Justicia viva

Justicia viva

 

El 23 de noviembre de 2018, en la inauguración del Congreso Nacional Anual 2018 de la Asociación Nacional de Magistrados de Circuito y Jueces de Distrito del Poder Judicial de la Federación, A.C., titulado “Independencia judicial”, Griselda Sáenz Horta, juez cuarto de distrito en el Estado de Morelos, pronunció el discurso “Justicia viva”, sobre el que vale la pena reflexionar.

 

 

¿Qué es la justicia? Es la pregunta eterna de la humanidad. Fiel a su relativismo axiológico, Kelsen concluyó que no es posible una definición universal válida de lo que es justo.

Por supuesto, el término justicia seguramente existe en todos los idiomas y lenguas o dialectos universalmente hablando.

Sin embargo, la justicia existe más allá de cualquier definición; ¿por qué este juicio de valor? Porque la justicia nace con el hombre mismo, con el Derecho natural; con esos derechos que le corresponden al hombre por el sólo hecho de serlo.

Pero, ¿cómo entender esa ideología? Asumiendo que el primer reclamo de justicia nació con el propio hombre, que fue el llanto del primer recién nacido, y seguramente ese llanto clamante surcó el espacio hace miles de años, con el nacimiento de la humanidad. Ese clamor de justicia dice: “¡Heme aquí! ¡Reclamo mi espacio y que éste sea respetado! ¡Aliméntame y dame abrigo para poder sobrevivir!”

Luego, la justicia es incompatible con la muerte, porque donde está la muerte, la vida ya no está, y si la vida ya no está, pierde sentido el reclamo de la satisfacción de las necesidades primarias en orden de sobrevivencia.

Claro que la muerte justifica la vida; tan es así que morimos porque vivimos, de modo que el derecho a una muerte digna ciertamente se ejerce aún en vida.

A partir del reclamo aquel de satisfacción de necesidades y del fenómeno poblacional, que trajo a su vez una interacción humana compleja, es que se va forjando el entramado de la satisfacción de necesidades individuales y colectivas; en ese momento de la humanidad se empieza a forjar el concepto de justicia social, pero éste no podrá abandonar o desvincularse de su fuente original, la justicia natural, porque ésta subyace en cada derecho del hombre; de manera que será entonces que sobreviene la preocupación del Estado por definir qué es la justicia, de lo que se ocuparon los grandes pensadores, desde Platón hasta Kant, a partir de diferentes perspectivas, incluyendo la metafísica y la religiosa. Pero esa necesidad de definir la justicia gira en torno de la búsqueda del Estado de encontrar una fórmula a través del ejercicio de definición del concepto, que sirva de guía para satisfacer las necesidades del grupo y cómo enfrentar el reto de satisfacer necesidades individuales en lo particular, sin afectar ni dejar de colmar las de la generalidad, o viceversa.

Entonces, el reto de la administración de justicia será mantenerla viva; la forma de evitar su muerte es que el Estado se constituya en garante de los derechos fundamentales de cada individuo, pero el compromiso del aparato judicial gubernamental va más allá, que es el evitar que la justicia sea ultimada por un sistema que desconozca la esencia de la naturaleza humana.

La justicia nace con cada hombre y muere con cada cual, porque en su expresión natural pertenece a cada individuo.

Con cada niño que no es respetado, alimentado ni cuidado, la justicia empieza a morir.

Con cada joven que delinque, la justicia agoniza; con cada persona desaparecida forzadamente la justicia muere.

Cada vez que la justicia de la unión ampara y protege, mantiene y prolonga la vida de la justicia humana; porque el juicio de amparo enaltece al hombre y protege al ciudadano, frena al arbitrario y apacigua la injusticia, alimenta la esperanza y evita tempestades; porque si la suspensión es el alma del juicio de amparo, el juicio de amparo es el alma de la justicia de México y de los mexicanos.

No permitamos que muera el alma del Estado de Derecho. Permanezcamos firmes en la defensa de la independencia judicial, para mantener viva la república democrática federal.

 

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