México, ¿tercer Estado seguro?

México, ¿tercer Estado seguro?

 

“Hoy el señor Trump expidió una ley que prohíbe el asilo en Estados Unidos a personas que hayan ingresado de otro país a México. Éste es un punto de debate importante que me gustaría se aclarara. Eso significa tercer país seguro, ya no de hecho sino de derecho. Y a eso sí pido que responda la cancillería porque hace semanas, meses, nos dijeron en la Comisión Permanente, la Secretaría de Relaciones, que no aceptaríamos el principio de tercer país que hoy se consuma”, declaró Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, el 15 de julio de 2019.

De conformidad con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, por tercer Estado seguro se debe entender como “parte de los procedimientos de asilo [que se emplea] para transferir la responsabilidad del examen de una solicitud de asilo de un país de acogida a otro país que es considerado ‘seguro’ (es decir, capaz de proporcionar protección a los solicitantes de asilo y los refugiados)” [vid. “La protección de los refugiados y la migración mixta. El plan de los 10 puntos en acción” (2011)].

El tercer Estado seguro, así como otro tipo de arreglos (por ejemplo, primer país de asilo, primer país de ingreso), tiene como finalidad definir a aquellas autoridades responsables del asilo para distribuir la carga entre dos o más Estados. De igual forma, evita el forum shopping, o “asilo a la carta”, al considerar a aquellos países clasificados como “terceros Estados seguros” como primera opción para los peticionarios de asilo. Esta corresponsabilidad encuentra respaldo en la propia Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatus de los Refugiados, la cual, en su preámbulo, señala: “Considerando que la concesión del derecho de asilo puede resultar excesivamente onerosa para ciertos países y que la solución satisfactoria de los problemas cuyo alcance y carácter internacionales han sido reconocidos por las Naciones Unidas, no puede, por esto mismo, lograrse sin solidaridad internacional”. Este tipo de arreglos ya se han celebrado anteriormente entre Estados Unidos y Canadá (Acuerdo de Cooperación en la Examinación de Solicitudes de Peticionarios de Asilos de Nacionales de Terceros Estados, 2002), entre los miembros de la Unión Europea (Reglas de Dublín, 2013) y entre la Unión Europea y Turquía (Declaración Unión Europea-Turquía, 2016).

Históricamente ha existido un constante flujo de migrantes hacia Estados Unidos y su apertura a los flujos migratorios ha variado dependiendo de la época. Mientras que en algunos periodos su política ha sido más receptiva a los migrantes de ciertos países (por ejemplo, a partir de 1965 se favoreció la migración proveniente de países europeos), en otras ha llegado a criminalizar a los nacionales de otros Estados (por ejemplo, en 1882 se prohibió toda migración de trabajadores chinos). Los esfuerzos por parte de las autoridades estadounidenses para asegurar sus fronteras y detener la migración irregular han ido aumentando, particularmente en la actualidad, con las políticas migratorias de la administración Trump.

Desde el inicio de su presidencia se diseñó y se puso en marcha un esquema operativo y normativo para: i) robustecer el aparato gubernamental de persecución y deportación de migrantes irregulares; ii) lograr una remoción más expedita de éstos, y iii) disuadir el arribo de personas que quieran abusar de la figura del asilo e ingresar de forma irregular a territorio estadounidense o que representen una amenaza a su seguridad nacional. Alrededor de estos objetivos se han implementado diferentes medidas, desde separar a menores de edad de sus padres durante su intento de cruce irregular, hasta desplegar la Guardia Nacional y al ejército en la frontera con México.

Aun con la implementación de esas medidas el flujo de migrantes irregulares durante 2017 y 2018 fue constante. Destacan, por ejemplo, las caravanas masivas que superaron —por mucho— la capacidad humana de las autoridades estadounidenses para procesar a las personas que buscaban ingresar a Estados Unidos por los puertos de entrada. Particularmente, esto obligó a la implementación de acciones —de facto— que permitieran establecer cierto control de la situación, como el sistema de fichas o listas (metering, en inglés). Este sistema busca: i) mantener un orden al evitar que los migrantes estén formados a la intemperie a las afueras del puerto de entrada de Estados Unidos esperando su turno (lo cual, en los momentos más álgidos, tomaba hasta dos meses para que pudieran ser atendidos) y ii) darles la certeza de que serán procesadas conforme al orden con el lleguen, aun cuando esperaran su turno en los albergues para migrantes.

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