¿Legalizamos la marihuana?

¿Legalizamos la marihuana?

 

Al proponer la legalización de la marihuana en Quintana Roo, Baja California y otros centros turísticos para, así, reducir la violencia en México, Enrique de la Madrid, secretario de Turismo, se quedó corto. Ante el corredor geográfico donde el cultivo y consumo de marihuana están permitidos —Alaska, Canadá, Washington, Oregon y California—, uno no tiene más remedio que preguntarse por qué hay tanta oposición para que se legalice el consumo de esta planta no sólo en los puntos que señaló De la Madrid sino en todo el país.

“El uso de la hierba es ilegal porque provoca daños a la salud”, declaró contundente el secretario de Gobernación. Pero ¿alguien habrá informado a este servidor público que estragos a la salud también los provocan pan dulce, refrescos, helados, dulces, chocolates, tabaco y, sobre todo, el alcohol? ¿Debemos poner tras las rejas a panaderos y a personas obesas?

En el caso del alcohol, los daños que éste provoca son mucho mayores. ¿Por qué, entonces, ni Gobernación, ni Salud han emprendido una intensa campaña para que se prohíba la producción, distribución y consumo del alcohol? Casi en 40 por ciento de los accidentes de tránsito está involucrado el alcohol, lo mismo que en buena parte de los delitos violentos. Muertes, lesiones y daños materiales se reducirían si se prohibiera el alcohol.

Nadie habla de la prohibición, desde luego, sino de la falta de congruencia del discurso oficial. De hecho, cuando el bien intencionado presidente Woodrow Wilson prohibió el consumo de alcohol en Estados Unidos, a través de la enmienda XVIII constitucional, lo único que logró fue provocar una ola de violencia descomunal. Una década después el presidente Franklin Delano Roosevelt lo autorizó y, mediante la enmienda XXI, anuló la XVIII. La violencia se redujo casi como por arte de magia.

Si realmente interesara tanto a nuestras autoridades la salud de nuestros niños y jóvenes habría que prohibir, desde hoy, alcohol, pan dulce, refrescos, caramelos, chocolates y tabaco. Ante la indiferencia gubernamental de estos productos que generan diabetes, hipertensión, obesidad y cáncer pulmonar, no es sostenible el argumento del secretario de Gobernación.

Una gran cantidad de soldados, marinos, policías, agentes del Ministerio Público, jueces, secretarios de juzgado, magistrados y custodios se dedican a detener, perseguir en los tribunales y poner tras las rejas a quienes sorprenden con más de cinco gramos de marihuana. Su eficiencia no se ha hecho esperar: de cada 10 mujeres que hoy día están en prisión, al menos cuatro llegaron ahí por ser sorprendidas con más marihuana de la que permite la Ley General de Salud. ¿Es razonable?

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