Regina Tamés

Regina Tamés

Discurso de Regina Tamés al recibir el Premio a la Innovación Jurídica 2018.

 

Muchas gracias por este reconocimiento que recibo con mucho entusiasmo. Adicionalmente, es un honor recibirlo al lado de dos distinguidas personalidades y amigos: José Ramón Cossío y Miguel Carbonell.

Quiero aprovechar este espacio y este reconocimiento para hablar sobre mi trabajo como defensora de los derechos humanos de las mujeres, pero también sobre mi historia personal. Porque durante muchos años yo fui una niña y una adolescente que estuvo protegida del mundo real. Daba por sentado el privilegio que tenía. Fue hasta años después que este México lleno de injusticias, de desigualdades, de pobreza y de mucha discriminación se develó ante mí.

Ahí encontré, en la defensa de los derechos humanos, el cauce a mi toma de conciencia sobre la lacerante realidad de nuestro país. Esta toma de conciencia coincidió prácticamente con mi elección de estudiar Derecho. Una decisión que llegó a mi vida básicamente por casualidad. De la casualidad al conocimiento instrumental del Derecho. De las aulas de Santa Fe y Washington a la defensa de las mujeres.

¡Tanto que ha avanzado de manera veloz la humanidad! Enhorabuena. Tan lento que han sido (y están siendo) los cambios sociales, políticos, culturales y económicos que impiden una verdadera igualdad entre hombres y mujeres... ¿Por qué nos costará tanto trabajo cambiar para que todas y todos estemos mejor?

A pesar de las condiciones tan adversas en las que vivimos, las mujeres tenemos el derecho a escoger en qué espacios y roles de la sociedad queremos desarrollarnos. Ese derecho, todavía ahora, hay quienes lo ponen en entredicho, o bien obstaculizan algo que ya debería ser natural en nuestra sociedad cuasi democrática.

Hay algunas que gustamos de ser parte de lo público como abogadas, periodistas, activistas, juezas, secretarias de Estado. De tomar decisiones para la sociedad o bien ejercer el disenso.

Independientemente de nuestras elecciones, las mujeres en México tenemos que enfrentarnos de manera reiterada a críticas por nuestras formas de vestir y de hablar, por nuestras relaciones personales, por lo que no hacemos, más que por lo que hacemos, al punto que hay quienes han sido asesinadas por el simple hecho de ser mujeres. Asesinadas por ser mujeres.

Ojalá nunca se asesine a hombres por vestir shorts o por demandar mayor justicia. La ironía podría no caber, pero basta de vivir en un país donde la discriminación es letal.

Grandes defensoras han abierto brecha para que hoy esté yo ante ustedes. Ha habido avances y sería injusto desconocer esos esfuerzos.

Hoy cada vez hay más discursos que buscan respuestas y propuestas encaminadas a lograr que la brecha de desigualdad entre mujeres y hombres sea cada vez más pequeña. Discursos feministas que buscan nuevas formas en las que todos y todas vivamos mejor, más felices, con menos violencia, y libres de decidir lo que es mejor para nosotras.

Porque un discurso feminista no es contra los hombres: es a favor de todas las personas.

México atraviesa una situación grave y compleja en la que los derechos humanos son violados sistemáticamente, sin haber consecuencias visibles para quienes infringen la ley, reinando la falta de acceso a la justicia. Un país en el que diariamente vivimos, y sobrevivimos, a un sistema de justicia en el que prevalece la impunidad, en el que el dinero y el poder parecen ser los elementos decisivos para ganar o perder una sentencia. Un sistema de justicia que no reconoce —en muchos casos— las injusticias hacia las mujeres que el mismo sistema perpetua y que no considera que las violaciones sistemáticas a los derechos humanos de las mujeres tienen un efecto diferenciado al cual debemos atender.

El contexto en el que trabajo junto con otras colegas es adverso e inseguro. Muchas mujeres más valientes que yo salen de sus casas a trabajar por otras mujeres con el riesgo elevado en la mano. Mi eterno reconocimiento a esa fuerza femenina que no se hinca ante el desolado panorama. Yo, con la humildad en estas palabras, salgo a trabajar todos los días para que algún día me quede sin trabajo, porque habríamos llegado a un contexto de igualdad entre hombres y mujeres. Algún día.

Porque ese México agredido también es el país donde habitamos millones de mujeres ávidas de ser escuchadas y respetadas, de no vivir pensando qué no hacer o qué no decir para no ser violentadas.

Ante la desesperanza de lo que padecemos, el Derecho puede ser una herramienta de vital importancia. Mi tarea cotidiana es pensar en maneras creativas de utilizarlo, en particular en aquel campo donde existe un sinfín de pendientes en nuestro país: el derecho a tomar decisiones informadas y seguras sobre nuestra reproducción.

Los últimos 12 años de mi carrera profesional me he enfocado en buscar formas de que las decisiones que toman las mujeres respecto de su vida reproductiva sean respetadas. Sabemos que durante muchos años estas decisiones que tomaban las mujeres relacionadas con el cuerpo se tomaban en la esfera privada y no se exigía nada al Estado. No fue hasta 1994, en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo en El Cairo, que esto cambió con el reconocimiento formal de los derechos reproductivos como parte de los derechos humanos. Desde entonces se han ganado importantes batallas, pero la tentación de limitar estos derechos sigue presente. Muta y se adapta para limitar nuestro derecho a decidir.

Los derechos reproductivos son determinantes. El hecho de que una mujer pueda planear su familia no sólo puede salvar su integridad, sino también transformarla, pues le brinda la posibilidad de llevar a cabo su plan de vida.

El dolor de un viudo que perdió a su esposa en la sala de parto por negligencia médica; de las niñas que nos cuentan que las violó su abuelo o su tío; de la adolescente que no sabía que estaba embarazada; de la mujer a la que el Estado le impide interrumpir su embarazo pese a que su vida o su salud están en riesgo, o las historias cotidianas del maltrato que viven las mujeres en el parto, debería inundarnos de rabia.

Hoy sabemos que 66 por ciento de las mujeres en México han experimentado alguna forma de violencia a lo largo de sus vidas. Que se cometen, al menos, 600,000 delitos sexuales cada año. Que una persona es denunciada al día por aborto y que tres mujeres mueren diariamente por causas prevenibles relacionadas con el embarazo, el parto y el puerperio. Una realidad que no podemos seguir ignorando.

Avanzar en el Derecho es fundamental. Pero cambiar nuestra cultura es apremiante. Porque resulta insultante que hoy todavía haya políticos que están en contra de la educación sexual, de los anticonceptivos y del aborto legal y seguro. Irónicamente, son los mismos que están en contra de ampliar las licencias de maternidad y paternidad o de que existan más y mejores guarderías. La incongruencia los rebasa.

Para que no quede duda: defender el derecho a la salud de las mujeres es defender el acceso al aborto, no sólo en la teoría sino también en la realidad. Las restricciones no evitan embarazos no deseados; solamente ponen en riesgo la vida de las mujeres.

Quisiera recordar las valientes palabras de una diputada en Argentina: “Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harta de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en sanatorios hacen fortunas sacándoles la vergüenza de los vientres a las ricas. Con el divorcio decían que era el fin de la familia y sólo fue el fin de la vergüenza de los separados ilegales. Con el aborto legal no habrá ni más ni menos abortos: habrá menos madres muertas…”

Actualmente, tengo la suerte de estar al frente de GIRE, una de las organizaciones de la sociedad civil más sólidas de defensa de derechos humanos en el país. Lo que empezó como una idea en una plática entre Marta Lamas y Patricia Mercado, en 1991, fue creciendo y creciendo hasta convertirse en lo que hoy es GIRE.

Mi paso por GIRE ha sido una de las mejores aventuras en mi vida. He tenido la oportunidad de formar un equipo extraordinario de colaboradoras y colaboradores de diferentes perfiles y edades con quienes todos los días pensamos, discutimos, disentimos y buscamos nuevas maneras de hacer uso del derecho para garantizar los derechos reproductivos de todas las personas, particularmente de las mujeres.

Este premio en particular me da mucha felicidad por dos motivos. El primero es porque, a pesar de que el reconocimiento es para mi persona, me parece que está implícito un reconocimiento al trabajo que hacemos quienes trabajamos desde las organizaciones de la sociedad civil. Estos espacios críticos, propositivos y tan necesarios para generar contrapesos. Y segundo, porque es claro que no sólo desde un despacho o desde la academia se puede innovar con el Derecho, sino que la innovación también es valorada cuando está encaminada a lograr una mejora en la vida de las personas. La defensa que hacemos las y los activistas es una pieza clave para seguir modernizando el Derecho, asegurándonos de que se está garantizando el estándar más alto de protección para todas las personas. Que el Derecho es esencial para que las personas puedan acceder a todos sus derechos sin discriminación.

Recibir este premio me enorgullece porque igualmente reconoce que la lucha de quienes peleamos por las mujeres es la lucha de los derechos humanos y no sólo la de un sector de la población; se reconoce que la impunidad lacerante que existe en las violaciones a los derechos de las mujeres también importa.

Yo veo mi trabajo de defensa de los derechos de las mujeres como una cuestión fundamental para el avance de los derechos humanos en México y para el desarrollo de todo el país: un desarrollo imposible de completarse sin las mujeres. Además, el trabajo que hago busca transformar las instituciones, el quehacer gubernamental e, incluso, el Derecho o la manera en que éste se interpreta para garantizar que la agencia que tienen todas y cada una de las mujeres para tomar sus propias decisiones sea respetada y puedan disfrutar un mejor futuro. Cada día debemos ser creativas, innovadoras y precisas para generar que mujeres y hombres, de todas las edades, clases sociales e intereses políticos, comprendan que el feminismo nos beneficia a todas.

Todas, desde nuestra trinchera, debemos luchar porque nuestros derechos no sean restringidos y porque todas aquellas historias de dolor, indolencia e impunidad logren justicia.

Nuestro trabajo, nuestras palabras, nuestras acciones, deben tener como finalidad que todas las personas, de las cuales la mitad son mujeres, tengan una vida mejor. No se trata sólo de cómo yo soy mejor y me realizo, sino de cómo uso mi privilegio para que influya a todas, en particular a las que sufren mayor discriminación. En estos tiempos, el principal muro por derribar es el de la apatía para involucrarnos en generar cambios, incluso en nuestro entorno más inmediato.

Es necesario romper la burbuja y dejar de estar cómodas y perpetuando la discriminación. Opciones siempre hay. Es cuestión de voluntad. No es nosotras contra ustedes. Es: nosotras y ustedes.

 


Laudatio

Claudia de Buen

 

Es un gusto y un honor para mí estar hoy con ustedes para presentar a Regina Tamés Noriega y festejarla junto al ministro José Ramón Cossío y al doctor Miguel Carbonell.

Me siento honrada de contar con su amistad. A los tres los admiro como juristas y los aprecio como amigos y, desde luego, todos son merecedores del Premio a la Innovación Jurídica. ¡Felicidades!

Pero, ¿quién es Regina Tamés Noriega? Es una mujer inteligente, feminista, valiente, trabajadora, altruista, defensora de los derechos humanos de las mujeres. Madre de dos hermosos niños, a los que educa con mucha libertad y responsabilidad. Mujer que inspira a otras mujeres, e incluso a hombres, a trabajar por los derechos de las mujeres. Regina significa reina, y Regina hace honor a su nombre.

Es una atípica niña bien, que lucha en contra de los estereotipos y promueve la igualdad de oportunidades; una joven mujer que da voz a miles de mujeres, que las fortalece y las empodera, y que, con su esfuerzo, va logrando cambios contundentes e incluso, directa o indirectamente, cambios legislativos a favor de los derechos humanos de las mujeres, lo que le valió el Premio Hermila Galindo otorgado por la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México (ALCM).

Es abogada por Universidad Iberoamericana, con maestría en Derecho internacional de los derechos humanos por la American University; diploma en salud y derechos humanos por la Harvard University, y diploma en bioética y Derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Trabajó en la oficina para América Latina y el Caribe de Planned Parenthood Federation of America, en la oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Fue becaria del Centro de Derechos Reproductivos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, del Centro de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, y del Centro para la Justicia y Derecho Internacional.

Desde 2011 a la fecha Regina Tamés dirige el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).

Profesora en el ITAM, en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, es parte del Consejo Consultivo Ciudadano del Consejo Nacional de Población y del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, y socia fundadora de Equis Justicia para las Mujeres.

Su trayectoria la ha hecho merecedora de varios reconocimientos y premios, como el que hoy se le otorga. La revista Forbes México la incluyó en su lista de mujeres poderosas; la revista Elle México, en su lista de las 10 mujeres que nos inspiran a lograr nuestras metas, y, en 2017, la revista Marie Claire México le otorgó el reconocimiento de #Leadher como agente de cambio.

El común denominador de su actividad son los derechos humanos, tanto su estudio como su defensa, y, en los últimos años, los derechos humanos con una perspectiva a favor del género femenino, de aquellos aspectos que la sociedad y el propio Estado han abandonado o relegado e, incluso, sancionado.

A Regina la conocí precisamente en la junta del Premio a la Innovación Jurídica de El Mundo del Abogado, ambas como miembros de su consejo editorial, donde la elegimos junto con José Ramón Cossío y Miguel Carbonell. Volvimos a vernos para hacer inercia entre el GIRE y la Fundación Barra Mexicana, junto con mis tres compañeras barristas: Claudia Aguilar, Ana María Kudisch y Carla Aguilar, donde escuché un poco de su historia.

Tuve el honor de ser invitada para presentarla el día de hoy. Y aunque el tiempo es insuficiente para hablar de sus grandes logros, voy a compartir con ustedes lo que me parece más valioso de ella.

Fuimos a desayunar hace un par de semanas y la reunión giró en torno de su vida, y, en realidad, sin poder ni querer evitarlo, aquél se convirtió en un desayuno entre amigas. Hablamos de muchos temas, no sólo de la encomiable labor que desempeña en el GIRE, sino de su trayectoria académica, de sus queridísimos hijos, de su casa con jardín y un tumbling, donde sus pequeños y ella viven muchas aventuras; de su vida de estudiante rebelde en el Miraflores; de sus ideales, y sentí que la conocía de toda la vida, y la sentí mi amiga a pesar de que pertenecemos a diferentes generaciones. He ido descubriendo en Regina a un ser extraordinario del que me había perdido hasta ahora.

Vive en un mundo propio, en el que el respeto a los demás y el apoyo jurídico a mujeres vulnerables, que atraviesan una crisis íntima relacionada con la maternidad, es una de sus principales metas.

La palabra mujer y, en particular, la palabra maternidad, envuelven el mundo de Regina: es una gran madre que coloca a sus hijos ante todo. Y en su trabajo tiene la encomienda personal de auxiliar a las mujeres y a las parejas en trances dolorosos o esperanzadores.

A GIRE le ha impreso un sello particular: además de ser una institución que apoya a las mujeres a interrumpir sus embarazos, cualquiera que sea la causa, ahora el GIRE cubre diversas actividades, vetadas por muchas instituciones y mucha gente, quienes, tras un sello moralista, evitan resolver un problema real: niñas embarazadas antes de los 10 años de edad, abusadas sexualmente, en un país de una enorme desigualdad y un machismo exacerbado. También aborda temas de anticoncepción, muerte materna, reproducción asistida, violencia obstétrica, parterías y matrimonio adolescente.

No podemos pensar que esos temas deben seguir relegados de nuestro marco de atención. Regina y el equipo que la acompaña en esta encomienda lo saben, y contra viento y marea han avanzado mucho.

Regina me compartió un blog en el que se refiere al que, durante 14 años, fue su colegio, que los invito a leer porque habla mucho de su personalidad y de su forma de pensar.

La deficiencia educativa y formativa de algunos colegios privados reproduce las desigualdades económicas y sociales a las que se refiere Regina, y era (o quizá es) común en la mayoría de las escuelas católicas, entre otras la mía. Dicha carencia y el sentido clasista fueron los que, en un acto de rebeldía, hicieron surgir a la Regina que hoy reconocemos y premiamos.

Me permito leer un párrafo de su blog: “En mi escuela, como seguramente en muchas otras escuelas privadas, se promueve lo que bien llama Emilio Lezama una burbuja ‘para aislar, contener y proteger a las élites’. Se trata de un espacio donde los hijos y las hijas estarán rodeados de personas similares, con las mismas aspiraciones y valores. Todas las personas están, o pretenden estar, de una u otra manera, cortadas con la misma tijera. Lo grave de esto no es en sí estar cómodas entre iguales, sino lo que te supone alguien con características distintas a las propias. Empiezan las etiquetas del ‘otro’ que en estas escuelas pueden representar riesgo, peligro, tentación, y un posible desvío en el plan de vida que se tiene para ti. Al ‘otro’ generalmente se le discrimina por ser diferente, pues no entra en el estereotipo de lo conocido. Esto pareciera abiertamente contrario al primer mandamiento católico que dicta: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’”.

Y Regina finalmente salió de la burbuja, se contaminó del mundo real y creo que se desvió del plan de vida que le fue concebido, afortunadamente.

Ojalá más y más personas salgan de esa burbuja y se contaminen de la realidad, porque son éstas, precisamente, quienes dan a nuestro México la esperanza de un cambio.

¡Gracias, Regina, por tu compromiso con las mujeres, por tu valor, por tu entrega y por ser tú!

 

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El Mundo del Abogado