La hora de los colegios

La hora de los colegios

“No recuerdo haber visto tan pasmada a la oposición como ahora”, escribe Gabriela Warkentin en El País (13 de febrero de 2019). “Ni a todos aquellos sectores que sienten que una aplanadora les pasó por encima. Pasmados, enojados, asustados. Y, por encima, mudos o insignificantes”.

No le falta razón. La pregunta que hay que formular es: ¿cuánto tiempo más seguirán pasmados, enojados, asustados y mudos estos sectores ante la gestión de Andrés Manuel López Obrador? Todos sabemos que el triunfo de éste se debió, en buena medida, a la arrogancia del gobierno anterior. Pero enterarse de las causas no basta.

Durante años, en México se gobernó para unos cuantos, como aquí lo dijimos muchas veces. Se permitió que un puñado de políticos y empresarios se enriquecieran, de modo intolerable, al margen de la ley. Quienes votaron por Morena votaron para echar a los corruptos, pero, también, para alcanzar mejores niveles de vida, un mejor gobierno y un mejor país. ¿Lo vamos a conseguir? Lo único que tenemos claro hasta ahora es que el poder ha cambiado de manos.

“Estamos viviendo un gatopardismo”, denunció Alejandro Lajous en el Senado, al criticar la Guardia Nacional: “El presidente criticó el militarismo, pero ahora quiere darnos más de lo mismo, cambiando los nombres”. Y, quizás, este gatopardismo no se limite a la Guardia Nacional…

Más allá de que nos satisfaga o no el modelo presidencialista y ultranacionalista de López Obrador, más allá de que creamos en la centralización que está llevando a cabo, la defensa del Estado de Derecho y de las instituciones no puede claudicar. ¿Quién debe, pues, agarrar la estafeta y plantar cara en nombre de uno y las otras?

¿La oposición política? Los perredistas están hechos añicos, los panistas no logran superar sus luchas internas y los priístas sólo están viendo cómo salvar lo que queda, cediendo aquí y allá para evitar represalias.

¿Las nuevas generaciones, a las que dedicamos la portada de este número? A pesar de su impulso y compromiso, aún no poseen las herramientas suficientes para hacer valer el Estado de Derecho.

En este escenario, los abogados en ejercicio debemos abandonar nuestra zona de confort y reagruparnos para convertirnos en voceros de la sociedad. Esto no podremos lograrlo solos, pero sí a través de los colegios.

Si, durante años, la colegiación obligatoria no cuajó, se debió a tres obstáculos: los abogados que se sentían más cómodos sin controles técnicos y éticos (¿por qué tengo que certificarme?, ¿por qué tengo que transparentar mi actuación?); los colegios estatales, que no se sentían representados (¿por qué vamos a dejar que un colegio de la Ciudad de México nos coordine?), y, sobre todo, el temor del gobierno en turno de contar con un cuerpo politizado que se convirtiera en conciencia jurídica del país, a contrapelo de lo que ese gobierno pretendiera hacer con la Constitución y las leyes.

Pero esto empieza a cambiar. Frente a la Cuarta Transformación, muchos abogados se están dando cuenta de que, como dice el Eclesiastés, “si alguien pudiera subyugar a uno solo, dos juntos podrían mantenerse firmes contra él”. Hoy, la desunión puede acarrear costos altísimos. Si esta concepción progresa podríamos librar el primer obstáculo.

Por otra parte, José Mario de la Garza acaba de estrenarse como presidente del Consejo Nacional de la Abogacía. El activismo que desplegó como presidente de la Barra Mexicana nos hace concebir esperanzas de que podemos convertirnos en una voz influyente. El Consejo Nacional de la Abogacía es un colegio de colegios y fue concebido, precisamente, para reagrupar y dar voz y voto a todos los colegios del país. Un consejo así nos permitiría librar el segundo obstáculo.

En cuanto al tercer obstáculo, los abogados estamos obligados a salvaguardar el espíritu constitucional y el respeto a la ley. Exigir la división de poderes, pelear por el Estado de Derecho y generar la confianza para que en México exista inversión interior y exterior, sin las cuales no hay crecimiento. La pregunta es: ¿estaremos a la altura del desafío?

 

Ángel M. Junquera Sepúlveda

Director

  

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El Mundo del Abogado