Verónica Román Quiroz

Verónica Román Quiroz

 

Discurso de Verónica Román Quiroz con motivo de la recepción del Premio a la Innovación Jurídica 2019, y laudatio a cargo de Ligia C. González Lozano.

  

Permítanme iniciar con la palabra que identifica este evento: innovar.

Innovar implica traer algo nuevo, algo adecuable con fines de mejoría constante a lo conocido, a lo fallido y a lo probado e implementado. 

Nuestra labor se traduce en constatar que invertir tiempo en lo útil y en lo inescindible optimizará la celebración de comparecencias y audiencias; agilizará los resultados deseados; garantizará las grandes y las pequeñas pretensiones; las de corto, mediano y largo plazos. 

Todo, porque la educación influye en los roles. Es nuestro deber sentir y reflejar la certeza de la pretensión ética y legítima en el Estado de Derecho. 

Llevo una vida vinculada a desarrollar y a enseñar técnicas y métodos jurídicos, estrategias académicas; a desarrollar y transformar los ejercicios de la defensa, de la asesoría jurídica pública y privada, del ministerio público y del juzgador.

Llamados a mis prácticas jurídicas y de ciencias o técnicas auxiliares, policías y peritos, como consultores jurídicos, los entreno para comprender lo que en cada etapa habrán de abonar, la expectativa de cumplir, y de no fallar a la cita porque sólo con su apreciación objetiva y leal habremos de dar justicia a víctimas y de proteger a inocentes, sin permitir que los tiempos muertos o las vueltas inútiles terminen por hacer de todos una víctima del sistema, porque el juez no podrá decidir, entre otros, en tanto no inmedie la prueba.

Estoy segura de que la educación y la formación de mentes que trabajan en comunión con los objetivos anunciados en la estructuración constitucional y legal de un modelo de justicia, en tiempos, en eficacia, en respeto irrestricto de los derechos, empieza por la conciencia, ésa que descansa y que se altera cuando, llegado el momento de aportar en los valores vivos de la justicia, se asoma, se reafirma, se ciñe cual garra fija a lo que sabe que es la única vía.

Es tan amplio el impacto que hemos logrado en el país, que aseguradoras han pedido una capacitación específica. Hemos innovado en el ofrecimiento de periciales que respaldan las conductas por demostrar. Con las pautas permanentes y las accesorias que en resultado llevan a la efectiva prueba de responsabilidad, de su ausencia, de una responsabilidad compartida, dando pie a la inmediata reparación integral de los daños, estamos formando perfiles que dan puntual atención a este sector, puesto que en múltiples entidades no se cuenta con expertos suficientes. Se les ha enseñado que toda intención probatoria parte de un debido conocimiento de los hechos, de las actuaciones agregadas, de saber las faltantes, para guiarlos en los planteamientos interdisciplinarios del arribo a conclusiones integrales y oportunas. De aprender a obtener, a conservar, a desahogar; de integrar a su práctica los ejercicios del refresco de memoria, de no incurrir en falsedades, de aclarar debidamente, de apoyarse en las proyecciones y en las evidencias que deben incorporar.

En todas mis visitas académicas infundo en el operador la idea de que invariablemente siempre existe un modo de lograr sus cometidos de cara al método desarrollado. En esas visitas me apoyo en mi compañero de vida, un rotafolio, un block y plumones de colores, empatizando con los intervinientes en aguante y en tiempos. Les hago tablas personalizadas, ejercito mi memoria y la de ellos; conjuntamente desenvolvemos la lógica jurídica, retamos en velocidad a nuestros cerebros para hallar la solución y el listado de temas a tratar en cada llamado ministerial y/o judicial. Lo perseverante se origina en mi personalidad; basta que me digan que no, para buscar el sí.

He aprendido y he demostrado a quienes me han oído que las violaciones no acaban cuando la norma se emite sin experiencia interdisciplinaria. Las violaciones continúan en la operatividad, influyen en lo sustantivo, en lo adjetivo, en lo ejecutivo. Y ahí es donde estamos convocados a innovar, a proporcionar ayuda al rol al que se destine la obligación de hallar respuesta.

Las prácticas que nos enseñaron, los conocimientos adquiridos, ocupan pureza y reflexión en el camino de la ética, evitando ocultamientos, fabricaciones. Sobreponerse en ritmo ininterrumpido implica un ejercicio probo de aceptar ejercer sólo si se cuenta ya con el cúmulo de herramientas idóneas.

En aras de la innovación he pedido no referir frases como las siguientes: “El programa delimita mi cátedra, no puedo salirme de él, el maestro ya lo expuso, la ley así lo regula, la omisión legislativa me lo impide, no debo resolver la pretensión expuesta por un sujeto procesal, porque no soy el juez de esa etapa, porque lo debe hacer el juez de otra instancia”.

No celebremos audiencias por catálogo, de pasos definidos, acatando estrictamente que el juez se ocupa de resolver una figura que acostumbra, porque en adición su tiempo así lo destina; porque eso no es innovar, sino actuar como máquina. En suma, apliquemos las mejores y las más trascendentes prácticas.

La estrategia jurídica abarca conocer el concepto positivo, describir por qué el exacto negativo no cabrá, por qué se debe valorar en armonía con la pretensión referida. Ésta da cada punto cardinal, garantiza el no olvido de una diligencia, que no quede corta otra, que no se dejen de citar los hechos que le atañen a la materia de prueba para resultar completa, lógica, necesaria, idónea, oportuna, eficaz e integral. 

El método exige que se memorice una tabla de elementos; ocupa disciplina, esmero, repeticiones en un primer momento, después un desarrollo lógico y secuencial, luego una ubicación sistemática, para lograr dar automáticamente su contenido y plasmarlo en una oralización y/o en un escrito.

Hemos logrado que se nos respete el derecho de una defensa activa, que se practiquen bajo protocolos las tomas de entrevistas de testigos sin presencia del Ministerio Público. Órganos judiciales, autoridades ministeriales, entes privados, han estado en conciencia despierta, resolviendo y contribuyendo a la obtención y el cuidado de la información que hay que llevar a los desahogos.

En nuestro andar hemos dejado claro, bajo innumerables intervenciones, que debemos trabajar con lo existente y construir lo faltante, exempli gratia, en las reglas y en las técnicas de litigación oral, en plazo y prórroga constitucional, en incidentes, en el rol determinado por parte de cada operador jurídico y de cada catedrático o formador.

La defensa formal y material vista en igualdad procesal debe tener fundamentos y motivaciones congruentes para apelar, para accionar contra una negativa o una incongruencia entre sus objetivos y lo mecanizado absurdamente por el poder que tiene de fungir como resolutor y protector de los derechos fundamentales y no lo hace.

¿Exagerada, minuciosa, meticulosa? Podría ser, pero lo que busco en mi diario ejercicio es garantizar el resultado de una expectativa social, de la individual y de la profesional. Influir en alguien marca el nacimiento de una escuela, de un deber profesional. Su continuidad está en cada uno y en su contribución puntual.

Agradezco a quienes me han dado ejemplos y cobijo intelectual y laboral, y han confiado en mí para servir en la experiencia litigiosa penal. Agradezco a mi familia, a quienes me acompañan físicamente en este acto y a quienes me acompañan desde la distancia.

Gracias infinitas a la revista El Mundo del Abogado y a su consejo editorial.

 

Verónica Román Quiroz

 


Laudatio

 

Cuando se entrega un reconocimiento por la excelencia en el ejercicio de la academia, profesión, arte u oficio, no puede escindirse a la persona que ostenta dicha excelencia para sólo laudar al gran ejecutor y no al ser humano que lo representa; dicho en otras palabras, sólo merece un premio el profesionista que tiene un comportamiento y un alma acordes con la más alta exigencia de la humanidad.

Me honra presentar a la doctora Verónica Román Quiroz, acreedora del Premio a la Innovación Jurídica que otorga la revista El Mundo del Abogado. Verónica innova en pensamiento, en comportamiento y en escritura. Su forma de trabajar con sistemas tecnológicos nos muestra que es simbiótica con los mismos. Siendo abogada, no es tradicional; es de la era digital, usa todos los modernos medios de comunicación, escribe con el nuevo lenguaje del Whatsapp como cualquier preparatoriano. Sin embargo, al redactar, sorprende a cualquier literato del siglo XIX, pues su forma de expresar las figuras jurídicas hace que uno se adentre en sus textos como si lo hiciera en una novela técnica de la doctrina del Derecho penal. Ella lleva capacitación a través del ciberespacio; ese es el hardware tangible de su gran capacidad de transmisión de pensamiento. Es la forma. El fondo, el software intangible, y aún más interesante en su generación, es la manera de atacar con ideas el Derecho, el modo de transmitir el pensamiento y la pasión con que lo hace. Éste es su carácter de maestra, aunque ella se llama “entrenadora”.

Me explico: ella ha innovado en la enseñanza, porque ante el reto de la implementación del nuevo sistema penal, en su etapa de capacitación, para cada perfil operativo del sistema de justicia penal (secretarios de estudio y cuenta, magistrados, jueces, ministerios públicos, asesores jurídicos, defensores, policías, peritos, consultores técnicos) debía invertir tiempo, pasos y métodos, y luego poner a prueba la metodología en simulaciones internas, con los propios allegados de Verónica, después con los operadores reales, de modo permanente, pero siempre con la expectativa de acumular experiencia, de desarrollar lógica jurídica, de compartir logros, de buscar mejores prácticas, y de conservar siempre la pretensión del representado como la propia, y la de alcanzar y permanecer en un estadio de justicia y de riqueza jurídica.

Verónica Román Quiroz ha logrado innovar en fiscalías, en el Poder Judicial, en institutos de defensoría y asesoría jurídica, en academias de policía, en institutos forenses, en despachos privados. Lo anterior, al demostrar por etapas jurídicas que los principios del debido proceso, los principios probatorios, las reglas y las técnicas de litigación oral penal, los derechos fundamentales, los principios de actuación procesal, imperan desde la investigación bajo sus principios, que transmite con gran pasión a sus pupilos y a sus colegas: dilaciones no, obstáculos tampoco, falsos temores aún menos.

De manera especial, ha combatido que la defensa —por muy pasiva que sea en estrategia— permita que se celebren sin razón audiencias judiciales con costos para los gobernados, pues se impacta en la prolongación absurda de etapas procedimentales.

Usando un método científico ha encontrado los puntos esenciales del proceso que hacen un gran cambio y ha promovido la disminución del tiempo de integración y desacreditación en las investigaciones, trayendo beneficios reales y evitando detrimentos tanto a denunciantes y querellantes como a investigados.

Desarrolló protocolos a seguir en actos y técnicas de investigación, haciendo de los responsables de las mismas auténticos y seleccionados estrategas que representan las voces de los órganos de acusación y de defensa, que allegan al juzgador de control la mejor opción, para decidir cuándo un caso amerita llegar a juicio oral. También inculca a los operadores la idea de que deben aspirar a que toda etapa y toda figura procesal no son sólo concepciones, sino reunión de límites, de cara a la protección de los derechos de las personas, sabiendo que lo vivido en un sistema de justicia penal, en antaño a través del amparo, es el símil del recurso eficaz, simple, y del instante ejecutado por ellos.

Los resultados hablan: “Por sus frutos los conoceréis”. Las historias que tienen influencia de este trabajo y de este diseño de Verónica se conocen en pasillos; se habla de la elevada calidad del que valora y resuelve, del que aporta para acusar o para defender. Por ello, el método implementado y ya demostrado por Verónica Román, no sólo en cátedra sino en audiencias, cubre el antes, el durante y el después procedimental que debe considerar cada uno de los operadores del sistema.

Sus premisas para permear el Derecho a los educandos, de múltiples niveles y de diversa experiencia son las siguientes: 1. hecho, derecho, prueba, argumentación, técnica convicción y verdad; 2. deducción y lógica en el proceso; 3. imágenes para aprender y tener pasión: flujogramas y mapas cerebrales de su autoría; 4. abstracción y conocimiento personal; 5. optimización de los tiempos del postulante; 6. reto, y 7. calidad.

Todo lo anterior aplicado porque ha impartido cátedra en universidades autónomas y privadas, en institutos de la judicatura local y federal, en las casas de cultura jurídica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y en institutos de formación profesional de las fiscalías generales de justicia de la Ciudad de México y estatales.

Su modelo lo pone a prueba cada vez que en algún momento le dan intervención, ya en la discusión de un paquete de reformas o en su posterior aplicación, y, por supuesto, en su ininterrumpida mejorabilidad.

Su paso por casi todos los estados de la República, en capacitación, en cursos y talleres, en asesorías de carpetas, dan puntual cuenta de los logros obtenidos y de la gratitud hecha llegar en líneas por mensajes en redes sociales. Gracias al modelo y a sus consejos pudo una familia y un individuo volver a vivir.

Gran persona. Esta profesional, apasionada académica, capacitadora, creció con un yo congruente a su ambiente familiar, seguidora de un padre que dejó huella en temas de seguridad nacional y privada, orgullosa de la madre que con ternura infinita le dedicó horas a su formación y a los valores que le arraigó con ejemplos, fijando misiones, disfrutando los frutos, teniendo siempre presente la cultura del esfuerzo individual y conjunto; así y sólo así ha logrado en distintos momentos varios reconocimientos.

Su familia es su mejor aplauso. Familiares desde cinco hasta 80 años de edad han aplaudido su entrega. Su más pequeña discípula, su sobrina, se ha hecho llamar la ministra. Impuesta ya de derechos y de responsabilidades, admira lo que su tía atraviesa, en distancias y se recuesta a su lado para dejar preparada una carpeta. Sus amigos empáticos comprenden las ausencias; replican su modelo y lo enriquecen con sus exactas apreciaciones. Aquellos que sólo por un video la conocen le piden tomarse una foto, detienen su paso. La reconocen en la calle o en las aulas y en recintos ministeriales o judiciales. Todos ellos afirman, además, su gran calidad humana.

Verónica innova en su ser y en su quehacer y nos inspira a innovar en el mundo del Derecho. Hoy necesitamos muchas Verónicas que nos recuerden que instituciones como el sistema acusatorio deben ver al futuro y no regresar al pasado que, probado está, no funcionó.

Muchas felicidades.

Ligia C. González Lozano

 

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