¿Cree usted que tenemos una Suprema Corte independiente?

¿Cree usted que tenemos una Suprema Corte independiente?

 

Miguel Carbonell

La Suprema Corte de Justicia de la Nación resuelve cada año miles de casos que no guardan ninguna relación con el mundo de la política, sino con la vida y con los derechos de personas de carne y hueso, simples ciudadanos de a pie. En todos esos casos podemos, desde luego, discutir la mayor o menor calidad de los razonamientos esgrimidos en la sentencia, la profundidad con la que se estudió el caso, la amplitud de los fundamentos jurídicos citados, etcétera, pero no creo que nadie diga que los fallos fueron emitidos por presiones a los ministros o por su falta de independencia. En ese sentido, podemos decir que tenemos una Corte independiente.

Respecto de los casos con un perfil más político, es obvio que tanto en el pasado como seguramente en el futuro los gobiernos y los actores políticos han intentando hacer que prevalezcan sus intereses. Podríamos discutir hasta el cansancio si esos intentos han sido realizados por medios legítimos o no, pero los propios actores han reconocido que se busca obtener sentencias favorables a las instituciones gubernamentales, incluso en casos en que se han dado violaciones evidentes de derechos humanos. Tanto el ministro Arturo Zaldívar como la ministra Olga Sánchez Cordero reconocieron que hubo presiones en casos como el de la guardería ABC y en el de Florence Cassez. Y seguramente también en otros. ¿Eso pone en duda la independencia y la autonomía de la Corte? No lo creo. Lo que hay que hacer es fijarnos en la calidad argumentativa de sus integrantes. Esa debe ser nuestra principal preocupación y nuestra permanente exigencia a los ministros.

 

Antonio M. Prida

Desafortunadamente nuestra Suprema Corte no es suficientemente independiente, lo cual deriva de la forma en que sus ministros son designados. En la coyuntura actual un excesivo número de ministros son afines políticamente al presidente de la República, lo cual no enriquece sus deliberaciones. Si bien la Corte resuelve conforme a Derecho y no con criterios políticos, la pluralidad ideológica en ese órgano colegiado es fundamental. La desaseada forma en la que uno de sus integrantes recientemente fue obligado a renunciar, puso en evidencia su fragilidad.

 

Gonzalo Martínez Pous

Afortunadamente, México cuenta hoy con una Suprema Corte de Justicia de la Nación que goza de independencia y autonomía respecto de los otros poderes de la Unión, particularmente del Poder Ejecutivo. La única forma de corroborar esto con objetividad es con base en sus determinaciones, que claramente al día de hoy demuestran que actúa con plena independencia. Sin embargo, dicha calidad depende en gran medida de la conformación de este órgano colegiado, por lo que en los próximos años habría que volver a realizar un análisis concienzudo para corroborar qué tanto sus determinaciones se alejan de los intereses del gobierno en turno y se apegan al orden constitucional y legal. En los próximos meses y años, la Suprema Corte tendrá que resolver casos emblemáticos respecto de obras de infraestructura, programas de gobierno y reformas legales y constitucionales mediante las cuales quedará comprobado si sigue gozando o no de esta calidad de independencia, que es fundamental para el orden jurídico y la vida democrática de México.

 

Segundo García Hinojos

Veo una Corte totalmente dividida y con tendencias polarizadas: una de ellas, con independencia total respecto del Ejecutivo; la otra, sumisa a las decisiones del titular de este poder, y una minúscula (dos ministros) al centro, atendiendo más al contenido de la Constitución que a sugerencias ajenas a ella. Pronto, sin embargo, prevalecerá sin duda (y por desgracia) la postura de sumisión y dependencia. La postura de su presidente abona a este desenlace. Sólo algo extraordinario podría evitar que así aconteciera.

 

Gonzalo Sánchez de Tagle P.S.

Por independencia debemos entender la autonomía como órgano y como función. El primer concepto implica que las personas que son propuestas por el presidente para integrar la Suprema Corte de Justicia de la Nación deben contar con experiencia probada, probidad e independencia política, fuera de toda duda. Así como respetar los principios de inamovilidad e irreductibilidad de salarios. En el segundo caso, como función, la independencia consiste en el adecuado ejercicio de sus funciones de control constitucional (protección de derechos humanos, supremacía constitucional y división de poderes), sin intromisiones ni injerencias de ningún tipo, aun cuando se trate resoluciones populares o casos de alto perfil político. Es una cuestión de forma y fondo que, invariablemente, se vinculan recíprocamente. La independencia de la Suprema Corte es una labor cotidiana que requiere de esfuerzos institucionales constantes de parte de demócratas convencidos.

 

5559-2250 / 5575-6321 / 5575-4935 - Aviso de Privacidad - Términos y Condiciones

El Mundo del Abogado