Néstor de Buen Lozano

Néstor de Buen Lozano

Néstor de Buen Lozano, hijo de Demófilo de Buen Lozano —también ilustre e importante académico y político español de la primera mitad del siglo XX, vinculado con la efímera República española— y de Paz Lozano, nació el 2 de diciembre de 1925 en Sevilla, España. En ocasión de la Guerra Civil española, la familia De Buen Lozano emigró primero a Francia y posteriormente al continente americano, arribando finalmente al puerto de Coatzacoalcos en México, luego de no haber podido desembarcar en la República Dominicana, gobernada entonces por el dictador Rafael Leónidas Trujillo, evidente simpatizante de los dictadores europeos Adolfo Hitler y Benito Mussolini, así como, desde luego, de Francisco Franco, quien en las décadas siguientes controlaría España hasta su muerte. 

 

Es pertinente comentar que esta breve reseña relativa al arribo deNéstor de Buena México fue platicada, comentada, escrita y expuesta por él mismo en numerosas ocasiones, insistiendo en muchas de ellas en la dificultad que tenía, seguramente al principio, para pronunciar correctamente el nombre del puerto mexicano al que llegó con su familia:Coatzacoalcos,en Veracruz.

Néstor de Buen Lozanorealizó sus estudios en México desde la educación media, en elInstituto Luis Vives, hasta el posgrado, habiendo obtenido la licenciatura y el doctorado en la antigua Escuela Nacional de Jurisprudencia,ahora Facultad de Derecho, e incorporándose como profesor en la misma facultad, primero en las asignaturas de Derecho civil y después en las de Derecho del trabajo, en las que se mantuvo hasta algunos semestres antes de su fallecimiento.

Como el propioNéstorlo manifestó en diversas oportunidades, su orientación académicase inició en el Derecho civil pero luego, seguramente motivado por su intensa actividad profesional en el litigio en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, en la defensa jurídica del Instituto Mexicanodel Seguro Social, se dedicó alDerecho del trabajotambiénen el ámbito académico, no sólo impartiendo cátedra en las asignaturas respectivas, sino también participando en conferencias, coloquios, mesas redondas, seminarios, congresos nacionales e internacionales,muchas veces por invitación del igualmenterecordado maestroBaltasar Cavazos Flores,así como también escribiendo y publicando numerosas obras sobre esta materia, entre las que destacan, por su importancia, calidad y transcendencia, los dos tomos delDerecho del trabajo,Derecho procesal del trabajoy elManual de seguridad social,todos publicados por la prestigiosaeditorial Porrúa,con múltiples ediciones cada uno, obras que son consideradas como de texto en el estudio de las asignaturas correspondientes, no sólo en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sino en muchas otras facultades y escuelas de Derecho de México y de otros países de habla hispana.

El propio doctorNéstor de Buen Lozanoexplicó una de las varias razones por las cuales sus trabajos publicados son muy numerosos, al reconocer que no sabía decir que no. En efecto, en la primera parte de una de sus obras relativamente recienterefiere: “No sé decir que no. Y a cada momento me piden colaboraciones para libros-homenajes, o simplemente para una obra colectivaen la que por regla general, personajes de izquierda, de los pocos que quedan, pretenden conjuntar un reclamo a propósito de lo mal que le va al Derecho del trabajo. Y lo mismo puede ser para asuntos de carácter individual, por ejemplo los trabajadores de confianza, que para asuntos de carácter colectivo,siempre un poco más espectaculares. Y por supuesto que con retrasos imperdonables (si es que el plazo concedido tiene alguna posibilidad de ser cumplido, lo que generalmente no es posible) entrego mis colaboraciones y luego les pierdo totalmente la huella. Son como hijos descarriados que van apareciendo por ahí, sin que yo recuerde a dónde los mandé ni por qué motivo.”1De la cita anterior es interesante destacar no sólo la implícita creatividad extraordinaria del maestro, sino también su particular agudo y fino sentido del humor, no siempre cabalmente comprendido por sus seguidores y admiradores.

Pretender exponer una reseña de la obra escrita deNéstor de Buen Lozanono es el propósito de estas líneas, independientemente de que desde hace ya algunos años se han publicado obras colectivas de homenaje en las que algunos de los colaboradores se han ocupado de ello con gran tino. Entre las referidas obras que se publicaron en vida en homenaje al doctorNéstor de Buen Lozanodestaca la editada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en 2003 y coordinada por los doctoresPatriciaKurczynVillalobosyCarlos Alberto Puig Hernández,distinguidos académicos especializados principalmente en el Derecho del trabajo, denominada precisamenteEstudios en homenaje al doctor Néstor de Buen Lozano.

Después de su fallecimiento se han celebrado numerosos eventos en su honor. Aquí es relevante mencionar el homenaje de cuerpo presente por iniciativa del doctor Raúl J. Contreras Bustamante, recientemente designado director de la Facultad de Derecho de la UNAM,celebrado en el Aula Magna Jacinto Pallares de lamisma Facultad,al día siguiente de su muerte, así como la imposición de su nombre al auditorio del Instituto de Posgrado en Derecho que se especializa en promover estudios de posgrado en Derecho del trabajo, por iniciativa de su director, el maestro Gilberto Chávez Orozco. El sentido fallecimiento deNéstor de Buen Lozanodeja tanto unhueco,que será difícil de llenar, como unahuella,que muchos académicos que hemos sido sus admiradores intentaremos seguir.

En lo que podríamos considerar una primera época de nuestra disciplina, el Derecho mexicano del trabajo surgió formalmente al expedirse y entrar en vigor la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en 1917, evolucionó en dirección de su unidad al reformarse la fracción XXIX delreferido precepto y se consolidó al expedirse y entrar en vigor la primera Ley Federal del Trabajo, en 1931. Ciertamente sólo unos meses despuésJ. de Jesús Castorenapublicó un primer ensayo comentando dicha ley y algunos años más tarde se editó laobramás importante de esa época sobrenuestra materia,elDerecho mexicano del trabajodel ilustre juristaMario de la Cueva,en 1938, en la que no sólo se ocupó de la mencionada ley laboral mexicana sino que consultó, interpretó, resumió y tradujo a los laboralistas más reconocidos de los diferentes países de Europa, como Alemania, Francia, Gran Bretaña, España, Italia, Bélgica y Portugal, sino también a los de América del Sur, como Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Venezuela, obra que el propioNéstor de Buen Lozanoreconoce también como el inicio de una genial aportación a la doctrina iberoamericanadel Derecho del trabajo y que sigue siendo una obra de consulta indispensable para todos los estudiosos del Derecho del trabajo en cualquier parte del mundo, principalmente en Europa y en América.

Cabe citar la obra deAlberto Trueba Urbina,que contribuye al enriquecimiento de la doctrina nacional mexicana: laLey Federal del Trabajocomentada, la cual ha alcanzado un gran número de ediciones, incluyendo las actualizaciones llevadas a cabo primero por sus colaboradores y después por sus descendientes.Justo es reconocer que el doctorNéstor de Buen también menciona en este grupo de iniciadores del Derecho del trabajo en México aEuquerioGuerrero,como parte de un sarcástico mensaje a los juristas mexicanos especialistas en esta disciplina para que sigan los pasos de este conjunto de pioneros, concluyendo laintroducciónde la primera edición del primer tomo de su Derecho del trabajo, diciendo que “corren el riesgo, de nohacerlo así, de que esa tarea quede en las incompetentes manos de algún tendencioso civilista”,2 como se denominaba él a sí mismo.

El mensaje de 1974 deNéstor de Buen Lozanose convirtió en profético, porque sin desconocer que ha habido algunaspublicaciones interesantessobre la materia, las obras de dicho autor han sido y siguen siendo las más consultadas después de la desaparición de los pioneros de la materia. Es importante señalar que entre los más importantes autores del Derecho mexicano del trabajo ya mencionados, es decir,Mario de la CuevayNéstor de Buen Lozano,pertenecientes a generaciones diferentes y, por lo tanto, a épocas también diversas desde el punto de vista académico y doctrinal, hubo un mutuo reconocimiento y un respeto académico, manifestado efusivamente por el segundo en la ya citada primera edición del primer tomo de su Derecho del trabajo: “En este libro está presente, permanentemente, la obra del maestroMario de la Cueva. Su genial aportacióna la doctrina iberoamericana del Derecho del trabajo, que arranca, si no estoy equivocado, de 1938; su participación decisiva en las reformas a la Constitución y a la ley, en 1962; la intervención principal que tuvo en la preparación de la leyvigente; los artículos publicados enExcélsior,que constituyen una amplísima exposición de motivos de esa obra legislativa y, por último, el alegato formidable en defensa de la ley contenido en su última obra, elNuevo Derecho mexicano del trabajo,constituyen la columna vertebral del Derecho laboral nacional y aún iberoamericano”.3

Por su parte,Mario de la Cuevaasentó expresamente y por escrito, en el prólogo de la cuarta edición de su obraEl nuevo Derecho mexicano del trabajo,en 1977: “La bibliografía de nuestra disciplina se enriquece con la publicación del volumen segundo de la obra del distinguido maestro de la Facultad de Derecho de la UNAM, Néstor de Buen, Derecho del trabajo.¡Qué bueno que nuestros juristas estén haciendo justicia, en forma brillante, a la primeraDeclaración dederechos sociales de la historia”.4Tuve la gran fortuna de haber conocido y tratado a estos dos colosos del Derecho mexicano del trabajo, ciertamente en épocasdiferentes, pero puedo asegurar que ese respeto y esa admiración académicasmutuasque se tenían eranplenamente realesy sinceras.

No puedo dejar de mencionar también la faceta humana deNéstor de Buen Lozano,ya que, independientemente de sus virtudes doctrinales, académicas y docentes, como persona fue tambiénfenomenal,como élmismo lo hubiera dicho luciendosu origen orgullosamente español, particularmente andaluz y específicamente sevillano, sin perjuicio de que, como también lo decía con frecuencia, se naturalizó conscientemente y por convicción como mexicano. Comojefe de familiatambién fue extraordinario, al grado de que días después de su fallecimiento, su esposa Nona y sus hijos Néstor, Carlos, Jorge, Fernando, Claudia, Leonora y Ana María lo evocaronpúblicamentecomo supatriarca.Finalmente, si se recuerda un refrán popular que reza “el árbol se conoce por sus frutos”, no hay duda de que muchas de las virtudes deNéstor de Buen Lozanohan pasado genéticamente a sus hijos, de los cuales me enorgullece en particular la amistad de quienes decidieron continuar la tradición familiar de la abogacía, Carlos y Claudia, a quienes envío un muy afectuoso saludo, lo mismo que a su siempre gentil esposa, a sus demás hijos, así como a sus numerosos nietos, entre quienes seguramente contaremos con que algunos de ellos seguirán la tradición jurídica de su ilustre e inolvidable abuelo:Néstor de Buen Lozano.

 


 

* Profesor definitivo por oposición de Derecho del trabajo de la Facultad de Derecho de la UNAM, director del Seminario de Derecho del Trabajo de la misma facultad, amigo y admirador de Néstor de Buen Lozano.

1 Néstor de Buen Lozano, La decadencia del Derecho del trabajo, Porrúa, México, 2001, p. 1.

2 Néstor de Buen Lozano, Derecho del trabajo, Porrúa, México, 1974, tomo I, p. 12.

3 Ibid., pp. 10 y 11.

4 Mario de la Cueva, El nuevo Derecho mexicano del trabajo, 4ª ed., Porrúa, México, 1977, tomo I, p. XLV.

5559-2250 / 5575-6321 / 5575-4935 - Aviso de Privacidad - Términos y Condiciones

Revista El Mundo del Abogado