El cine carcelario

El cine carcelario

Fernando Reveriego Picón y Rosario de Vicente Martínez (coords.)

Tirant lo Blanch, Valencia, 2015

 

El cine carcelario reúne dieciséis artículos sobre películas que retratan la vida penitenciaria en diversas partes del mundo. El libro nos ofrece distintas aproximaciones a la forma en que el séptimo arte trata el tema de las prisiones y cuáles son las implicaciones sociales de que la población “conozca” este modo de existencia a través de la pantalla grande.

Por un lado, el cine puede fungir como un recurso pedagógico para la enseñanza de temas jurídicos, pues su carácter documental e informativo puede despertar el interés del alumno. Por ejemplo, de Naranja mecánica se desprende una pregunta fundamental: ¿por qué se debe castigar? La película no da una respuesta, pero según Miguel Abel Souto, catedrático de la Universidad de Santiago, representa una motivación para buscarla.

Pero el alcance del cine no se limita a la motivación. De acuerdo con Javier Nistal Burrón, la imagen de la vida en prisión que nos muestra el cine se asemeja a la realidad. En este sentido, “el cine carcelario es un cine crítico que aboga por combatir la crueldad de las penas y lograr el trato humanitario de los reclusos, lo cual no sólo es un ideal que pretende la ficción cinematográfica, sino que también es una exigencia real de la historia penitenciaria…” El séptimo arte no sólo nos trae la imagen de aquello que pasa dentro de los muros y las rejas, sino que expone su trato inhumano.

Al generar una imagen semejante a la realidad, el cine también ha “construido miedos, angustias y nuestra idea de lo que implica perder nuestra libertad”. La nueva tendencia es la narrativa documental en primera persona, como lo muestran series como Desde adentro o Encarcelados, cuyos relatos son transmitidos por protagonistas reales que cuentan sus experiencias.

Las condiciones infrahumanas de los sanatorios mentales que se pueden ver en filmes como Atrapados sin salida (1975), Corredor sin retorno (1963) o El juez y el asesino (1975), dan pie a Cristina Pérez Rodríguez y a Javier Sierra Rodríguez a disertar sobre la reclusión de enfermos mentales por negligencia psiquiátrica. El tratamiento fílmico de los enfermos mentales en prisión “no deja de ocultar una realidad brutal, en la que existen personas que padecen un trato inadecuado o cuyas enfermedades mentales les han llevado, de manera inevitable, al sistema penitenciario ante la falta de una asistencia psiquiátrica adecuada”.

Los motines carcelarios también son un tema frecuente en el séptimo arte. Raúl Cancio, académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, hace un recorrido por este subgénero, exponiendo su naturaleza desigual pues “infumables productos de serie B trufados de clichés moralizantes se yuxtaponen con formidables trabajos enriquecidos con la participación de internos reales en escenarios verídicos…” De lo anterior se desprende que los mejores episodios de los motines carcelarios sean tributos a casos reales (como los sucesos de Attica y Carandiru), pues expresan un afán informativo.

En general, estamos frente a una obra que destaca el importante papel que tiene el cine penitenciario en la sociedad, pues presenta una realidad que está velada para quienes gozan de libertad y siembra diversas inquietudes: ¿cómo es la vida en prisión?, ¿las condiciones en su interior son propicias para la reinserción social?, ¿los motines se justifican debido al trato inhumano que se da a los presos?

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