Constitución y movilidad social

Constitución y movilidad social

El pasado 2 de marzo, en el marco de la 38a edición de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el director general de El Mundo del Abogado, Ángel M. Junquera, ofreció la conferencia Constitución y movilidad social en la que reflexionó sobre la importancia del desarrollo humano y de las oportunidades para lograr una mejor calidad de vida. 

 

Al inicio de su intervención enunció la importancia de la Constitución de 1917 y precisó que México no ha logrado el desarrollo que se debía haber generado; afirmó que sigue siendo una promesa incumplida, porque no han sido cubiertas las necesidades básicas de la gente, no se brindan oportunidades y no se procuran las aspiraciones y los anhelos.

Aseguró que nuestro país está lleno de riqueza en todos los aspectos, pero advirtió que lo más valioso es su gente. “El Estado está basado en dos grandes pilares: uno es su población y el otro es su territorio. El movimiento social en nuestro país se da en la soberanía popular, su fundamento está en la gente, el movimiento social se dio gracias a que la gente se unió”.

Al hacer una evaluación de los antecedentes históricos, Ángel Junquera expuso que el México del siglo XIX fue resultado de la evolución de 300 años de virreinato, lo cual significó un largo proceso de enfrentamientos entre el imperio, la monarquía, la Federación y el centralismo.

Afirmó que desde sus orígenes México ha sido un país de castas e infirió que la composición social se rompió con la llegada de los movimientos armados. La Revolución que inició en 1900 y se consolidó en 1910 tuvo su máxima expresión en 1917 con la creación de la Constitución, documento que plasmó las demandas sociales y todo aquello que requerían los sectores más vulnerables.

Puso énfasis en el rompimiento entre la Iglesia y el Estado, fractura originada por los abusos. Asimismo, describió los vértices más importantes de la época del Porfiriato, una era centralista en la que Díaz comenzó rompiendo con la estructura opresora que venía dándose como una forma de gobierno en nuestro país, pero que también asumió durante su administración, periodo en el que propició la figura del amiguismo, dando preferencia a gobernadores, caciques, hacendados, jefes políticos, terratenientes y representantes extranjeros.

No obstante, acentuó que el general Díaz, cuando realmente trabajó por vocación, hizo mucho por México y creó una infraestructura envidiable, pero fracasó al copiar modelos capitalistas que sólo beneficiaron a un sector reducido de la población. “Cuando no hay un equilibrio de poderes emerge el abuso y el ejercicio dictatorial, y se detiene el desarrollo económico y político”, dijo Ángel Junquera, y explicó la importancia de la división de regiones. Precisó que el norte, al tener un nexo con Estados Unidos, favoreció el desarrollo económico; sin embargo, el tráfico de armas benefició a terratenientes y explotadores de personas, a quienes dotó de armamento suficiente para controlar a las personas. Agregó que de este territorio emergieron personalidades que marcaron nuestra historia, como Francisco I. Madero, Pascual Orozco, Francisco Villa, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, entre otros.

Asimismo, reflexionó sobre el papel fundamental de la región centro, la cual se caracterizó por tener mayores servicios de transporte y comunicación, además de que era el objetivo del movimiento revolucionario. Subrayó que lamentablemente en 100 años aún no se ha logrado equilibrar el desarrollo en la zona sur del país, una región de contrastes, porque es la de mayor potencial, pero a su vez la más explotada, la más pobre y la de mayor presencia indígena.

Realizó una remembranza sobre las huelgas de Cananea y Río Blanco. Aseguró que por primera vez la fuerza obrera se unió para exigir un trato digno; destacó los abusos hacia los trabajadores y puso énfasis en la forma en que las cárceles fueron utilizadas no para reprimir la comisión de delitos sino para castigar actos de desobediencia. “Eran tiempos en los que se vivía una dominación armada y se castigaba con la muerte.”

Asimismo, destacó la importancia de la primera Ley sobre Deslinde y Colonización de Terrenos Baldíos, así como de la Ley de Aguas, y declaró que quien tiene el derecho sobre el agua es aquel que favorece el desarrollo.

Sobre el tema de la tierra señaló que fue hasta este sexenio —cuando se creó la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano— que se empezó a ver la importancia de nuestro territorio; después de 100 años apenas se pretende tener un registro territorial, sentenció.

Finalmente, presentó un análisis sobre los movimientos sociales magonista, maderista, zapatista y constitucionalista. Destacó la trascendencia del periódico Regeneración, el único canal de comunicación que hacía frente a los opresores y manifestaba lo que realmente sucedía. Destacó que el Plan de San Luis fue la base de nuestra Constitución.

Al citar la frase de Zapata: “Si quieres ser ave, vuela; si quieres ser gusano, arrástrate, pero no grites cuando te aplasten”, exaltó el significado del movimiento procedente del sur, el cual afirmaba que el cambio no viene con promesas, sino con hechos claros.

A su vez, vinculó la figura de Venustiano Carranza con la del gran conciliador, que logró unir a las diferentes fuerzas para plasmar, en un trabajo inédito en la historia del mundo, una Carta Magna que exaltaba el respeto al hombre y apoyaba el crecimiento y el desarrollo social.

La Constitución de 1917 es la primera en la historia de la humanidad que reconoce el principio de movilidad social, sustentado en un Estado de Derecho y en un marco legal. De aquí parten dos derechos que no se habían contemplado. El primero, el derecho social a la educación, a la justicia, a la salud, a los pueblos indígenas, al medio ambiente, así como a una vivienda digna y decorosa. Y el segundo, el derecho a la propiedad, que nos da certeza y solidez, que determina el territorio nacional, estatal, municipal, comunal y de propiedad privada.

“Hoy estamos frente a una Constitución que ha sido cambiada más de 300 veces en su sustancia, no sólo en su forma; si la leemos parece reglamento, no tiene la intención que plasmó el constituyente de que fuera la columna vertebral de nuestro sistema legal, de nuestro Estado de Derecho”, apuntó.

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