¿Cuál es su opinión acerca del matrimonio igualitario?

¿Cuál es su opinión acerca del matrimonio igualitario?

Claudia de Buen Unna

El llamado matrimonio igualitario es el reconocimiento del derecho de los seres humanos de contraer matrimonio con quien elijan, resultado de una difícil lucha de muchos años. En mi opinión, el matrimonio no debe concebirse en función de la preferencia o la orientación sexual de los contrayentes. Hacerlo es discriminatorio y atenta en contra del principio de igualdad y de la libre autodeterminación de las personas.

Respetar la decisión de elegir libremente a la pareja —con las restricciones legales obvias, como la edad— ayuda a lograr un ambiente social más armónico. Por eso es fundamental aceptar que el mundo está cambiando y que se reconozca la libertad de todos de decidir con quien compartir su vida.

 

Jorge G. de Presno Larrañaga

El pasado 9 de junio el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por unanimidad de sus miembros, estableció en el caso Chapin and Charpentier v. France— que el matrimonio de personas del mismo sexo no es un derecho humano, al interpretar el artículo 12 del Convenio Europeo sobre Derechos Humanos (Tratado de Roma). Éste alude al concepto de matrimonio “como la unión de un hombre y de una mujer” y “no obliga a ningún Estado a ampliar el derecho al matrimonio a parejas homosexuales”. También señaló que “los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales”.

 

Ana María Kudisch Castelló

El matrimonio es una institución que nos da derechos y obligaciones y protege a la pareja que tiene un proyecto de vida en común, en todos los sentidos, con independencia de los hijos que libremente decidan tener, razón por la cual estoy de acuerdo con el matrimonio igualitario.

 

Fernando Hegewisch Díaz Infante

El Estado y la sociedad tienen el imperativo legal de respetar la libre voluntad de toda persona para decidir la forma y la institución bajo la cual pretenden vivir en comunidad, con la única limitación que, en su caso, la ley imponga. En consecuencia, soy de la opinión de que esa libertad es inatacable e irrestricta, pues constituye un derecho humano.

El problema que estamos viendo en los denominados matrimonios igualitarios podría ser un problema de definición, ya que tradicionalmente el matrimonio tiene, entre otras, dos características fundamentales: que se establece entre dos personas de distinto sexo, hombre-mujer, y con el fin de crear y conservar la familia como la concebimos tradicionalmente. La Corte Europea, en consecuencia, acaba de resolver que no es un derecho humano, contrariamente a lo que sostiene nuestra Suprema Corte.

En los estados cuyas legislaciones reconocen el matrimonio como la unión de dos personas con independencia del sexo, jurídicamente ya está legalizado el igualitario. Pero yo opino que federalizarlo no es la mejor opción, en la medida en que es una cuestión cuya aceptación o rechazo puede cambiar dependiendo de la entidad federativa, por ser una cuestión ideológica que debe respetarse, por lo cual debe quedar en el ámbito de las legislaciones estatales.

 

Elisur Arteaga Nava

Por mandamiento constitucional el Estado mexicano es laico. Todas las creencias religiosas son respetables, pero sus dogmas y sus principios no pueden ser tomados como base para elaborar las leyes, para ejercer la autoridad civil o para discriminar. El matrimonio es una institución que regulan el Estado y las iglesias. Cada uno lo hace en función de principios y valores propios e, incluso, diferentes. Por el imperativo de ser laico, no es dable a uno y a otras interferir en la normatividad que cada uno de ellos adopta para contraerlo.

De las diversas formas de matrimonio que existen —mixtos, del mismo sexo, monógamos, polígamos o de poliandria— los católicos pretenden que las autoridades civiles adopten la primera, con los argumentos, poco atendibles, de que son mayoría o de que esa es la forma tradicional.

La autoridad civil, al definir el matrimonio y establecer los requisitos para contraerlo, toma en consideración valores laicos y el contexto constitucional, sobre todo el artículo primero, el cual prohíbe todo tipo de discriminación. Impedir, mediante la ley, contraer matrimonio a mayores de edad que se quieren, sin importar el sexo, implica una violación grave a un derecho humano, una injerencia inadmisible de los ministros de los cultos y de la gente creyente en la conducción de los asuntos públicos, pues suponen que sólo ellos son mayores de edad y el resto de los mexicanos son sujetos de patria potestad. No son idóneos para dar clase de moral, mucho menos para opinar respecto de quién puede o no casarse aquellos que reiteradamente han protegido o defendido a curas pedófilos.

 

Juan Velásquez

¡Aberrante!

 

Gerardo Laveaga

¿Los fideicomisos sólo pueden utilizarse para fines de carácter mercantil? ¿Los contratos laborales sólo pueden establecer jornadas de ocho horas? ¿Los seguros sólo pueden proteger vida y salud? ¿El Poder Legislativo nunca puede tener funciones judiciales? Cuando de lo que se trata es de resolver problemas, la flexibilidad de una figura jurídica resulta muy útil. La rigidez, por el contrario, se traduce en circunloquios, procesos farragosos y una esclerosis burocrática que lastima a la sociedad. El propósito del matrimonio igualitario es que una persona pueda heredar de su pareja en caso de intestado, así como que pueda ser beneficiaria de la seguridad social de ésta. Nada más. “Para esto se pueden crear otras figuras”, aducen los críticos. Pero ¿para qué crearlas cuando ya se tiene la ideal? Tengo la impresión de que, al oponerse al matrimonio igualitario, lo que busca la Iglesia Católica es evitar que se le escapen algunos de sus mejores elementos. No se me ocurre ningún otro argumento inteligente para oponerse a esta unión…

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Revista El Mundo del Abogado