Julio A. Hernández Pliego (1937-2017)

Julio A. Hernández Pliego (1937-2017)

El 26 de mayo de 2017 terminó el semestre de clases en la Facultad de Derecho de la UNAM. Ese mismo día terminó la vida de uno de sus maestros, el extraordinario procesalista don Julio Antonio Hernández Pliego.

Como un signo de nuestros tiempos su partida se convirtió en un trending topic en las redes sociales, donde muchos de quienes fueron sus alumnos tuvieron la oportunidad de manifestar su tristeza.

 

 

Académico y litigante

Doctor en Derecho, Julio Antonio Hernández Pliego fue abogado (egresado con mención honorífica) de la Facultad de Derecho de la UNAM y maestro y doctor en Derecho por el Centro de Estudios de Posgrado en Derecho.

Su actividad académica la conjugó con su actividad de litigante durante más de 50 años, siendo fundador de su propio despacho. Fue profesor de Derecho procesal penal por concurso de méritos en la Facultad de Derecho de la UNAM; profesor de Derecho penal, de Derecho procesal penal, y de reparación del daño y ejecución de penas en el Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana; catedrático invitado para impartir cursos como profesor, experto, conferencista o como participante en actos académicos en casi todas las universidades, centros, agrupaciones e institutos de enseñanza superior del Derecho del país.

Entre sus principales publicaciones, se encuentran: Los recursos ordinarios en el proceso penal, Programa de Derecho procesal penal, El proceso penal mexicano, así como El Ministerio Público y la averiguación previa en México. Perteneció a la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, y fue coordinador de su Comisión de Derecho Penal. También miembro fundador de la Sociedad Mexicana de Criminología. Y su cargo como vicepresidente del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México debía concluir en 2018.Asimismo, perteneció a la Federación Interamericana de Abogados y fue miembro de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, así como de la Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación y de la Asociación de Doctores en Derecho, Colegio de Profesionistas, A.C.

Entre los múltiples reconocimientos que obtuvo por su brillante carrera se cuentan los siguientes:

  • Presea Zafiro por su trayectoria académica como maestro honorario y director honorario en la Universidad de Estudios de Posgrado en Derecho.
  • Diploma al Mérito Universitario 2000 por la Universidad Iberoamericana.
  • Recipiendario 2006 de la Cátedra Extraordinaria Francisco M. Vázquez en la Facultad de Derecho de la UNAM.
  • Reconocimiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación como participante en la “Consulta Nacional sobre una Reforma Integral y Coherente del Sistema de Impartición de Justicia en el Estado Mexicano”.
  • Reconocimiento Día del Abogado por su compromiso ético a favor de la sociedad, otorgado por la Confederación Nacional de Profesionales en Procuración de Justicia.
  • Reconocimiento Día del Abogado 2009 por su destacada trayectoria profesional, otorgado por la Confederación Nacional de Colegios y Asociaciones de Abogados de México, el Consejo Mexicano de la Excelencia Académica, la Federación Mexicana de Abogados Universitarios y el Centro de Estudios de Derecho e Investigación Parlamentaria.

 

Aproximaciones

Tengo un deber de gratitud con el doctor Hernández Pliego, ya que entre los años 2004 y 2005 compartimos diversos ratos en el salón de maestros de la Facultad de Derecho, donde conversamos en varias ocasiones antes de comenzar la clase de las cuatro de la tarde. Desde entonces fui recipiendario de su trato cálido y su buen humor.

En 2012 fue integrante del sínodo que me examinó cuando concursé por una plaza para profesor en la misma facultad. Tuve la suerte de su generosidad y su consideración al emitir el fallo de vencedor. Un año más tarde me integré a la Asociación de Doctores en Derecho donde tuve la suerte mayor de convivir con él durante los desayunos en que coincidíamos. Desde entonces, y cada vez que tenía oportunidad, lo hice partícipe de cada obra que publicaba. Él la recibía con la promesa de comentarla en una siguiente ocasión.

El maestro siempre tuvo una actitud cordial con todos. Siempre sonriente y afable, gozaba de una buena cantidad de enseñanzas que sabía combinar con anécdotas que hacían de ese momento algo entrañable y feliz.

Por decir algo, recuerdo aquella vez en que estábamos en un estacionamiento. Mientras todos esperábamos a que el valet parking entregara los vehículos de varios maestros, él decía: “Seguro que con el mío se tarda más para que no se den cuenta de que me voy en un patín del diablo”. Sabía arrancar sonrisas a su paso y sembrar amigos por donde iba, en el foro o en la cátedra, así como en tantos lugares donde desde hoy extrañaremos su presencia.

 

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Revista El Mundo del Abogado