José Ramón Cossío Díaz

José Ramón Cossío Díaz

Discurso de José Ramón Cossío Díaz al recibir el Premio a la Innovación Jurídica 2018.

  

Muchas gracias a El Mundo del Abogado, a Ángel Junquera por haberme considerado en este premio, a Gerardo Laveaga por sus esfuerzos, a Claudia de Buen por su amistad de tantos años y, desde luego, a José Mario de la Garza, por sus muy gentiles, cálidas y cercanas palabras. De verdad muchas gracias.

Recibir el premio de El Mundo del Abogado es algo para mí muy importante y muy satisfactorio, porque es una revista que bajo los vaticinios originales de si aquello iba a ir bien o no, realmente va muy bien y creo que ha logrado un punto de encuentro entre los distintos miembros de la profesión.

Es un punto donde nos encontramos, donde podemos reflexionar, donde nos enteramos qué está sucediendo en un gremio que estaba muy desarticulado. Y creo que esfuerzos como éste nos han permitido, en otras ocasiones, intentar obtener una colegiación obligatoria, tan importante; llegar a las certificaciones, y finalmente tener un Consejo General de la Abogacía, que me parece un asunto de la mayor importancia.

También quiero agradecer el hecho de que se me haya designado en esta ocasión junto con Regina Tamés, a quien conozco como una férrea litigante de causas importantísimas, sobre todo en lo que tiene que ver con los derechos reproductivos, y junto con Miguel Carbonell, quien ha cambiado las formas de enseñanza del Derecho de una manera que me parece fantástica y que está generando formas distintas de aproximarnos al estudio del Derecho, y me parece que desde ese ámbito más particular está logrando que diversas escuelas y grupos se estén fijando o imaginando cómo enseñar el Derecho. Creo que ésta es una contribución importantísima, así como creo que Regina y el GIRE han logrado transformar la condición de los derechos de la mujer.

Cuando estaba preparando las palabras de esta noche vi qué quería decir o que dice el diccionario de la Real Academia Española sobre el concepto innovar, que es lo que aquí nos convoca; dice que es “mudar o alterar algo, colocando nuevos elementos”.

Porque imaginé cuál es el asunto o el caso que más me ha impactado de innovación jurídica, me voy a regresar un poco en la historia. El 1° de noviembre de 1607 el juez Coke, que presidía la Alta Corte de Inglaterra y Escocia, tuvo que resolver un caso de una extraordinaria importancia: las prohibiciones del rey.

El rey Jacobo I, argumentando sus privilegios monárquicos, atrajo un asunto de dos particulares, decidió cómo iba a resolverlo y cómo iba a asignar el sentido del fallo a una de las partes.

Coke tomó el asunto, lo llevó a la Alta Corte de Justicia y cuando estuvo ahí dijo una frase que es de una extraordinaria importancia: “Sin duda alguna, su majestad, Jacobo I, ha sido dotado por la naturaleza de una extraordinaria razón natural; sin embargo, el Derecho es una razón artificial, que se crea y se construye con el estudio, la práctica y la sabiduría. Consecuentemente, su majestad, por bien dotado que esté de esta razón natural, no tiene capacidad para resolver los asuntos jurídicos”.

En ese momento Coke estableció una innovación extraordinaria, una diferencia entre el Derecho y la política. Desde ese momento empezó una marcha muy importante que ha generado ideas trascendentales.

Estoy completamente de acuerdo con lo que dijo Miguel Carbonell respecto de la educación, las normas y las prácticas que tenemos que innovar. Tenemos que pensar de qué manera vamos a presentar el Derecho en los tiempos que estamos viviendo, tiempos en que la democracia es cuestionada, en que la justicia constitucional está cuestionada, en que los derechos humanos como gran proyecto civilizatorio empiezan a tener límites en muchos discursos, y tiempos todavía mucho más importantes para todos nosotros en que el Derecho como totalidad, como concepto, como práctica y como experiencia, empieza a verse con sospecha; como una forma de detener al poderoso, como una forma de impedir que los poderosos hagan su voluntad y nos saquen a todos de los problemas que estamos padeciendo.

Creo que la innovación jurídica más importante de nuestro tiempo es rehacer, reelaborar y resignificar el discurso jurídico, porque como gremio tenemos una extraordinaria responsabilidad social, que es generar racionalidad en nuestras comunidades para, a su vez, generar paz social y convivencia.

Si yo tuviera que pensar qué otra cosa tendríamos que hacer en términos de innovación jurídica, mencionaría la renovación inteligente, civilizatoria, nueva y moderna de estos procesos de Derecho.

Tenemos, como gremio, que volver a sentirnos orgullosos de tener una herramienta social que nos sirve para civilizar; si no somos capaces de eso creo que no estamos haciendo nuestro papel presente, ni la innovación que nos corresponde a todos.

De verdad, muchas gracias a El Mundo del Abogado; muchas gracias a todos ustedes por estar aquí. Yo en unos próximos días dejaré el cargo y, desde luego, la profesión sabe que cuenta conmigo para lo que tengamos que hacer.

Muchas gracias.

 


Laudatio

José Mario de la Garza Marroquín

 

Señoras y señores:

Quisiera, en primer lugar, agradecer la deferencia de mi estimado amigo Ángel Junquera Sepúlveda, director general de la revista El Mundo del Abogado, quien me permite presentar el distinguido Premio a la Innovación Jurídica 2018, que en esta ocasión recae en un eminente jurista mexicano, a quien tengo el privilegio de conocer, y desde ese privilegio vital, dar fe de su ascendente trayectoria, su formidable talento, pero sobre todo su entrañable generosidad para compartir su apasionada vocación por el Derecho: me refiero, por supuesto, al ministro José Ramón Cossío Díaz.

Hablar del jurista José Ramón Cossío Díaz es remitirnos a la integralidad de todas sus facetas jurídicas: la de ministro, la de académico, la de investigador, la de docente, la de escritor y la de divulgador del Derecho.

Acaso la actividad más visible del jurisconsulto Cossío Díaz sea la de máxima autoridad en materia jurisdiccional en este país. Pero estoy convencido de que su notoriedad no se debe a una cualidad de jerarquía, sino a la excepcional forma de ejercer una responsabilidad.

Ser autoridad jurisdiccional significa tener la delicada tarea de decir el Derecho, y el ministro Cossío lo ha hecho en tono muy alto. Sus proyectos, resoluciones y votos particulares tienen la impronta que sólo puede darles quien conoce profundamente las leyes, pero además incorpora sus propias conceptualizaciones de sociología, ética, filosofía y justicia, para darles un alcance hondamente humanista, crítico y reflexivo.

Para quien quiera conocer los osados criterios del ministro Cossío Díaz ahí están los casos paradigmáticos sobre el alcance de la reforma constitucional de derechos humanos de 2011, o la Ley de Amparo de 2013; su impecable ponencia en el caso El Encino en 2011, o la lucidez de sus reflexiones en el caso de la despenalización de la interrupción del embarazo en el Distrito Federal en 2008.

El ministro José Ramón Cossío ha dicho el Derecho, pero sin duda sus resoluciones jurídicas también hablan por él, y lo que nos dicen es que ha sido un jurista de vanguardia en el que la innovación es divisa fundamental de obra y pensamiento.

Cuando decimos innovar, hablamos de declarar la bancarrota del inercialismo y ser capaces de asumir riegos para marcar nuevos rumbos. El alma del vanguardista debe curtirse ante la insidia de los profesionales del “no se puede”. Quizás por eso el jurista Cossío ha sido tan resuelto a defender la independencia del Máximo Tribunal del país, pero también la independencia de criterio de cada uno de los ministros que lo conforman.

Sabedor de que el consenso no es un absoluto porque en la crítica del sentir de las mayorías subyace la capacidad crítica y el discernimiento —en una democracia de libertades las unanimidades son siempre sospechosas— el ministro Cossío demostró en su voto particular que los jueces constitucionales tienen la grave misión de defender la Gran Norma, pero que para hacerlo de la mejor manera hay que estar dispuesto a romper los límites de lo predecible e ir más lejos. Es así que se rompen paradigmas y se descubren nuevas constelaciones jurídicas.

Pero no únicamente actuando como juzgador es que José Ramón Cossío Díaz ha dado testimonio de que hay que hacer del Derecho un instrumento para la construcción de un mundo deseable y no resignarnos sólo con el que parece posible. También en su papel de pedagogo, de investigador y de divulgador ha dado un paso al frente y se ha colocado voluntariamente en el centro de las más complejas y apasionadas discusiones jurídicas. En el jurista Cossío la deliberación abierta y razonada es condición inherente de la reflexión legal. He ahí otro motivo para encomiarle y reconocerle mérito, pero también hidalguía.

Amigas y amigos, un visionario es una persona que sabe que guiar exige una absoluta entrega de sí mismo; que el servicio a los demás requiere tesón y fidelidad a toda prueba, y que demanda en todo momento una convicción capaz de mover montañas.

No obstante, esa misión vital, definitoria y definitiva, al mismo tiempo es una fuente de alegría y de entusiasmo y una forma sólida de construir un sentido de la existencia.

Una vocación creadora y entregada que fortalece la voluntad porque renueva el entusiasmo propio y de la comunidad de la que uno forma parte, al saber que sí hay una mejor manera de hacer las cosas.

Enhorabuena por entregar este Premio a la Innovación Jurídica al ministro José Ramón Cossío Díaz, un hombre que vive a plenitud el ejemplo de su prédica: “Sin transformar la justicia no será posible ningún cambio que nos lleve a la paz”. Transformemos el Derecho para cambiar la sociedad y cambiemos la sociedad para mejorar el futuro.

Por último, querido José Ramón, te expreso que me honra mucho tu amistad.

Muchas gracias.

 

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