Al gobierno le harán falta contrapesos

Al gobierno le harán falta contrapesos

 

No hace falta haber leído al barón de Montesquieu para saber que un gobierno sin contrapesos acaba, tarde o temprano, en el autoritarismo y el desastre: “Todo hombre que tiene poder —escribió el insigne jurista francés en De l'esprit des lois— se inclina a abusar del mismo y no se contiene hasta que encuentra límites”. En nuestros días, el gobierno de Venezuela es un ejemplo de lo que pasa ante la ausencia de límites.

El primer beneficiado con los contrapesos suele ser, invariablemente, el propio gobierno: se ve obligado a ser prudente y plural; a atender las exigencias más sensibles de quienes le dieron su voto y su confianza y, al mismo tiempo, a determinar prioridades, sin apartarse de la ley. El check and balance, como lo llaman los ingleses, es uno de los secretos de todo país desarrollado.

Este check and balance, desde luego, no sólo consiste en la división de poderes —el que hace la ley no es el mismo que la aplica y el que la aplica no es el mismo que dirime las controversias derivadas de esa aplicación—, sino también en la presencia de medios de comunicación críticos y de una sociedad civil combativa. Todos ellos contribuyen a garantizar los equilibrios.

Ante los visos de autoritarismo de Andrés Manuel López Obrador, quien parece más interesado en demostrar que será honesto, reducirá sueldos y viajará en aviones de línea que en impulsar la generación y la distribución de la riqueza, necesitaremos contrapesos que le hagan frente. Ante la decisión del grupo morenista en el Senado de no permitir que la oposición ponga en tela de juicio sus iniciativas —sólo se concederá a los opositores cinco minutos para debatir—, se antojan urgentes.

Y lo que vemos en el México de hoy no es alentador: la Suprema Corte se pliega ante los intereses económicos y prefiere complacer a panificadoras y refresqueras antes que velar por el derecho a la salud de los mexicanos; el Tribunal Electoral marcha al son que le toquen, como acabamos de ver ahora que revocó la multa que el Instituto Nacional Electoral impuso a Morena por las flagrantes violaciones a las leyes de financiamiento de este partido; el Consejo de la Judicatura Federal mueve y remueve a los jueces para complacer al mejor postor… Ninguno da muchas esperanzas. Y de los poderes judiciales locales, mejor ni hablar.

Por otra parte, la mayoría de los medios de comunicación —urgidos de publicidad oficial— tampoco prometen convertirse en contrapesos. Con excepción de aquellos que no subsisten gracias al Estado, todo indica que se irán doblegando, poco a poco, en espera de que el nuevo presidente les indique qué decir y cuándo decirlo, aguardando con avidez un “se están portando bien”, lo cual les dará acceso a concesiones.

Las organizaciones de la sociedad civil, por su parte, han mostrado el vigor que se espera de ellas, pero ya el propio López Obrador ha expresado la desconfianza que le suscita su activismo y ha descalificado a más de una. Que estas organizaciones representan los intereses de sus sponsors es bien sabido, pero ésa es una razón a favor de que sean consideradas como interlocutoras en la constitución de nuestro Estado de Derecho.

“Para que no se pueda abusar del poder —sigue diciendo Montesquieu— hace falta que, por disposición de las cosas, el poder contenga al poder.” En estos momentos, es difícil vislumbrar cómo se contendrá al poder que se anuncia irrefrenable. ¿Habría que mirar a las calificadoras internacionales o a los “mercados”, como confían algunos?

 

Ángel M. Junquera Sepúlveda

Director 

 

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