¿Cuáles son las aportaciones de la Academia Mexicana de Ciencias Penales?

¿Cuáles son las aportaciones de la Academia Mexicana de Ciencias Penales?

 

Manuel Vidaurri Aréchiga

A ocho décadas de su fundación, la Academia Mexicana de Ciencias Penales se muestra vigorosa y en plena actividad, enarbolando el mejor y más avanzado pensamiento científico en las disciplinas que le son inherentes. No se tiene noticia de otra agrupación de esta naturaleza en el continente que no sólo haya desplegado una labor de tanto calado, sino que haya permanecido en el tiempo, prodigando ideas, análisis, reflexiones y propuestas críticas en su amplio campo de conocimiento. Quienes la integran son destacadísimas personalidades de las ciencias penales, cuya obra escrita, docente e investigadora ha contribuido a la formación de especialistas en todo el país, en beneficio de las instituciones universitarias y de aquellas otras que forman parte del sistema de justicia penal.

 

Alberto E. Nava Garcés

Con la fundación de la Academia se logró ubicar al Derecho penal en el concierto del pensamiento cultural de México. El grupo de intelectuales y juristas que la fundaron tuvieron la visión de agregar a sus filas a los penalistas más importantes de la época. Verdaderos académicos que tenían como fin desarrollar el pensamiento en el área del Derecho que les correspondía, así como las ciencias auxiliares con las que practica el conocimiento. Hoy por hoy, la Academia se constituye como el paradigma de las ciencias penales en el país.

 

Luis Rafael Moreno González

En lo que respecta a la criminalística, se impulsó la aplicación del método científico y las técnicas modernas analíticas, tanto químicas como instrumentales, en los laboratorios de criminalística de todas las entidades federativas. Se logró que la investigación científica de los delitos pasara a la etapa científica. Por vez primera, se establecieron las reuniones anuales de los expertos en criminalística para intercambiar experiencias y logros.

 

Miguel Ángel Mancera Espinosa

Desde que fue fundada en 1940, la Academia ha agrupado a las y los penalistas más destacados del país. Por ello, su misión ha estado encaminada a cultivar el estudio del Derecho penal y de las ciencias relacionadas con él, a fomentar una política de Estado que disminuya la criminalidad y proteja a las personas, y a como colaborar con los órganos de la administración pública.

A través de su órgano de difusión, la revista Criminalia, ha comunicado el pensamiento de esta importante comunidad académica, la cual, además, ha influido de manera decisiva en la fundación de otros institutos y sociedades.

La Academia ha participado activamente en la construcción de diversos ordenamientos propios de su objeto de estudio y en esta tarea ha contado con la aportación de eminentes personajes de la ciencia penal, como Sergio García Ramírez, Olga Islas de González Mariscal, Luis Rodríguez Manzanera, Victoria Adato Green, Ricardo Franco Guzmán y Francisco H. Pavón Vasconcelos, por mencionar sólo a algunos.

A sus 80 años, la Academia está más vigente que nunca y refrenda su compromiso con la sociedad, con las juventudes que gustan de la ciencia penal y, de manera preponderante, con seguir siendo un factor de análisis y de cambio en la política criminal mexicana. En este aniversario y siempre, es un orgullo ser académico de número de esta organización.

 

Ricardo Franco Guzmán

Se puede afirmar que el desarrollo de las ciencias penales en México se debe a las múltiples actividades realizadas a partir del 21 de diciembre de 1940, fecha del nacimiento de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, por los doce distinguidos juristas que la crearon y por todos los que la seguimos integrando hasta la fecha, en sus diversos ámbitos, como son el de la enseñanza en las universidades, en los estudios doctrinarios escritos, en la elaboración de las normas legales en las cámaras de Diputados y de Senadores, en la aplicación de las respectivas leyes en la procuración e impartición de justicia y en el litigio en los foros nacionales e internacionales, lo cual se puede comprobar con la lectura de los curricula vitarum de sus miembros, que suman varios miles de hojas.

 

María de la Luz Lima Malvido

Tengo 34 años de haber ingresado a la Academia y en este tiempo me he percatado de la influencia que han tenido sus miembros, que no sólo hemos estado detrás de un escritorio como investigadores —lo cual es muy meritorio, por no es suficiente, pues es necesario involucrarse en la vida pública nacional—, sino que hemos participado en los tres poderes de la Unión, en organizamos autónomos, en organizaciones nacionales e internacionales, así como en grupos de expertos.

El pensamiento de sus miembros ha permeado la doctrina penal, creando proyectos de ley —varias de esas normas siguen vigentes—, como consultores y como diputados y senadores. Desde el poder Ejecutivo federal y del Distrito Federal se han detonado políticas públicas exitosas en el sistema de justicia. Los miembros hemos participado como tomadores de decisiones, como procuradores y subprocuradores de la República y del Distrito Federal, como presidentes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y del Distrito Federal. Y en el Poder Judicial, desde la Suprema Corte de Justicia hasta magistraturas de diversos niveles. Asimismo, nuestra participación en la docencia va desde la rectoría de instituciones educativas, la dirección de facultades y de departamentos de posgrado e investigación, hasta cátedras en las que se han formado miles de profesionales y se han despertado vocaciones tempranas.

 

Jesús Zamora Pierce

Son muchas las aportaciones de la Academia. Destaco ahora una sola que, tal vez, no resulta inmediatamente evidente: reunir a los más destacados estudiosos de las ciencias penales. Provenientes de la judicatura (magistrados, ministros de la Suprema Corte e incluso un presidente de la misma y un presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos), del Ministerio Público (procuradores), abogados defensores, criminalistas y criminólogos, los académicos aportan una gran y diversa experiencia y un conocimiento enciclopédico del tema del que se ocupan. Por ello, la Academia es más que la suma de sus partes.

 

Roberto A. Ochoa Romero

Durante sus 80 años de existencia, la Academia ha sido un referente incuestionable para el estudio, el diseño y la aplicación de las leyes penales en México. Su presencia y participación constante en el debate nacional sobre los diferentes aspectos del sistema de justicia penal ha influido en la orientación de las políticas públicas en la materia, privilegiando siempre el respeto a los derechos humanos.

La Academia ha estado atenta y se ha pronunciado abierta y firmemente sobre cuestiones actuales del sistema de justicia penal nacional: desde el diseño constitucional del llamado sistema procesal penal acusatorio, hasta sus más recientes adecuaciones en materia de medidas cautelares y suspensión condicional del proceso.

En definitiva, las aportaciones de la Academia han enriquecido el debate y la toma de decisiones en materia de justicia penal nacional.

 

Jorge Nader Kuri

La principal —aunque no la única— aportación de la Academia al desarrollo de las ciencias penales ha sido la revista Criminalia, fundada en 1940, y que hoy constituye un referente en investigación y divulgación de las ciencias penales a escala internacional. De hecho, Criminalia motivó la fundación de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, nueve años después de la aparición de su primer ejemplar.

Criminalia ha sido el cauce por el que penalistas, procesalistas, criminólogos, criminalistas y penitenciaristas de todo el orbe han promovido el avance de las ciencias penales a escala internacional; y no han sido pocas las ocasiones en que sus aportaciones han documentado e influido la creación de normas generales y de criterios interpretativos obligatorios en distintas partes del mundo.

Sin lugar a duda, la Academia, de la mano de Criminalia, y con la inspiración de las y los académicos de número que la conforman, así como de quienes participan como miembros correspondientes nacionales e internacionales, ha contribuido desde hace 80 años, y en distintas formas, a la interpretación, orientación y actualización de las ciencias penales, de manera proactiva, consistente y, sobre todo, fundamentada en la argumentación científica.

 

Olga Islas de González Mariscal

La Academia nació impregnada del prestigio y reconocimiento muy merecido de sus fundadores, siempre atentos a la evolución de las ciencias penales. Varios de los fundadores fueron redactores del Código Penal de 1931, que, no obstante, haber sido objeto de múltiples reformas, permaneció vigente hasta 2002.

Los grandes maestros que han dejado huella indeleble, por su trascendente obra escrita y por sus enseñanzas en la cátedra, han sido miembros de la Academia (todos los integrantes de la Academia tienen obra escrita). Entre ellos, Raúl Carrancá y Trujillo, Mariano Jiménez Huerta, Alfonso Quiroz Cuarón y Celestino Porte Petit, quien introdujo en México la dogmática jurídico-penal.

Una contribución sobresaliente de la Academia se debe al empeño incansable del académico Sergio García Ramírez, quien, desde la Subsecretaría de Gobernación, logró la creación (el 26 de junio de 1976) del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), institución de prestigio internacional con más de 40 años de vida fructífera.

 

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