Eduardo Ferrer MacGregor: Premio Nacional de Jurisprudencia 2018

Eduardo Ferrer MacGregor: Premio Nacional de Jurisprudencia 2018

 

A continuación reproducimos la laudatio a Eduardo Ferrer MacGregor en ocasión de la entrega del Premio Nacional de Jurisprudencia 2018 que le otorgó la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, el 5 de diciembre de 2018.

 

 

Al otorgar el Premio Nacional de Jurisprudencia 2018, la Barra Mexicana resolvió poner en jaque a la tradición. No eligió a un abogado cuya avanzada edad exigiera un reconocimiento inmediato, sino a un académico de 50 años: el más joven que lo ha recibido hasta la fecha.

No escogió a un aguerrido activista sino a un padre de familia con cuatro hijos, que estudió su doctorado en la conservadora Universidad de Navarra, se especializó en la de Estrasburgo, disfruta el futbol y se enorgullece de ser un católico practicante.

Tampoco lo concedió a un consultor de prosapia o a un maestro del litigio que ya estuviera haciendo fila, en el escalafón, a la espera de turno para recibir la presea. No.

Eduardo Ferrer MacGregor es un jurista tijuanense que, si hoy no ocupara la presidencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sería un profesor por oposición en la Facultad de Derecho de la UNAM y un investigador nacional, nivel III, del CONACyT, dedicado a profundizar en los temas que han ocupado su vida académica: el Derecho procesal constitucional y la defensa de los derechos humanos.

¿Por qué votó en este sentido nuestro colegio? Difícil afirmarlo, pero irresistible aventurarlo: porque a la Barra Mexicana ya no le basta agrupar en su seno a los mejores abogados de México. Porque ya no se siente satisfecha siendo guardiana del statu quo.

La Barra quiere comprometerse con las causas más nobles de la profesión y pretende que esto quede claro. Clarísimo. Entre estas causas —quién lo duda— está la protección de los derechos humanos.

Estos derechos atraviesan, hoy día, una crisis en todo el mundo. Para expresarlo en pocas palabras, están bajo asedio. El nacionalismo, que creíamos en vías de extinción, ha vuelto con uno de sus rostros más abominables: la xenofobia.

Con el pretexto de preservar la soberanía, muchos gobernantes discriminan, humillan, encarcelan, torturan y asesinan a hombres, mujeres y niños que estorban sus designios. El empobrecimiento de la población es el menor de los males.

En una cápsula que podemos ver en YouTube, The Economist alerta sobre las escandalosas prácticas que están proliferando en China, Hungría, Rusia y Turquía, donde sus líderes dinamitan al Poder Judicial y a la prensa, persiguen a la oposición y culpan al “otro” —al extranjero— de ser la causa de los problemas nacionales.

En el ámbito jurídico, inquietan instrumentos como el Margen de Apreciación Nacional o la Doctrina de Identidad Constitucional, ambos diseñados expresamente para hacer prevalecer los intereses de estos grupos, que aducen representar a una nación, mientras niegan sus derechos a miles o millones de personas.

En nuestra región, Argentina y Colombia están más divididas que nunca; en Brasil se entronizó a un presidente que ha proclamado su desprecio olímpico por selvas y ríos, su animadversión por quienes no comparten sus preferencias sexuales y su indiferencia ante la tortura; en Venezuela, un país arruinado por su propio gobierno, subsiste una crisis humanitaria. Centroamérica es un polvorín. En este escenario la Barra Mexicana ha decidido alzar su voz.

Si consideramos que el Derecho procesal es el más cambiante de los derechos; que el control constitucional hace de cada juez un protagonista del sistema judicial, y que, por su temperamento moderado y su absoluta incapacidad para perder los estribos, Ferrer MacGregor nació para ser juez, mi hipótesis no parece descabellada: nuestro colegio buscaba una figura que encarnara sus propios horizontes. Un símbolo del relevo generacional que exige nuestro gremio.

Desde que presentó su tesis doctoral La acción de constitucionalidad de amparo en México y España, nuestro homenajeado está convencido de que desarrollo económico, seguridad nacional, seguridad pública, procuración de justicia y todo cuanto se vincula al concepto de Estado puede ser alcanzado sin menoscabo del respeto a los derechos humanos.

En los votos que ha emitido, ya como uno de los siete jueces encargados de custodiar estos derechos en América Latina, despuntan tres criterios seminales: la necesidad de reconocer el derecho a la verdad como derecho autónomo; la convicción de que la pobreza estructural es una forma de discriminación, y la urgencia de proteger, de forma directa, los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

Así, en Cuscal versus Guatemala, convenció a sus colegas para declarar violado el derecho a la salud y, a la luz de la progresividad, logró que se protegiera a 49 enfermos infectados con el VIH que reclamaban medicamentos.

En Rodríguez versus Colombia, su punto de vista se convirtió en precedente para actuar frente a las desapariciones forzadas. Lo mismo ocurrió en Hacienda Verde versus Brasil, donde la Corte denunció el maltrato por el maltrato mismo.

No son éstos los únicos ámbitos en los que ha incursionado Ferrer MacGregor. La libertad de expresión, la independencia judicial, el debido proceso, la protección a los defensores de los derechos humanos y la reparación integral a las víctimas de abusos y delitos son otros de los tópicos que hoy no podrían protegerse jurídicamente en América Latina sin considerar sus posturas. Repito: “que hoy no podrían protegerse jurídicamente en América Latina sin considerar sus posturas”.

Para conocer a cabalidad su pensamiento, nada mejor que revisar sus votos o leer sus más de 100 publicaciones, entre artículos y libros. Entre estos últimos, El derecho de amparo en el mundo, El nuevo juicio de amparo y La justiciabilidad de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales en el Sistema Interamericano e influencia extranjera y trascendencia internacional en la Constitución de 1917.

Si tuviera que recomendar uno, me inclinaría por la Panorámica del Derecho procesal constitucional y convencional. Es el más completo: reúne sus trabajos emblemáticos y permite conocer los campos que ha abordado y, si se vale la imagen, que ha arado y cultivado.

Estos títulos le han granjeado invitaciones como profesor visitante a universidades de Europa y Estados Unidos. Pero —sobre todo— lo han convertido en referencia obligada, a la hora de ensamblar herramientas jurídicas que nos ayuden a salvaguardar nuestros derechos.

“La abogacía —ha dicho y repetido José Mario de la Garza, nuestro presidente— es responsable de muchos de los logros que caracterizan a México, pero también, con su silencio, con su obsecuencia, ha sido cómplice de abusos e inequidades.”

Frente a los tiempos inciertos que vive la comunidad internacional y ante la extraordinaria oportunidad que hoy tenemos para echar a andar un México más plural e igualitario, los abogados debemos ser actores y no simples espectadores. Estamos obligados a hacer oír nuestra voz.

Por esto, el premio que hoy otorga la Barra Mexicana es un merecido reconocimiento a Eduardo Ferrer MacGregor pero, también, una llamada de atención y un exhorto. No sólo a los barristas sino a todos los abogados del país que creemos que un Estado Democrático de Derecho se construye todos los días y que es más —mucho más— que una declaración rimbombante: exige trabajar con ahínco para apuntalar las instituciones y mantenerlas funcionando de manera adecuada; para garantizar la división de poderes, y para promover, por todos los medios a nuestro alcance, la dignidad y la libertad de las personas.

Muchas felicidades.

 

5559-2250 / 5575-6321 / 5575-4935 - Aviso de Privacidad - Términos y Condiciones

El Mundo del Abogado