Enrique Peña Nieto

“El enfoque jurídico ha determinado mi desempeño político”

Enrique Peña Nieto

 

Antes de ser presidente de la República, Enrique Peña Nieto es abogado. Y lo seguirá siendo en ocho meses, cuando haya concluido su encargo constitucional. Por eso, aquí sostengo un diálogo con él, más para hablar de su sentir como abogado que para dilucidar temas políticos. Desde luego, algunas preguntas de carácter político son inevitables…

 

 

¿Qué lo decidió a convertirse en abogado, señor presidente?

La flexibilidad de la carrera. Me explico: la licenciatura en Derecho es una carrera versátil. Tiene un campo de acción profesional de gran amplitud. Lo mismo puedes desarrollarte en la academia, en el foro, en las corporaciones o en la política. Un abogado encontrará innumerables puertas abiertas para desempeñarse laboralmente. Esta flexibilidad fue la que me decidió a estudiar Derecho.

 

¿Qué asignatura fue la que más le agradó mientras estudiaba la carrera?

Prácticamente todas. Recuerdo, especialmente, las clases de Obligaciones, Derecho romano y Derecho fiscal.

 

¿Cuál fue la que menos le gustó?

No recuerdo alguna que no me haya gustado, aunque, desde luego, tuve maestros mejores que otros y eso, lo queramos o no, hace que algunas asignaturas nos resulten más atractivas que otras.

 

¿Cuáles son los profesores que más gratamente recuerda usted en la universidad?

Entre ellos, Jaime del Arenal, Fausto Rico, Alberto Pacheco, Agustín López Padilla, Alejandro Mayagoitia e Ignacio Borja Martínez.

 

¿Qué ventajas tiene para un político poseer una formación jurídica?

La lógica jurídica tiene como propósito resolver problemas, buscar acuerdos, dirimir controversias; buena parte del trabajo de un político se orienta a ello. Echar mano de esta lógica, de este enfoque jurídico, ha determinado mi desempeño político. Una autoridad sólo puede hacer lo que la ley le faculta expresamente, por lo que conocer de leyes es fundamental para un servidor público. Estar consciente de los límites de la cancha en la que le toca jugar es fundamental.

 

¿Qué desventajas tiene esta formación?

Hay abogados muy exitosos que litigan, que dirigen empresas, que se dedican a la investigación o a la academia. A todos ellos les ha sido útil la visión a la que me he referido, aunque —lo admito— desde diversos ángulos. Así ha sido en mi caso, lo que me convierte en un enamorado de mi profesión. Si he de ser franco, no encuentro ninguna desventaja en ella.

 

¿Cuál es la actividad que más le agrada de sus funciones cotidianas?

El contacto con la gente. Lo he dicho muchas veces y de varias maneras: la cercanía con mi familia, con mi esposa y la convivencia con las personas en alguna gira, en algún evento, son la más potente fuente de energía para seguir trabajando con pasión. Estar en contacto con la gente es la mejor manera de entender sus necesidades, de palpar sus preocupaciones y de pulsar los avances y los retos en la instrumentación de los programas de gobierno.

 

¿Cuál es la que menos le agrada?

Cuando después de una gira o una exhaustiva jornada de trabajo tengo que dedicar la última parte del día a la grabación de un video.

 

¿Hay alguna que francamente le disguste?

Me disgusta llegar a la oficina y que mi secretaria me reciba con un cúmulo de papeles pendientes de firma. La mayoría, meros trámites que no exigen mayor ponderación. Los firmo lo más rápido posible.

 

¿Cuál fue su visión al integrar su gabinete?

El éxito de un gobierno depende de las capacidades de quienes lo integran. Como líder del gobierno de la República, una de las primeras responsabilidades que encaré fue la selección de los miembros de mi gabinete. Lo hice con base en cinco criterios: elegí personas conocedoras de sus materias; capaces de lograr acuerdos, es decir, buenos negociadores; que tuvieran el compromiso de trabajar en equipo; que fueran líderes competentes para integrar equipos exitosos y, como característica fundamental, que estuvieran enfocados en solucionar problemas y en dar resultados. Esos criterios han prevalecido y guiado los cambios que ha experimentado mi gabinete a lo largo del sexenio.

 

¿Cuál es la virtud que más aprecia usted en un colaborador?

La sinceridad y la autenticidad. Que sepan admitir errores. La solución de un problema empieza por reconocerlo y diagnosticarlo adecuadamente. Eso requiere honestidad intelectual. Por el contrario, me molesta que alguien no me diga la verdad o pretenda ocultarme información.

 

¿Cuál ha sido la experiencia personal más difícil de su gestión?

La desaparición de los estudiantes normalistas en Iguala, Guerrero, sin duda. Aunque la responsabilidad de investigar y resolver este hecho criminal correspondía a la autoridad local, la dimensión de un hecho tan lamentable y la evidente participación de organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico dieron lugar a que la Procuraduría General de la República atrajera el caso.

Me atrevo a decir que la investigación de esos hechos ha sido la más completa en la historia de la criminalística mexicana. Desafortunadamente, la politización del caso obstaculiza reconocer que prácticamente todos los presuntos culpables de esos hechos ya están sujetos a proceso.

 

Si usted pudiera cambiar alguna de las decisiones que ha tomado en los últimos años, ¿cuál cambiaría?

Lo he dicho con anterioridad: fue una buena decisión reunirse con el entonces candidato Donald Trump, pero la forma en que se procesó ese encuentro no fue la adecuada. No cambiaría el fondo, pero sí la forma.

 

¿Qué recomendaciones haría usted a su sucesor?

No tengo una recomendación en particular, pero sí un deseo: que haga un buen trabajo y que tenga éxito en su gestión porque eso sería bueno para el país.

 

Si pudiera usted conversar con un jurista del pasado, ¿con quién conversaría?

Es una pregunta difícil, pero creo que lo haría con Isidro Fabela. No sólo por ser mexiquense sino porque fue uno de los primeros abogados que hizo sentir que México tenía mucho que decir al mundo en materia jurídica.

 

¿Cómo desearía ser recordado?

Como un presidente que puso lo mejor de sí al servicio del país y lideró un proceso de reformas. Que transformó a México en una nación más competitiva, capaz de generar oportunidades para que todos los mexicanos pudieran construir su propia historia de éxito.

 


 

Enrique Peña Nieto es licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana y tiene una maestría en administración por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

Comenzó a trabajar en el servicio público desde joven, ocupando diversas posiciones en el gobierno del Estado de México. De 2000 a 2002 fue secretario de Administración, y de 2003 a 2004 fungió como diputado del distrito XIII en la LV Legislatura del Estado de México, donde también fue coordinador del grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional. Fue electo gobernador del Estado de México, la entidad federativa más poblada del país. Su periodo de gobierno abarcó del 16 de septiembre de 2005 al 15 de septiembre de 2011.

Desde el 1° de diciembre de 2012 es presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

 

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