Tres retos para López Obrador

Tres retos para López Obrador

Más allá de las medidas espectaculares que ha anunciado —establecer delegados que acoten a los gobernadores o llevarse las secretarías de Estado a distintas entidades federativas—, Andrés Manuel López Obrador tendrá que afrontar tres retos impostergables. Resolviéndolos, de algún modo podrá resolver también los temas de educación, seguridad pública y abasto.

El primero es la competencia económica. Es difícil aspirar a una clase media pujante, que produzca y consuma —y al mismo tiempo que genere proyectos de innovación y mejoras—, cuando nuestra economía está feudalizada.

En el ámbito de la cerveza, por ejemplo, Modelo tiene el 60 por ciento del mercado y Cuauhtémoc Moctezuma, el 40. En refrescos, Coca-Cola posee el 75 por ciento y PepsiCo el 20. En televisión, Televisa tiene el 56 por ciento y TV Azteca el 38. En pan, Bimbo posee el 70 por ciento; en cemento, Cemex el 87 y Apasco el 12, y así, ad infinitum

Esto explica, en buena medida, nuestro índice de Gini, que revela cómo 10 por ciento de la población tiene acceso a 70 por ciento de la riqueza nacional, mientras 90 por ciento tiene el 30 por ciento restante. “La desigualdad no es un problema como tal”, pontifican algunos economistas. Y tienen razón. Pero la desigualdad es la madre de la mayoría de nuestros problemas y quizás una nueva refinería y becas para los ninis no serán suficientes. No se trata de aplicar los infames programas comunistas, como los de Cuba y Venezuela, cuyo estrepitoso fracaso ya avaló hasta Noam Chomsky, pero sí de abrir la competencia a través de incentivar a unos y dejar de proteger tan abiertamente a otros.

El segundo tema que hay que combatir está ligado con el primero: la corrupción. Las empresas fantasmas de las que hemos tenido noticias a últimas fechas deben ponernos los pelos de punta. Es cierto, como lo señala Luis Pérez de Acha, que ni son empresas (no producen bienes ni brindan servicios) ni son fantasmas, dado que están constituidas legalmente. Samex, en Chihuahua; Construcciones Padrín, en Quintana Roo, y Carirrey, en Veracruz, son sólo ejemplos del modo en que pueden desviarse las cantidades que se quieran, dado que no existen sistemas eficaces de rendición de cuentas. Hay que crearlos, pues los actuales han probado su ineficacia.

Los 30,000 millones de pesos que malversó Javier Duarte pudieron utilizarse en erigir hospitales, construir tribunales y educar a miles de niños, programas, todos estos, que cualquier candidato de cualquier partido político enarbolaría entusiasmado.

Pero no es reduciendo los sueldos de los servidores públicos y haciendo que los burócratas trabajen los sábados como se combatirá el problema. La mayoría de los burócratas mexicanos son trabajadores honestos, cuya principal tarea consiste en regular operaciones bancarias, industriales y comerciales, que no pueden dejarse a la mano de Dios. Si López Obrador quiere pasar a la historia como un buen presidente, tendrá que aprovechar el talento y la buena disposición de los recursos humanos con los que cuenta. Humillarlos sólo provocará que acabe rodeado de personas incompetentes, ávidas de sacar raja de donde puedan…

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