Los delitos que vienen

Los delitos que vienen

 

Los días 9, 10 y 11 de marzo, en el Salón Morelos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, se llevó al cabo un congreso internacional cuyo nombre debiera despertar nuestro interés: “Prevención de delitos emergentes”. Fue organizado por la Procuraduría General de la República, la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en México (ONUDC), y reunió a especialistas de diversas áreas del conocimiento para hablar sobre las conductas delictivas que empiezan a cobrar dimensiones preocupantes en el mundo.

 

Cuando todos hablan de terrorismo y narcotráfico, una nueva generación de conductas criminales se desplaza en el ámbito de la globalización para poner contra la pared a gobiernos, a empresas y al hombre de la calle. No es que estos delitos no se hubieran dado antes, pero el acceso a nuevas tecnologías y la facilidad con que pueden hacerse movimientos financieros sin que nadie los detecte les da características que no podemos pasar por alto. Ya no.

En el congreso se habló profusamente de los delitos cibernéticos y de las operaciones millonarias que, con un clic, pueden hacer que una enorme cantidad de dinero pase de una cuenta bancaria en Miami a una cuenta en Singapur. También de aquellos delitos relacionados con la identidad, que permiten que un individuo clone una tarjeta de crédito de otro o, incluso, “tome prestada” una identidad distinta a la suya. Los casos que se expusieron —muchos de ellos con resultados favorables para los delincuentes— deben alertarnos sobre lo vulnerables que somos todos al respecto.

Se consideraron, desde luego, los delitos cometidos contra el medio ambiente y el tráfico de bienes culturales. De este último se resaltó la hipocresía de muchos gobiernos que, aduciendo su interés en frenarlo, compran y venden objetos que pertenecieron a otras civilizaciones, para exhibirlos en sus museos. Los mármoles del Partenón, sin ir más lejos, que se pueden visitar en el British Museum de Londres…

También se abordó el tema de los delitos contra las industrias extractivas —el robo de petróleo, en particular—, el tráfico de órganos y el amaño de partidos deportivos y las apuestas ilegales e irregulares que, sin lugar a dudas, son cada día más frecuentes y que, contra lo que pudiera imaginarse, mueven millones de dólares y afectan no sólo a los sistemas económicos sino al sentido mismo de una justa deportiva.

Cuando todo se convierte en objeto de mercado, coincidieron muchos de los conferencistas —da igual si se trata de un riñón o de un partido de futbol— algo no está funcionando en nuestra comunidad. Si a esto sumamos que unos cuantos se enriquecen a costa de otros muchos, el esquema es inquietante.

Entre los ponentes estuvo el presidente de la Condusef, el director de la Interpol/México, el abogado general de Pemex, los jefes de la policía cibernética de la Federación y de la Ciudad de México, el jefe de la Gendarmería y servidores públicos y académicos de México y el mundo que plantearon un panorama no muy halagador.

Hay que felicitar a Arely Gómez, a Claudia Ruiz Massieu y a Antonio Mazzitelli, representante de la ONUDC en México, por haber tomado esta iniciativa y propiciar un debate tan necesario en nuestros días. Contemplar lo que viene, lo que se anuncia, puede ayudarnos a prevenirlo si, desde ahora, instrumentamos las reformas legales e impulsamos las políticas públicas adecuadas.

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