La Corte da la estocada a la fiesta brava

La Corte da la estocada a la fiesta brava

Considerando que no existe ningún derecho humano consagrado a favor de las personas o de las empresas a torturar animales por diversión, las legislaturas locales poco a poco van comprendiendo la importancia de proteger el medio ambiente y evitar la tortura de animales, en lo que se vislumbra como el principio del fin de las corridas de toros.

 

 

 

 

Un individuo vestido de payaso

tortura y martiriza hasta la muerte a un animal.
El graderío estalla de locura

cuando el acero anuncia su final.
Banderilleros sedientos de violencia

van torturando sin ninguna compasión.
Los picadores prosiguen la matanza

acentuando punzadas de dolor.
Malherido, enviste con bravura

contra el frío del acero que destroza su interior.
Agonizando en un charco de sangre

el puntillero remata la función.

Ska-P

 

No es un secreto que la tauromaquia está llegando a su final.1 Cada día más gente se identifica con la canción Vergüenza, del grupo Ska-P (cuyas primeras estrofas se reproducen al inicio de este artículo). Poco a poco las corridas de toros tienen menos asistentes y encuentran mayores críticas y resistencia por parte de los antitaurinos. Eufemismos como “fiesta brava”, “arte” y “cultura”, que otrora justificaban la barbarie, ahora son sustituidos por adjetivos que retratan fielmente esa actividad: sadismo y tortura.

A pesar de que estamos frente a una actividad en estado terminal, corresponde al Estado dar la estocada final para terminar con este “entretenimiento”. En nuestro país son cada vez más los municipios o entidades federativas que prohiben las corridas de toros. Uno de los ejemplos es Coahuila, que en 2015 reformó la Ley de Protección y Trato Digno a los Animales,2 prohibiendo expresamente “las corridas de toros, novillos, becerros o vaquillas y rejoneos”.

Esa ley fue impugnada por una empresa dedicada a la promoción de corridas de toros. El asunto se tramitó en un juzgado federal, y en marzo de 2016 se negó el amparo solicitado por la quejosa. Esa sentencia fue combatida y, eventualmente, remitida a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que nuestro máximo tribunal resolviera, en última instancia, si tal prohibición violaba, o no, derechos humanos.

El expediente se turnó al ministro José Fernando Franco González Salas, quien presentó un proyecto de resolución3 confirmando la negativa del amparo. De este documento destacan las siguientes ideas:

  • Coahuila (y, por ende, el resto de las entidades federativas) tiene competencia constitucional para prohibir las corridas de toros.
  • La prohibición no implica violación a la libertad de trabajo o de comercio.
  • Las carreras de caballos, los rodeos y la charrería (que no están prohibidas) no se encuentran en la misma situación que las corridas de toros, ya que aquéllas no tienen al maltrato animal como elemento esencial del espectáculo. En la tauromaquia se persigue la mutilación y posterior muerte del toro.
  • Las leyes que buscan proteger y brindar un trato digno a los animales abonan en beneficio de la sociedad en general; asimismo, hacen efectivo el disfrute del derecho a un medio ambiente sano, reconocido en el artículo 4º de la Constitución federal.
  • El derecho humano a un medio ambiente sano implica, entre otras cosas, la responsabilidad de la ciudadanía para su preservación y restauración.
  • Existe una responsabilidad ética por parte del ser humano de brindar un trato digno y respetuoso a los animales.

En síntesis, no existe ningún derecho humano consagrado a favor de las personas o de las empresas a torturar animales por diversión.

Desafortunadamente este asunto no se pudo discutir en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ya que la parte quejosa, es decir, quien promovió el amparo, desistió del juicio. Sin embargo, el camino ya está andado. Las legislaturas están comprendiendo la importancia de proteger el medio ambiente evitando la tortura de animales. De igual manera, existen varios precedentes judiciales4 que protegen el bienestar de la fauna.

Falta mucho por andar. Por ejemplo, debemos evitar todo tipo de sufrimiento a los animales que están en los zoológicos. También, dar una vida digna y muerte indolora a los animales que están destinados a consumo humano. El trato correcto a los animales de trabajo y de compañía es otra asignatura pendiente. La protección y el consumo responsable de nuestros bosques, desiertos, selvas y, en general, de toda la flora y la fauna que nos rodea es una obligación común a toda la humanidad. A fin de cuentas, sin todo este entorno el ser humano perecería. Si no queremos ser empáticos con la naturaleza, por lo menos protejámosla por egoísmo puro.

 


 

 

* Licenciado en Derecho por la UNAM y magistrado del Octavo Tribunal Colegiado de Circuito del Centro Auxiliar de la Primera Región.

1 De esto da cuenta el artículo “Los toros, ante su peor cornada”, El País, 22 de julio de 2016, en http://bit.ly/2zEvlyg.

2 Decreto del 25 de agosto de 2015, en el Periódico Oficial de Coahuila.

3 La versión pública del proyecto se puede consultar en http://bit.ly/2C03dLZ.

4 A manera de ejemplo, el amparo en revisión 28/2004 del Cuarto Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito (http://bit.ly/2C1Lu6H) y el amparo en revisión 639/2016 de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (http://bit.ly/2BYATcO).

 

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