La sucesión de Octavio Paz

La sucesión de Octavio Paz

 

Apenas pasados unos días de la muerte de la viuda de Paz, los medios de comunicación comenzaron a recoger opiniones de terceros sobre lo que debía o no hacerse con el patrimonio de la pareja. Ante la desinformación, el autor, notario 233 de la Ciudad de México, analiza cuál puede ser la suerte del patrimonio del Premio Nobel de Literatura mexicano.

 

 

El 19 de agosto de 1997 Octavio Paz Lozano, único mexicano ganador del Premio Nobel de Literatura, otorgó testamento público abierto, el cual revocó al que había otorgado casi tres décadas antes en el consulado mexicano de Londres. El 17 de diciembre, en presencia del escritor y del presidente Ernesto Zedillo, se constituyó, con fondos privados, la “Fundación Octavio Paz”, asociación civil, cuyo objeto era “preservar la obra del maestro Octavio Paz y propiciar su estudio y su difusión”. En el instrumento se puntualizó también que, para la realización de sus fines, la asociación debería “adquirir y preservar la biblioteca personal del maestro Octavio Paz, así como su archivo personal, y enriquecer dicho acervo cultural”. La constitución de esta persona moral hizo presumir que Paz había dispuesto de su acervo en vida, sobre todo por su apertura al proyecto y los hechos indubitables que lo acreditaron. Sin embargo, nadie se cercioró de que Paz estampara su firma en la escritura. Por ende, cuando el 19 de abril de 1998, a las 22:35 horas, se confirmó su fallecimiento, todo lo relativo a su obra quedó en manos de su sucesora, su viuda Marie José Tramini Poli, quien no alcanzó acuerdos con la asociación civil y fue testigo de su extinción.

Veinte años después, el 26 de julio del presente año, la señora Tramini murió intestada, hecho que hizo aflorar las dudas sobre cuál sería el final del patrimonio que fue de Paz. Para esclarecer el panorama es necesario dar un paso atrás y analizar el único instrumento del que contamos: el testamento del poeta. Dicho documento debe interpretarse desde dos puntos de vista: primero, por lo que hace a sus bienes muebles (incluyendo derechos de autor) e inmuebles, y segundo, por lo que respecta a su patrimonio literario, entendido éste como “los papeles, cartas, documentos y correspondencia privada”.

Es conveniente señalar que en el testamento de Paz se hace especial énfasis al hecho de que su cónyuge es la única heredera y albacea de todo el acervo sucesorio, posiblemente por el deseo de Paz de evitar objeciones a su última voluntad, por lo que en su redacción se empleó un lenguaje jurídico redundante. Un ejemplo de lo anterior son los párrafos que transcribo a continuación:

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