Eric García-López

El INACIPE estrena maestría en Psicopatología Forense

Eric García-López

 

La nueva maestría en Psicopatología Forense del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE) es un innovador programa de posgrado único en México. Actualmente sólo pueden identificarse estudios similares en Colombia, Chile y Argentina. El profesor-investigador Eric García-López, coordinador del programa de estudios, nos refiere su importancia.

 

 

¿Qué es la psicopatología forense?

Por psicopatología forense se entiende el estudio conjunto de la neurobiología, la psicología, la psiquiatría y la neurociencia con el objetivo de entender cómo las alteraciones mentales y del encéfalo pueden tener repercusiones graves en la vida de una persona. La palabra psicopatología viene de la raíz latina pathos, que significa dolor o sufrimiento. Por su parte, la palabra forense hace referencia al foro y el ámbito judicial.

 

Cuando hablamos de anomalías mentales, ¿qué elementos podemos considerar que se salen de la norma?

Se entiende desde el punto de vista estadístico. Para Kurt Schneider, uno de los grandes estudiosos de la psicopatología alemana, antes de considerar que algo está fuera de la norma, resulta fundamental entender la época, el contexto y el comportamiento aceptado en una comunidad dada. La doctrina suele sostener que todo comportamiento patológico es anormal, pero no todo comportamiento anormal es patológico. Esto significa que si una persona tiene un comportamiento anormal, no por ello ese comportamiento será necesariamente significativo para la psicopatología. La desviación de la norma estadística sólo es eso; no tiene ni debe tener una connotación patológica.

 

¿Por qué la maestría en el INACIPE es un parteaguas a nivel nacional e internacional?

Porque es el primer centro público de investigación que planteó la creación de una maestría en psicopatología forense. Además, el INACIPE es la primera institución nacional en plantear un programa de estudios de maestría que vincula neurociencias, psicopatología, bioética y Derecho, con la perspectiva filosófica del nuevo sistema de justicia. Esta maestría responde una demanda por parte de la procuración y la administración de justicia de expertos dedicados a la salud mental en el ámbito jurídico. En Hispanoamérica hay muy pocos posgrados que atienden este fenómeno. Se pueden identificar programas de calidad similares en Colombia, Chile o Argentina, vinculados con la psicología jurídica y con la psicopatología forense, pero México da un paso muy grande a nivel iberoamericano porque incluye la materia de neuroderecho. Es muy importante que un centro público de investigación nacional, con impacto iberoamericano, reconozca la trascendencia de las neurociencias para el Derecho y que ese sea el fundamento forense de sus estudiantes y sus profesores, ya que así contribuirán a un sistema de justicia que exige —como debe ser— cada vez más altos estándares de prueba.

 

¿En qué medida el conocimiento de la psicopatología forense incide en las ciencias penales y en el desarrollo del sistema de justicia?

En mucho. Podríamos afirmar, incluso, que es fundamental. La maestría en psicopatología forense aporta un conocimiento actualizado y de vanguardia que pretende dotar de herramientas científicas, basadas en las evidencias más actuales, para entender todas aquellas conductas y situaciones que impactan en materia de fenómenos delictivos y victimológicos. Además, los fundamentos de la psicopatología forense están muy vinculados con la psicología jurídica y, cada vez con mayor claridad, con el neuroderecho. Si bien es cierto que la maestría se enfoca en el ámbito penal, el programa de estudios es tan integral, que también resulta útil para el Derecho civil, familiar, etcétera. Se trata de una maestría que busca contribuir al desarrollo de las fronteras de la ciencia en nuestro contexto y naturalmente al ideal de justicia.

 

¿Cómo integra el plan de estudio la estadística, la estructura científica, las ciencias sociales y las ciencias de la conducta?

Hoy en día, la psicología jurídica, el neuroderecho y la psicopatología forense son disciplinas científicas de referencia. Pero, lamentablemente, en América Latina todavía no han alcanzado la estructura ni los avances que se han logrado en otros países como Canadá, Inglaterra, Australia, España o Estados Unidos. Con esta maestría se busca fortalecer el desarrollo de estas ciencias y consolidar el vínculo entre los conocimientos de la estadística, la neurobiología y la forma en que se desarrollan los estudios clínicos con repercusiones forenses, desechando las opiniones pseudocientíficas o los criterios de autoridad y generando análisis basados en evidencias (por ejemplo, en materia de psicometría). La psicopatología forense responde, sin duda, a estas exigencias y contribuye al sistema de justicia en su conjunto.

 

¿En qué se distingue la psicopatología forense de lo que ya investigaba Lombroso en el siglo XIX?

Hoy tenemos una nueva estructura conceptual y muchas más herramientas metodológicas de las que tenía Lombroso. Evidentemente, Lombroso fue un pionero y un observador de la conducta humana, pero no poseía las estrategias metodológicas de las que hoy se dispone. Por ejemplo, el viejo concepto de peligrosidad ya no se utiliza. Hoy se alude a factores de riesgo y de protección. Esto constituye una diferencia importante. Además, en la actualidad el comportamiento humano se entiende de una manera biopsicosocial, es decir, se reconoce y se valora la existencia de una interacción entre lo ambiental y lo biológico. Esto es valioso para el juez porque en el actual sistema de justicia en materia de psicopatología forense se realizan exploraciones científicas que dan respuesta a la cuestión acerca de por qué una persona llevó a cabo una conducta determinada en un momento dado.

 

¿Hasta qué punto es posible utilizar moduladores de la conducta para disminuir la incidencia delictiva?

En España existe un gran debate sobre este tema. Se destaca que un grupo de investigadores aplicó una estimulación magnética transcraneal no invasiva en personas privadas de la libertad. Los resultados publicados mostraron que sí se logró reducir el comprometimiento violento de las personas que se encontraban internas y que de manera libre se sometieron a este procedimiento. ¿Debemos llevar a cabo estos procedimientos en México? En España fueron prohibidos hace apenas unos días, pero el debate no es sólo jurídico sino tembién bioético. Así, lo que podemos hacer, lo que debemos hacer, es analizar estas posibilidades a la luz de disciplinas como la bioética.

 

¿Qué tan válido es que sometas a una persona a un procedimiento con el objetivo de disminuir la situación de violencia?

En el caso de España al que hice referencia, la Comisión de Bioética advirtió que los procedimientos realizados por los investigadores en todo momento fueron respetuosos de los derechos humanos y de la dignidad humana de los internos. El procedimiento de estimulación magnética transcraneal no genera ningún daño a las personas y, por el contrario, está causando un beneficio en los internos y también en la sociedad en general. El uso de los conocimientos científicos para disminuir la violencia no es ciencia ficción; es algo que ya ocurre. Por ello, la maestría del INACIPE incide en los últimos avances científicos y propone soluciones a los retos acordes con nuestras realidades.

 

¿Cómo se modifica la conducta de una persona?

Hay varios mecanismos de intervención para modificar la conducta. De hecho, en términos generales, la conducta es modificable. Ahora bien, existen algunos trastornos sobre los cuales la interacción farmacológica es necesaria. Una persona con uno de los sufrimientos más profundos del ser humano, como la depresión mayor, por muy buena voluntad y disposición que tenga, dadas las alteraciones bioquímicas que ocurren en su encéfalo, requiere el apoyo farmacológico para recuperar el equilibrio de los neurotransmisores involucrados en esta alteración. Lo que quiero decir es que no todos los comportamientos son modificables por la sola intervención psicológica. La psiquiatría y la psicología son disciplinas complementarias; por eso se reúnen en la ordenada amalgama de estudio y práctica que es la psicopatología. Tanto lo biológico como lo ambiental son imprescindibles para tratar de comprender el comportamiento humano.

 

¿Cómo se interviene ante los distintos trastornos y en qué medida estos trastornos inciden en las dinámicas de la violencia?

Las personas con algún trastorno mental no cometen más delitos que las personas sin esa alteración. De hecho, es mucho más posible que sean víctimas, antes que agresores. Este dato es valioso porque la sociedad cree que una persona con algún desequilibrio mental es más proclive a cometer delitos, y la verdad tajante es que no. Estadísticamente, las personas sin alteración mental cometen más delitos que quienes padecen algún trastorno. Así, lo que debemos evitar es la estigmatización de las alteraciones de la salud mental, que —reitero— son, ante todo, sufrimiento humano en sus dimensiones más profundas.

 

¿La sociedad incita a cometer delitos?

Existen varios estudios en los que se ha identificado que los seres humanos tendemos más hacia una cooperación intrínseca que a hacernos daño. Esto significa que, en un plano instintivo, cuando ocurre algún evento adverso, las personas podemos reaccionar de manera cooperativa e, incluso, altruista y ser más proclives a la justicia. Sin embargo, también hay publicaciones que ilustran cómo las personas disponemos de posibilidades para ejercer la violencia. Por ejemplo, en el reciente libro de Julia Shaw se plantea una perspectiva en que la maldad parece resultar parte de nuestra estructura humana. Por eso en la maestría del INACIPE abordamos ambas perspectivas y exploramos tanto los conceptos como sus repercusiones aplicadas, prácticas y observables.

 

¿En qué medida la maestría del INACIPE retoma todos estos conocimientos?

El plan de estudios está tan bien diseñado que involucra aspectos metodológicos como los análisis multivariados; incide en fundamentos teóricos del Derecho penal, procesal penal y probatorio, en las herramientas más objetivas en materia de psicometría forense, y, en síntesis, atiende las bases filosóficas del conocimiento y el estudio de la conducta humana desde distintos focos de estudio. Se trata de una perspectiva integral, un planteamiento verdaderamente multidisciplinar, con un notable claustro de alumnos y profesores que provienen de tres institutos nacionales: de Ciencias Penales, de Psiquiatría, y de Neurología y Neurocirugía, así como de distintas universidades e instituciones de referencia, como el Consejo de la Judicatura Federal, entre otras.

 

 


 

 

Eric García-López cuenta con doctorado en psicología clínica, legal y forense y doctorado en neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid, así como con posdoctorado en evolución y cognición humana en la Unidad Asociada al Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos de la Universitat de les Illes Balears. Además, obtuvo el título del máster en psicología clínica, legal y forense por la Universidad Complutense de Madrid y el título del máster en derechos y necesidades de la infancia por la UNICEF y la Universidad Autónoma de Madrid. Asimismo, cursó los estudios de especialización en criminología psicosocial (UCM) y el diplomado en derechos humanos por la cátedra UNESCO de la UNAM.

Ha sido investigador visitante del Instituto Max Planck de Derecho Penal Internacional, doctorando en Derecho en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de

la UNAM, investigador titular del Instituto Nacional de Ciencias Penales y profesor invitado de los posgrados en psicología jurídica, victimología, justicia restaurativa y psicopatología forense en universidades de Argentina, Chile, Colombia, España, etc.

Es miembro fundador de la Asociación Mexicana de Justicia Terapéutica y forma parte del Comité Científico de la Sociedad Española contra la Violencia, de la Asociación Colombiana de Criminología, de la Asociación Iberoamericana de Justicia Terapéutica, del Mental Health, Law and Policy Institute (Simon Fraser University, Canadá) y de la International Association of Forensic Mental Health Services, entre otras.

 

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