Luis Enrique Pereda

“El gremio de los abogados debe ser innovador”

Luis Enrique Pereda
Egresado del ITAM, con experiencia profesional en el sector privado y en el sector público, con experiencia académica en el ITAM y en el CIDE, con un Master in Laws en la Universidad de California en Davis y con tan sólo 38 años de edad, Luis Enrique Pereda inicia su cuarto semestre al frente de la Dirección de la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac México Sur, donde desde el inicio de su gestión se ha dedicado a romper paradigmas y ha impulsado la licenciatura de Derecho desde una perspectiva innovadora y renovada.

 

Probablemente eres uno de los directores de la licenciatura de Derecho más jóvenes del país. ¿Qué retos representa para ti?

Siempre he creído que el razonamiento correcto para designar a una nueva persona en un cargo de dirección (ya sea en el ámbito privado o en el público) no debe comenzar preguntándose por su sexo o por su edad, sino por su talento, responsabilidad, trayectoria y compromiso. Con esto no quiero decir que el tema de la edad sea irrelevante. Claro que tiene un peso; de lo contrario nuestra Constitución no establecería requisitos de edad como el de 35 años para ser ministro, consignado en la fracción II de su artículo 95. Pero la edad no debe ser el único rasero para determinar que una persona tiene o no la capacidad para hacerse cargo de una gran responsabilidad. Creo firmemente que el gremio de los abogados está en el umbral de una nueva etapa profesional, más dinámica y con un acento en la innovación (no sólo de conocimientos sino de capacidades), y en la Universidad Anáhuac México Sur queremos estar listos, no para resistir esta ola renovadora sino para montarnos en ella cuidando que la esencia que nos define como personas y como gremio permanezca inalterada.

Para mí la discusión debe centrarse en las ideas, los proyectos y las capacidades. Puedo decir que me siento muy contento de haber tenido algunos aciertos académicos desde el inicio de mi gestión (por ejemplo, establecer de manera institucional unos diálogos constitucionales con el Centro de Estudios Constitucionales de la Suprema Corte de Justicia o impulsar cada año un coloquio internacional junto con el Museo Memoria y Tolerancia o una cátedra con la BMA) y me siento aún muy entusiasta porque hay muchas cosas por hacer y muchos retos personales e institucionales, pero sobre todo para el gremio. Los futuros abogados se enfrentarán a realidades que para nosotros eran impensables. Ejemplos inmediatos: la potencial colegiación profesional obligatoria y los juicios penales adversariales.

¿Qué planes tienes ante estos retos y otros como el uso de nuevas tecnologías en la enseñanza del Derecho?

Me parece muy criticable que muchos abogados sigan creyendo que el Derecho y la ciencia jurídica se pueden seguir enseñando como hace 100 o 200 años, en que basta un pizarrón, un poco de gis y algunas sillas para que se dé el proceso enseñanza-aprendizaje. Como gremio, ¿es posible ignorar las tecnologías como internet, las computadoras personales, las app o las bases de datos de libre acceso? Yo creo que no. En agosto de 2016 en la universidad comenzaremos con un nuevo programa de Derecho, en el cual se podrán apreciar varios cambios sustanciales, pero donde al mismo tiempo mantendremos aciertos hoy en día vigentes, como las materias 100 por ciento en línea, en las cuales el profesor interactúa con los alumnos sólo a través de una plataforma tecnológica. Esto obviamente permite invitar profesores de cualquier parte del mundo, quienes no estarán limitados a una presencia física en la Ciudad de México. La Universidad Anáhuac México Sur es pionera en este rubro, al grado de que hoy en día, además de nuestros programas de maestría y doctorado tradicionales, tenemos una maestría en Derecho de los negocios 100 por ciento en línea.

Respecto de la posible colegiación obligatoria para los abogados, estamos tomando nuestras previsiones. Por ejemplo, en 2015 firmamos un convenio con la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, a efecto de impartir la cátedra BMA-UAMS y acercar de esta forma a nuestros alumnos, algunos tan jóvenes como los de tercer semestre, al tema de la colegiación, sus obligaciones y los códigos de ética que ésta implicaría.

¿La Universidad Anáhuac México Sur está lista para capacitar a sus alumnos en relación con los juicios penales adversariales?

Puedo decir, sin ningún asomo de duda, que estamos listos. Tenemos nuestra sala de juicios orales totalmente lista; no sólo hemos modificado nuestros temarios sino también el plan de estudios para incluir, entre otras, una materia ex profeso para juicios orales, además de las propias del Derecho penal sustantivo y adjetivo; recibimos capacitación externa del Centro de Estudios sobre la Enseñanza y el Aprendizaje del Derecho, de la organización USAID y de nuestra universidad chilena hermana Finis Terrae; tenemos profesores certificados por la SETEC; desarrollamos un diplomado de más de 100 horas en materia de juicios orales; hemos impartido talleres a dependencias públicas en esta materia, y sobre todo, tenemos toda la actitud para sumarnos a este cambio y contribuir a su éxito, no sólo para los abogados penalistas sino para todo el país.

Tradicionalmente, en México los abogados son percibidos como personas poco éticas cuyo único interés es su bienestar material. ¿Cómo lidiar con esta percepción desde una Facultad de Derecho que cree en valores humanistas?

Realmente me molestan mucho los chistes insulsos de abogados, esos que todos hemos escuchado y que hacen mofa de la inescrupulosa actitud de varios colegas ante la justicia, la ley, el sistema de impartición de justicia y sus contrapartes. Lamentablemente es una mala fama bien ganada, pero me niego a creer que es inmutable e inamovible. Estoy convencido de que los mexicanos y, específicamente, los abogados no estamos maldecidos con el gen de la corrupción. Me parece incuestionable que con los incentivos correctos y con una buena dosis de valores sociales la profesión jurídica puede retomar el papel de garante de la legalidad que la sociedad mexicana requiere de manera apremiante. ¿Y dónde, si no en las universidades, es el lugar ideal para que juntos, profesores y alumnos, comiencen a forjar esa nueva generación de abogados? Ésa que no sólo entienda, sino que también profese que lo más importante es la persona humana y no la retribución económica; ésa que comprenda que una victoria individual a costa de la corrupción del sistema judicial no es una victoria; ésa que identifique en el estudio y en la argumentación, y no en la verborrea y el manoteo, la mejor estrategia para hilar el éxito. Estoy convencido de que una universidad como la UAMS es la mejor plataforma para convertir en realidad éste y otros ideales.

¿Cuál es el perfil ideal de un egresado de Derecho de la Anáhuac Sur?

Nuestras egresadas y egresados deben sobresalir, en primer lugar, por sus conocimientos técnicos, su sentido humano y su criterio jurídico. Un abogado no puede tener la respuesta a toda pregunta jurídica que se formule; sostener lo contrario es francamente absurdo. Pero sí deben tener el criterio y los conocimientos que le permitan identificar o, en su caso, construir la respuesta correcta. Sin embargo la brújula que debe guiar su actuación debe ser el respeto a la dignidad de sus semejantes y, por supuesto, a la vida; una honestidad económica e intelectual, y un pundonor hermético a la crítica destructiva y a los vicios comunes en nuestra profesión.

Supongo que toda Facultad de Derecho tiene sus propias fortalezas, aquello que las hace exitosas y competitivas. ¿Cuál es la principal fortaleza de la facultad que tú diriges?

La respuesta es muy sencilla: los seres humanos. La UAMS, en general, y la facultad, en particular, están integradas y flanqueadas por personas talentosas, comprometidas y con liderazgo. Si hay éxitos —¡y vaya que los hay!—, no es por los ladrillos sino por la argamasa de pasión, responsabilidad y creatividad humana que los une. El equipo comienza por un rector y un vicerrector, académicos sabedores de que el binomio calidad académica-calidez no está peleado, sino que, por el contrario, idealmente se puede potenciar mutuamente. La facultad también abreva del trabajo y dedicación de un vicerrector de Formación Integral y de un vicerrector de Finanzas, quienes visualizan su trabajo no como una parcela aislada sino como un eslabón fundamental de una cadena de valor que suma experiencia, reflexión y decisión. Por supuesto, también es menester reconocer la calidad, inteligencia y entrega de nuestros alumnos y profesores, sin los cuales nada tendría sentido. Los jóvenes son los destinatarios y muchas veces el motor de nuestros esfuerzos institucionales. Nuestros alumnos son causa y efecto de ese valor agregado de calidez y calidad que la UAMS está llamada desde su fundación a hacer realidad y que no abunda en muchas universidades.

¿Identificas diferencias sustanciales entre las nuevas generaciones que quieren estudiar Derecho respecto de tu generación?

Sí, por supuesto. Primero, la interdisciplinariedad de conocimientos técnicos que deben tener. Antes se podía ser abogado sin entender un balance contable o un estado financiero, o sin conocer el análisis económico del Derecho, o sin tener fluidez en un idioma extranjero. Hoy eso es francamente imposible, por lo menos si lo que se buscas ser es un líder en la comunidad, la empresa o la familia.

Otra gran diferencia es que en mi generación muy pocas veces se consideraba la opción de ser emprendedor desde el inicio de la vida profesional. Por lo general se buscaba obtener un empleo, luego un mejor empleo, y ya muy después se pensaba en la independencia profesional. Hoy en día veo que el espíritu emprendedor está más arraigado, y eso me da gusto. México necesita emprendedores, gente que esté dispuesta a arriesgar su capital en la aventura de generar mayor riqueza, empleos y bienestar a través de productos o servicios. Yo siempre he dicho que este país debería de construirle un monumento a todos aquellos que generan empleo, pagan impuestos, crean riqueza y cumplen con la ley.

Toda generación ha sido bautizada con un mote. Existe la “Generación X”, los “Baby Boomers”, los “Dinky”, etcétera. ¿Cuál es la característica distintiva de tu generación?

Esa es una pregunta difícil de responder, sobre todo porque todavía estamos en la cresta de la ola. La moneda todavía está en el aire. Todavía podemos ser una generación que no hizo nada o una generación que cambió todo. Mi generación ha visto grandes eventos que han cambiado la historia del mundo: vimos caer el Muro de Berlín, vimos el fin del apartheid, vimos la perestroika, vimos la firma del TLC con Estados Unidos y Canadá, y vimos la transición política en México, entre otros muchos cambios culturales, políticos, económicos, sociales y tecnológicos. Y sin embargo la calidad de vida de los mexicanos no ha mejorado de manera sustancial. Creo que mi generación está llamada a ser la generación que no sólo sueña con un cambio en la calidad de vida del país, sino que trabaja decididamente para conseguirlo. Nunca en la historia de nuestra demografía ha habido tantos mexicanos con posgrados en el extranjero. Eso implica la existencia de conocimientos, los cuales deben ser aplicados en la mejora de nuestras leyes, de nuestras instituciones y de nuestra economía. Nunca como ahora habían existido organismos públicos especializados en tareas tan diferentes como la competencia económica, la transparencia, las telecomunicaciones, la organización de elecciones o la evaluación de la política de desarrollo social. Debemos eliminar la posibilidad de que esas manifestaciones del Estado se conviertan en una burocracia pesada y lograr que se convierta en eficiencia y eficacia al servicio de los ciudadanos. Debemos lograr que los mexicanos crean en sus leyes, en sus instituciones, en sus gobernantes, y eso sólo se puede lograr con la construcción de ciudadanía. Debemos ser la generación que pasó del “sí se puede” al “ya se pudo”.


Luis Enrique Pereda Trejo cursó la licenciatura de Derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y un Master in Laws en la Universidad de California en Davis (UC Davis). Además, cursó un diplomado en argumentación jurídica en el ITAM y otro en dirección estratégica en la administración publica en la misma casa de estudios, así como un diplomado en análisis político estratégico en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Su experiencia profesional comenzó en 1999 como asesor del área jurídico-política en la Fundación Miguel Estrada Iturbide, A.C. En 2005 fue director de Desarrollo Normativo en el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia. En 2006 trabajó como secretario particular de la titular de la Secretaría de Desarrollo Social. Después colaboró seis años en la Secretaría de la Función Pública como coordinador de asesores en la Subsecretaría de Responsabilidades Administrativas y Contrataciones Públicas. Desde agosto 2013 es asociado en el despacho de abogados Mancera, Aquino y Asociados.

Actualmente es director de la Facultad de Derecho de la la Universidad Anáhuac México Sur.

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