Los migrantes: tiene razón Ebrard

Los migrantes: tiene razón Ebrard

El tema de la migración centroamericana enfrenta a los mexicanos. Algunos piensan que la fraternidad y la solidaridad universales no permiten la indiferencia: si “nuestros hermanos” padecen la persecución de las dictaduras de Cuba, Nicaragua o Venezuela; si sufren la pobreza que han acarreado corrupción e ineptitud gubernamental en Honduras o El Salvador, México está obligado a tenderles una mano, sea para que crucen nuestro país con rumbo a Estados Unidos o para que se queden a vivir y progresar en México.

Las imágenes del salvadoreño Alberto Martínez y su hija de un año, ambos ahogados en el Río Bravo cuando intentaban cruzarlo “para salir de la pobreza”; la muerte de Briseida Chicas, la joven guatemalteca de 20 años que murió deshidratada junto a su hijo y dos sobrinos, en Anzaldúas, Texas, o el hallazgo del refugio donde, en esa misma entidad de Estados Unidos, languidecían 300 indocumentados, da fuerza a sus argumentos.

“Rechazar al extranjero se llama xenofobia y es anticristiano”, declaró el presidente Andrés Manuel López Obrador, recordando al Luis Echeverría más cosmopolita de sus mejores días: “Tenemos que dar buen trato a los seres humanos que hayan nacido en cualquier parte del mundo… o en cualquier parte del universo” [sic].

Por otro lado, sin embargo, están los que exigen que primero garanticemos alimentación, salud, vivienda, educación y trabajo a los mexicanos y que sólo entonces nos pongamos a practicar el altruismo. ¿Cómo vamos a dar trabajo a nicaragüenses y a cubanos no calificados cuando hay tanto mexicano no calificado que también necesita trabajar para mantener a su familia? Llenar el país de indocumentados, añaden, sólo elevará los índices delictivos.

Entre quienes piensan así hubo júbilo cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvo éxito al exigir a México controlar sus fronteras, so pena de aumentar 5 por ciento de impuestos mensuales a las exportaciones del país. “Trump nos ha hecho un gran favor”, dijeron al unísono. Algunos de los que temían su reelección, hoy la desean.

El innegable aumento de los índices delictivos en México, la falta de control fronterizo en Chiapas o la estupefacción de la Secretaría de Gobernación cuando admitió que no tenía idea cómo o cuándo habían ingresado al país más de 140,000 indocumentados que fueron detenidos en Estados Unidos mientras intentaba cruzar, da argumentos a este grupo: ¿ni siquiera sabemos quién entra a México y por dónde? ¿Qué hacen, entonces, nuestros servicios migratorios?

Tras la negociación con Trump, Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, anunció que habrá control fronterizo y que de ello se encargaría la Guardia Nacional. No se trata de cerrar los brazos a quienes necesitan nuestro apoyo, pero ese apoyo no puede darse de manera discriminada. Para eso existe la ley.

Independientemente de que establezcamos albergues temporales o “ciudades de migrantes”, como han sugerido algunas autoridades de Nuevo León, en cualquier país del mundo desarrollado se lleva un registro minucioso de quién entra y quién sale de un territorio; de qué buscan y qué ofrecen los migrantes… Si México aspira a ser un país moderno, no puede ser la excepción.

 

Ángel M. Junquera Sepúlveda

Director

 

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