Fernando Córdova del Valle

El deber de un juzgador

Fernando Córdova del Valle

 

La labor del juzgador, para ser acorde con la responsabilidad que se le ha conferido, debe considerar una mirada atenta hacia el pasado, hacia lo que está ocurriendo en el presente, hacia los cambios que se busca impulsar en la sociedad y hacia el propio interior, aspectos que explica en esta entrevista Fernando Córdova del Valle, magistrado del Sexto Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito.

 

 

En relación con las nuevas posturas que el Poder Judicial de la Federación ha tomado respecto de la forma de impartir justicia, como magistrado de circuito, ¿cuál considera que debe adoptar un juzgador?

Estamos en presencia de una transformación dentro el Poder Judicial de la Federación que pretende fortalecer la confianza de la sociedad en la actuación jurisdiccional federal. Por ello, más allá de la postura que un juzgador tiene que adoptar con estas nuevas visiones, debe tener conciencia de la alta responsabilidad de su función, sin soslayar su imagen, es decir, cómo ha sido concebido por la sociedad, cómo lo aprecian en la actualidad y lo que esperan de su trabajo, pero sobre todo de su desempeño durante su encargo. ¿Qué quiero decir? Que el juzgador debe analizar su función en retrospectiva, perspectiva, prospectiva e introspectiva.

 

¿A qué se refiere con la retrospectiva, perspectiva, prospectiva e introspectiva de un juzgador?

La retrospectiva consiste en mirar hacia el pasado: cosas y sucesos que ya ocurrieron; la perspectiva implica mirar el presente, es decir, lo que está ocurriendo actualmente; por su parte, la prospectiva es lo que generalmente tratamos de hacer cuando hablamos de cambios: mirar hacia futuro, pensar qué podría mejorar y cómo hacerlo; finalmente, la introspectiva implica mirar hacia dentro, realizar una autovaloración y una autocrítica, y, en consecuencia, subsanar lo que, desde nuestra silla, rechazamos y quizá nosotros mismos propiciamos.

 

¿Podría explicarnos cómo se aplican en la labor jurisdiccional estos términos?

La idea es tener un panorama amplio acerca de cómo ha sido y es visto un juzgador, así como de lo que se espera de él. Empezaré por la retrospectiva: el juez, en sentido estricto, siempre ha sido una persona a la cual se le guarda gran respeto por la investidura que su título le otorga; una persona preparada, educada, que definitivamente siempre tiene que actuar con base en las leyes establecidas, de ahí que se espera que sea justo en el momento de emitir su fallo. No obstante, pese a que él es quien emite las sentencias, muchas veces la sociedad juzga a quien imparte justicia, cuando no está de acuerdo con su determinación. Esto que te comento me recuerda una de mis obras literarias predilectas, el Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en la que se expresa precisamente lo anterior. Intentaré parafrasearlo: “Ahora verdaderamente entiendo que los jueces y los gobernadores deben de ser, o han de ser, de bronce, para no sentir las importunidades de los negociantes, que a todas horas y a todos tiempos quieren que los escuchen y despachen, atendiendo sólo a su negocio, venga lo que viniere; y si el pobre del juez no los escucha y despacha, o porque no puede, o porque no es aquel el tiempo delegado para darles audiencia, luego les maldicen y murmuran, y le roen los huesos, y aún les deslindan los linajes.” Según Don Quijote, el juez debe impartir justicia con base en lo que disponen las leyes, sin que influyan sentimientos personales que puedan perturbarlo en su determinación. Es decir, únicamente debe buscar la verdad para emitir su fallo, haciendo referencia a la frase: “No te ciegue la pasión propia de la causa ajena”.

Así es como muchas veces la sociedad se ha expresado de los jueces. Y he de reconocer que en parte tienen razón: nos debemos a las personas que ponen en nuestras manos sus conflictos en espera de que sean resueltos, a través de la impartición de justicia, buscando siempre la verdad. Sin embargo, considero prudente señalar que ser juzgador no es una tarea fácil, porque aun cuando somos personas que desarrollamos una vida común a la de todos los demás, lo cierto es que, como lo refiere Jerónimo Feeijo en su relato “Carta de magistrado anciano a su hijo recién designado juez”, no sólo nos debemos a nuestros seres queridos, sino a toda una sociedad por las obligaciones que el cargo infieren, lo que en muchas ocasiones nos orilla a desprendernos de nosotros mismos, al dejar de mirar por nuestra comodidad e inclusive por nuestra salud. Aclaro, esto no debe ser tomado como una queja; por el contrario, constituye una expresión con la que pretendo resaltar el compromiso que tiene un juzgador frente a la sociedad.

 

Ésa es una opinión que con el paso del tiempo y la política de transparencia que el Poder Judicial ha tratado de promover, va desapareciendo poco a poco. ¿Qué nos puede decir de la perspectiva?

La perspectiva como lo mencioné, consiste mirar en el presente. Y como lo mencionas, en la actualidad se han impulsado diversas políticas de transparencia que han influido para que la sociedad confíe en que el trabajo que realizamos los juzgadores, en sentido estricto, está apegado a la ley, sin favoritismos ni actos de corrupción, lo cual considero sumamente importante señalar, ya que el hecho de publicitar las audiencias es fundamental para que todos aquellos que tengan interés en conocer la forma en que se imparte justicia puedan tener acceso directo a las resoluciones tanto de la Corte como de los tribunales y los juzgados en los que se resuelven los asuntos sometidos a nuestra consideración. Sin duda, lo anterior es una muestra eficaz de que se busca acabar con la desconfianza que se tenía respecto de la manera de resolver de los jueces.

 

Una muestra de compromiso es permitir el libre acceso a la forma de impartir justicia en nuestro país, pero si ésa es una meta a alcanzar, intuyo que a eso va encaminada la prospectiva.

De alguna manera tienes razón. Siempre será el ideal una total transparencia que legitime las actuaciones, en este caso de los juzgadores; sin embargo, estimo que debemos ser más ambiciosos en ese aspecto: pensar en que más allá de la transparencia con la que sin duda debemos seguir trabajando, hay que considerar que la impartición de justicia realmente se fundamente en las máximas del Derecho, realizando interpretaciones que protejan los derechos de las personas y eliminando por completo la corrupción. Si me lo permites, aprovecho para exponer mi punto de vista sobre en este tema. Contrariamente a lo que la mayoría de las personas entiende por corrupción, no es de dos; la corrupción se produce de manera individual, desde el simple hecho de querer sobornar a una autoridad, hasta el hecho, verbigracia, de no estudiar debidamente un asunto. Eso ya implica corrupción: no realizar mi labor como juzgador e inclinar la balanza de la justicia sin analizar todos los hechos, eso también es corrupción. Así lo explica la obra Haz de tus principios y valores un hábito en tu vida, escrito por un servidor, en la que defino la corrupción como una falta de entrega y de compromiso con la sociedad y con el trabajo, aspecto que considero debemos abordar en una visión de prospectiva.

No sólo se trata de que los juzgadores estén exentos de que las malas prácticas vicien nuestra función, sino de comprometernos con el nuevo paradigma judicial, que no implica únicamente aplicar la normatividad existente, así como los criterios jurisprudenciales nacionales, sino adoptar una postura progresista que vaya por el camino de la evolución de la sociedad, consciente de las herramientas con las que hoy en día cuentan los jueces para proteger de manera íntegra los derechos humanos; por ejemplo, el control de convencionalidad, el cual considero implica hablar de prospectiva, en tanto el juzgador no se quede con la norma nacional y vaya más allá, formando su criterio con base en posturas internacionales que posiblemente estén adelantadas en cuanto a la protección de los derechos humanos, para incorporarlas y fijar precedentes innovadores.

 

¿Y la introspectiva?

Dejé la introspectiva al final, precisamente porque no basta que uno como juzgador sepa el contexto en el cual lo tienen ubicado y lo que se espera de él. Realmente es muy importante realizar una autoevaluación para poder detectar las fallas que como jueces podamos cometer, que nos impidan brindar a la sociedad lo que espera de nosotros, y por qué no, también, sin que suene a vituperio, localizar las virtudes o los aciertos que tenemos para seguir en esa línea. Voy a retomar a mi personaje favorito, Don Quijote, con una de las frases que más han marcado a un servidor, aquella que, si no mal recuerdo, dice así: “Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo”, lo que me lleva a la reflexión de que si los juzgadores, después de estar conscientes de lo que se espera de nosotros —que finalmente es lo que responde a tu primera pregunta, en el sentido de qué postura debe tener un juzgador ante los nuevos criterios de este cambio de administración—, hiciéramos ese ejercicio de introspección, podríamos darnos cuenta de que más allá de una labor rigurosa, al final los destinatarios de nuestra función son las personas que acuden exigiendo sus derechos, para quienes trabajamos, y que es con ellas con quienes debemos tener una actitud empática, para realmente poder impartir justicia.

Creo que todos queremos un país en el cual exista justicia, donde los juzgadores sean verdaderos ejemplos de honestidad, valor, trabajo, dedicación, compromiso y, lo más importante, con vocación de servicio a la nación. Y para poder lograr transmitir ese sentimiento a los destinatarios de nuestras resoluciones, debemos primero conocer su opinión e, insisto, trabajar para lograr cumplir con las expectativas de las personas a las que nos debemos.

 


 

Fernando Córdova del Valle estudió la licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma de Veracruz en Villa Rica; la maestría en Derecho de amparo en el Instituto de Ciencias Jurídicas de Estudios Superiores; el doctorado en ciencias penales en el Instituto de Ciencias Jurídicas de Estudios Superiores, y el doctorado en Derecho constitucional penal por el Instituto de Estudios Superiores en Derecho Penal.

En el Poder Judicial de la Federación se ha desempeñado, entre otros cargos, como juez décimo octavo de distrito de procesos penales federales, en el Distrito Federal; juez décimo segundo de distrito de amparo en materia penal, en el Distrito Federal; magistrado del Segundo Tribunal Colegiado de Circuito del Centro Auxiliar de la Cuarta Región, y magistrado del Sexto Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito. Ocupa el cargo magistrado de circuito desde marzo de 2016.

 

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