparte la justicia, pues evita la posibilidad de corrupción y de ser sujeto de presiones innecesarias.

Cabe hacer notar que esto no debe estar limitado a una determinada materia, pues, por cuantía o trascendencia, debería aplicarse tomando en cuenta el valor patrimonial de los intereses en disputa, lo delicado de la materia o el “poder” de quienes tienen que comparecer ante la justicia, lo cual me lleva a pensar que no sólo sería en el ámbito penal, sino en otros en los que debe asegurarse la independencia y la integridad de quien imparte justicia. En consecuencia, sí sería conveniente la existencia de un juez sin rostro.

 

María de la Luz Lima Malvido

No creo que esa figura sea adecuada en México, donde antes de anunciar una política púbica ya se filtró la información. Los jueces elegidos estarían más expuestos que si realizaran su trabajo como actualmente lo hacen. Eso es abrir blanco para nuevas ejecuciones. Este intento me recuerda la frase de Sergio García Ramírez quien, cuando se aprobó la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, afirmó que nacía el bebé de Rosemary, y ya va creciendo ese derecho de excepción. Además, quienes apoyan la propuesta olvidan nuestro compromiso con el cumplimento de jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que de manera expresa ha señalado que todo procesado tiene derecho a la publicidad de su proceso, a conocer la identidad del juzgador y, por ende, valorar su idoneidad.

Además, ¿cuánto presupuesto tendría que invertir el Estado en ellos en vehículos blindados o escoltas para toda la familia? Si se tratara de una figura idónea, la Corte Penal Internacional la utilizaría. Lo mejor es que se cumpla, de ser necesario, la Ley para la Protección a Personas que Intervienen en el Procedimiento Penal, ya que los jueces son personas protegidas. 

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Revista El Mundo del Abogado