Integración y desintegración

Integración y desintegración

“La Unión Europea nació con el anhelo de acabar con los frecuentes y cruentos conflictos entre vecinos que habían culminado en la Segunda Guerra Mundial”, afirma la propia historia oficial de dicha organización. Efectivamente, tras varios intentos fallidos por buscar una paz duradera, después de la Segunda Guerra Mundial, se instituyeron varios mecanismos a través de los cuales se buscaba reducir las políticas estatales aislacionistas y promover una interdependencia interestatal que evitara repetir el ciclo que propició el conflicto mundial.

 

Así surgen las Naciones Unidas y organizaciones regionales como la Comunidad Europea, se reconfiguran otras como la Organización de Estados Americanos y se establece un nuevo orden económico mundial a través de la Conferencia de Breton Woods y sus instituciones: Organización Mundial de Comercio, GATT y Fondo Monetario Internacional.

Como en cualquier otro tema, los esfuerzos de integración siguen inercias que varían de acuerdo con los ciclos que se viven a nivel mundial. En otras palabras, estamos frente a una dinámica de péndulo, el cual oscila, en un extremo, en ciertos periodos a favor de esfuerzos de integración, y en el otro, en épocas en las que se busca una retracción hacia políticas de aislamiento.

En la actualidad se pueden contrastar de mejor manera las implicaciones del referéndum celebrado en el Reino Unido el pasado 23 de junio si se comparan con la dinámica opuesta que se vive en la frontera norte de México, en la autodefinida región Cali-Baja, que engloba principalmente a las ciudades de Tijuana y San Diego.

La doctrina clásica señala que las fronteras son ficciones jurídicas establecidas por los Estados para delimitar sus territorios y establecer —con una concepción westfaliana de soberanía— los límites espaciales del poder estatal. Cuando uno tiene la oportunidad de apreciar la realidad en la frontera Tijuana-San Diego —que es la más dinámica a nivel mundial— es fácil comprender que la visión teórica a la que se acaba de hacer referencia dista mucho de la realidad.

El grado de cooperación e integración que se vive en la región Cali-Baja —la zona más poblada e interconectada de toda la franja fronteriza entre México y Estados Unidos— no tiene paralelo, lo que se ve reflejado en una extensa coordinación transfronteriza que ocurre para poder atender las exigencias de la realidad cotidiana.

A diferencia del Espacio de Schengen, que permite a las personas transitar de un país a otro —sin ningún control migratorio tradicional— en gran parte de Europa, entre Tijuana y San Diego existe una frontera que, al contrario de lo que se escucha decir a los políticos estadounidenses, sí está separada por un triple muro. Sin embargo, este muro queda desdibujado por los lazos familiares, históricos, culturales, lingüísticos, ambientales y económicos que unen a ambas ciudades. Primero, por la gran población binacional flotante que se traslada diariamente de un lado de la frontera al otro, sin importarle que se trate de un cruce internacional; segundo, por los problemas transfronterizos que una simple delimitación territorial no logra hacer desaparecer, y tercero, por la fuerte interdependencia económica y laboral en la cual se juega el bienestar económico de ambas ciudades.

Esta población compartida hace que para los residentes de la región la frontera sea una mera parada de tránsito. Es tal la magnitud de dicha población flotante o binacional, que en materia de protección y asistencia consular, por un lado, el consulado de México en San Diego representa una de las cuatro representaciones diplomáticas con mayor número de casos en las que es necesario brindar asesoría jurídica o auxilio a mexicanos en el exterior; por el otro, el consulado de Estados Unidos en Tijuana es la representación diplomática que atiende —junto a la establecida en Londres— al mayor número de estadounidenses en materia de asistencia y protección consular. Lo anterior se explica debido a que la gran mayoría de los residentes de la frontera que pertenecen a esta población flotante son ciudadanos y nacionales de ambos Estados.

Estas dinámicas naturales son las que le dan mayor dramatismo al Brexit. En especial en el caso de la juventud del Reino Unido que con dicha decisión en principio ve cerrada la oportunidad de tomar ventaja de las bondades que tenía portar un pasaporte europeo en todos los aspectos de la vida cotidiana, pero especialmente en materia laboral y educativa. Es muy dudoso que en los años siguientes al aviso, que de conformidad con el artículo 50 del Tratado de Lisboa el Reino Unido tiene que hacer para anunciar formalmente su salida de la Unión Europea, se logren cristalizar acuerdos que le permita acceder a los mismos privilegios que dicho Estado había gozado durante los más de 40 años que duró su membresía.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea tiene impacto en múltiples áreas de la cooperación que necesariamente existe en cualquier vecindad estatal. Ahora, si consideramos que la Unión Europea es un ejercicio de integración política, económica y comercial resulta inimaginable lo que esta salida representa. Y más cuando en la actualidad la mayoría de los Estados reconoce que se vive en una comunidad internacional interdependiente, con responsabilidades compartidas, donde es necesario cooperar entre sí para atajar problemas de carácter trasnacional que no pueden ser solucionados de manera unilateral.

Por eso en la relación México-Estados Unidos Carlos Rico llegó a desarrollar su “paradoja del precipicio”, que señala que “los momentos peores de la crisis económica y política en lo interno no son los peores momentos de la negociación bilateral. Al borde del precipicio Estados Unidos no dará el último empujón”; al contrario, éstos buscarán evitar a toda costa la caída de México. De lo contrario, se corre el riesgo de que los problemas nacionales permeen a los Estados colindantes.

Regresando al caso de Tijuana y San Diego, hay que reconocer la habilidad histórica de la región, la cual ha logrado transformar una desventaja geográfica —ser el punto más lejano de las capitales tanto de México como de Estados Unidos— en una ventaja competitiva donde se han creado canales de diálogo paralelos a nivel local —con el pretexto de que nadie conoce las realidades de la frontera (lo que en gran parte es cierto)— que han permitido autodefinir a la zona como una megarregión e implementar políticas de cooperación distintas a las que se promueven a nivel federal.

Con tanto dinamismo a nivel local se llega a cumplir lo que Carlos Rico apuntaba: en la relación bilateral entre México y Estados Unidos parece que las autoridades centrales van en una carrera, siempre tras los actores locales, tratando de alcanzarlos.

Conclusión

Vivimos en un mundo en el que ningún país puede enfrentar por sí solo los grandes retos económicos del siglo XXI. Por esta razón, el orbe se está configurando en regiones para poder enfrentar de manera más competitiva la realidad comercial actual. De aquí lo traumático que resulta el Brexit, ya que va en contra de los esfuerzos internacionales y parece simplemente responder a instintos alimentados por el resentimiento de las personas frente a las consecuencias de la globalización.

Existe un proverbio que señala: “Si caminas solo, irás más rápido; si caminas acompañado, llegarás más lejos”. Valdrá la pena analizar en un par de años si este proverbio resulta cierto, y descubrir así el impacto del Brexit en el Reino Unido, y el desarrollo que pueda llegar a tener la región Cali-Baja.

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