Algo huele a podrido en el INAI

Algo huele a podrido en el INAI

En el nuevo INAI se han realizado más gastos inútiles que nunca —ahí está la inoperable Plataforma Nacional de Transparencia, que ha costado más de 20 millones de pesos— y se ha hecho añicos el sistema de servicio de carrera, que llevó 10 años construir. Guerra Ford se despacha con la cuchara grande, sus colegas se hacen de la vista gorda —“hoy por ti, mañana por mí”— y la Cámara de Diputados ni por aludida se da. Si tuviera dignidad, Guerra Ford debería renunciar.

Si el señalamiento que hizo Alonso Urrutia en La Jornada (23 de mayo de 2016) y amplió Salvador Camarena en El Financiero (30 de mayo de 2016) es falso, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) debe desmentirlo con vehemencia y a la brevedad posible. Pero, si es cierto, el INAI está en una crisis.

Según estos periodistas, el comisionado Óscar Guerra Ford utilizó en 94 ocasiones la tarjeta del Instituto para hacer gastos personales. Si en cualquier otro órgano esto sería grave, en el caso del encargado de la transparencia y la rendición de cuentas es gravísimo. Más aún si consideramos que el INAI es pieza seminal del Sistema Nacional Anticorrupción.

Para empeorar las cosas, su colega, Patricia Kurczyn, en lugar de dar vista a la Contraloría Interna, declaró que no había nada que justificar ni, tampoco, nada que informar a la sociedad. Mientras el INAI “exige” que la presidencia de la República proporcione todos los detalles de los gastos en giras internacionales, la comisionada responde que los gastos que hizo Guerra Ford no se darán a conocer, pues “se trata de recursos de un particular”, por lo que se consideraba información confidencial. Además, añadió la abogada, Guerra "ya solventó los gastos”.

¿Esto supone que si cualquier otro servidor público utiliza fondos de su dependencia o entidad para construir una alberca en su casa, comprar un automóvil a su mujer o financiar la campaña de algún candidato a diputado se trata de información confidencial? ¿Éste es el nuevo criterio del organismo encargado de la rendición de cuentas en México? ¿Son servidores públicos como Guerra Ford y Kurczyn los que garantizarán que se acabe la corrupción en el país? En ese caso, no son halagüeños los augurios.

De Guerra Ford no podía esperarse mucho, pero su colega debería desempolvar sus libros de Derecho. Lo que hizo Guerra Ford se llama peculado y, de acuerdo con el artículo 223 del Código Penal Federal, según los montos desviados, se castiga hasta con 14 años de prisión e implica destitución del cargo.

Dado que Guerra Ford pertenece a uno de los organismos autónomos de México, procesarlo exigiría un juicio político y una declaración de procedencia, de acuerdo con los artículos 110 y 111 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Pero ¿este requisito constitucional implica que los integrantes de un órgano autónomo puedan hacer lo que les venga en gana sin que nadie diga nada?

Para colmo, desde febrero de 2015 el INAI no tiene titular de la Contraloría Interna, cuya designación depende de la Cámara de Diputados. A juzgar por los hechos, nuestros legisladores tampoco están interesados en que funcione el INAI ni el Sistema Nacional Anticorrupción. Lo que nos demuestra el caso de este audaz comisionado es que no hace falta un “sistema anticorrupción”: bastaría aplicar las leyes que ya tenemos para librarnos de esta plaga.

No parece adecuado que un servidor público tome prestado del erario para comprarse una televisión, pagarse unas vacaciones en Acapulco o —¿por qué no?— financiar una campaña política, aun si luego repone lo sustraído en cómodas mensualidades. Si esto es así, debemos ofrecer a Andrés Granier, ex gobernador de Tabasco, que pague lo que debe y dejarlo salir de prisión. Los corruptos pueden dormir tranquilos. Basta que repongan lo que tomaron prestado y listo. El mensaje que envía el INAI es desolador.

Con todas las insuficiencias que tuvieron los comisionados en las diversas conformaciones del desaparecido IFAI, jamás hubo un caso que envileciera a la institución como éste. En el nuevo INAI se han realizado más gastos inútiles que nunca —ahí está la inoperable Plataforma Nacional de Transparencia, que ha costado más de 20 millones de pesos— y se ha hecho añicos el sistema de servicio de carrera, que llevó 10 años construir. Guerra Ford se despacha con la cuchara grande, sus colegas se hacen de la vista gorda —“hoy por ti, mañana por mí”— y la Cámara de Diputados ni por aludida se da. Si tuviera dignidad, Guerra Ford debería renunciar. La sociedad está harta de abusos como los suyos. Los tres órdenes de gobierno deberían preocuparse por castigar el mal uso del presupuesto público. Con estas “concesiones”, todos salimos perdiendo.

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