Luis M. Díaz Mirón

Elogio de la oralidad

Luis M. Díaz Mirón
La Escuela Libre de Derecho está por cumplir 104 años. Los alumnos y maestros que la fundaron buscaban una escuela apartada de toda denominación o control, que no fuera objeto de manipulación. Al amparo de lo anterior, la Escuela nació libre de vínculos oficiales, con el reconocimiento del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, como institución que la protegió, pero sin un decreto de autonomía. Este decreto vino en 1930, con Emilio Portes Gil, alumno de la Escuela y presidente de la República, quien luchó abiertamente por la autonomía, no sólo de la Libre, sino también de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su actual rector, el laboralista Luis Díaz Mirón, nos ofrece un panorama sobre esta institución.

 

¿Qué ventaja comparativa tiene la Escuela Libre de Derecho frente a otras instituciones de educación superior que imparten los mismos estudios?

La gran ventaja en relación con otras universidades, tanto de antaño como de hoy, es la oralidad que hoy es tan apreciada, así como el método de evaluación (oral) y exámenes públicos o privados de todas la materias. Esa oralidad que le permite al alumno hacer uso de la palabra ante su profesor y los sinodales en todas las materias, les da a nuestros alumnos una madurez, un método y un arma poderosa que los distingue y los capacita para la vida.

¿Cuál es la diferencia entre los alumnos actuales de la Escuela y los de generaciones anteriores?

En la actualidad, los alumnos tienen muchas escuelas, por ejemplo en esta megalópolis o en provincia, para estudiar Derecho. En los años setenta, cuando yo estudié la carrera, no había tantas. Si bien la tecnología y la información son mucho más accesibles que antes, el alumno de hoy llega a la Libre con deficiencias académicas y con muchas distracciones, lo que nos ha obligado a impartir cursos propedéuticos con materias como lógica, ética y filosofía, que lamentablemente los estudios preparatorios no ofrecen o se enseñan deficientemente.

Usted insiste en el tema de la libertad. La Libre, sin embargo, se ha visto como oposición en muchas ocasiones. Y como oposición del PAN, para ser concretos. Se le apoda “La Libre de Derecha”. ¿Es injusta la percepción?

Totalmente injusta, porque la Libre se fundó precisamente para apartarse de cualquier denominación política. Si en su fundación intervino el concurso y la voluntad de científicos, reyistas, maderistas, porfiristas, masones, católicos y librepensadores, con el paso del tiempo pudieron convivir aquí, como lo han hecho siempre, maestros y alumnos que profesan todo tipo de credo político. Ésta es una reunión de amigos donde hay libertad plena y donde conviven todas las manifestaciones del pensamiento. Siempre hemos tenido profesores que podrían ser calificados de derecha, de centro o de izquierda; algunos son parte del sistema gubernativo, otros son sus opositores, y aquí se encuentran y aquí conviven. A lo largo de los años, la Libre ha dado a México, por ejemplo, dos presidentes de la República, y los dos fueron de ideologías opuestas, de partidos contrarios.

Volviendo a las opciones que usted menciona, si hay tantas en provincia, ¿por qué hacer el sacrificio de dejar a la familia y el lugar de origen y venir a estudiar a la Escuela Libre de Derecho?

Pues porque nuestros alumnos son una generación de mujeres y hombres valientes, inquietos, que quieren venir a probarse en la capital. Quieren conocer un ambiente estudiantil de riesgo, de alto contenido académico y de dureza histórica.

¿Cree que esta característica define al alumno de la Escuela Libre de Derecho y lo distingue de otros estudiantes?

Un alumno de la Escuela Libre de Derecho se distingue porque quiere probarse, desea enfrentar retos, tiene pasión y sabe que el sistema de la Libre es especial, autodidacta, sacrificado pero que garantiza resultados.

Otra de las grandes virtudes de los alumnos es que el sistema de la Libre les permite trabajar. En la práctica, hay momentos en que deben estar preparados, espiritual y materialmente, para cualquier situación, y la Libre los ayuda para lograr ese objetivo, pues su método de enseñanza tiende a volver al alumno una persona más fuerte, desde el punto de vista integral.

¿Qué áreas de oportunidad tiene la Libre?

En principio, la Escuela ofrece una sólida formación en los conocimientos fundamentales del Derecho. Parece poca cosa, pero no lo es; por ejemplo, aquí una materia decisiva, la teoría general de las obligaciones, se imparte en cursos de 120 horas o más por año, mientras que en la mayoría de las instituciones apenas se le dedica 64 horas. Lo anterior implica, además, que nos importa dotar a los alumnos de criterio jurídico, el cual es básico y fundamental.

La Libre sigue produciendo estupendos civilistas, mercantilistas y también penalistas, en particular estos últimos, ya debidamente preparados para el nuevo sistema acusatorio. Y vista la amplia gama de materias optativas, se ayuda a los alumnos a vislumbrar las nuevas rutas del Derecho, como la del Derecho energético, de las telecomunicaciones o de los derechos humanos, por sólo mencionar algunas. No obstante, debemos apoyarnos más en la tecnología, en las nuevas técnicas didácticas, en la capacitación y la formación de profesores, así como en la constante actualización.

Seamos más claros: ¿de qué pie cojea la Libre?

Debemos transitar hacia un proceso de mayor sencillez, humildad y profesionalismo. Nos tenemos que preparar con mejores técnicas, procesos y nuevas tecnologías, sin perder los principios básicos. En eso estamos trabajando, tanto un servidor, como rector, como la junta directiva, que me honro en presidir.

Por otra parte, la Escuela carece de un programa de doctorado que nos permita preparar a juristas especializados y necesitamos fortalecer la investigación jurídica mediante proyectos autosustentables.

¿Cuál es el perfil del egresado que busca la junta directiva?

Abogados y abogadas que posean los conocimientos, el carácter, la integridad y la crítica para el servicio de México, que puedan desempeñarse bien en el servicio público y en el servicio privado, y que en el servicio privado de la abogacía puedan practicar para convertirse en notarios, en corredores o en abogados postulantes. Sobre el particular, quisiera hacer un reconocimiento, por su constancia, madurez y formación, a don Fausto Rico, quien fuera el notario número 6 del Distrito Federal y que se ha retirado después de 50 años de dar clases. Pero así como él, hay colegas en el Poder Judicial, muchos litigantes y hasta empresarios. Como diría la Biblia, hay de todo en la viña del Señor.

¿Cuál cree que sea la necesidad más urgente que tiene la Escuela en este momento?

La actualización, la inversión en tecnología, la inversión en nuestro centro de investigación y en la capacitación en técnicas de enseñanza mediante el diseño y la implementación de mejoras que puedan dar a la sociedad mexicana un perfil de abogados más preparados y más diestros.

El plan de estudios actual es uno muy flexible que no se aparta de los principios básicos, pues profundiza en las materias centrales y en las columnas vertebrales del Derecho constitucional, de los derechos humanos y del gran Derecho civil, sin dejar de reconocer otras materias muy importantes como la historia, el Derecho romano, la sociología, la economía, y materias básicas y centrales de nuestra enseñanza como las procesales, las penales, las laborales y las nuevas materias, como el Derecho a la energía, el Derecho a la tecnología y el Derecho a la propiedad intelectual.

La Escuela ha hecho otros cambios positivos, como sujetar a los profesores a una evaluación por parte de los alumnos para tener un control de calidad. ¿Podría ahondar en esto?

En efecto, éste es un proceso de control que permitirá la certificación de nosotros, los profesores, y se esperan cambios de actitud, mejora continua y, en algunos casos, los órganos de gobierno podrán llegar a tomar decisiones de remoción, si es que no cambiamos, tanto en actitud como en aptitud. Todo esto lleva tiempo. Nosotros tenemos el mandato de la asamblea de que respetemos y hagamos cumplir el estatuto. En ese sentido, el hecho de que nos evaluemos y nos califiquemos hace que nos transparentemos.

Lleva ya un año al frente de la escuela. ¿Cuál es el reto más grande que ha enfrentado en su gestión?

Quince días después de que tomé posesión hubo un accidente automovilístico donde perdieron la vida dos compañeros. Nos conmovió y nos cambió a todos. Despertó un sentimiento de que podíamos influir en los estudiantes en relación con valores y procesos de control y mejora permanentes.

Ahora bien, el reto más grande fue darnos a la tarea de mejorar y actualizar el plan de estudios, en el entendido de que, como lo hicimos notar a la asamblea, dicho plan de estudios está en revisión constante y permanente y puede requerir modificaciones y cambios según las circunstancias. No hay ningún plan perfecto.

También mejoramos nuestra biblioteca, que es una de las más importantes en materia jurídica en México, con sus más de 127,000 volúmenes, y adquirimos libreros modernos, móviles, para optimizar espacios y ganar 40 por ciento más de capacidad para las nuevas adquisiciones.

El pasado verano renovamos nuestras instalaciones e invertimos en tecnología. Hoy todos los salones tienen aire acondicionado, un sistema de comunicación para que el profesor que quiera impartir su clase a través de mecanismos electrónicos lo pueda hacer, lo cual facilita al alumno el conocimiento a través de la pantalla, la tecnología e internet. Queremos una Escuela mucho más tecnificada, con mayores herramientas, con intercambios en el extranjero.

En los últimos meses hemos tenido no menos de 10 visitas de universidades extranjeras: españolas y estadounidenses (de Oklahoma, Texas, California y Arizona, escuelas que curiosamente están en la frontera y se interesan por mejorar todo lo que implique la práctica del Derecho en esa zona). En el verano de 2015 enviamos a Penn State University a tres alumnos que terminaron su quinto año para un curso de tres semanas, mediante becas que nos otorgó esa universidad. Además, hemos fortalecido nuestros convenios con la Universidad de Pisa, en Italia, con intercambios de profesores, cursos e investigaciones conjuntas que ya han producido cuatro libros.

Algo que caracteriza a esta carrera es la pasión. ¿Cómo se adhiere esa pasión al ADN de los alumnos de nuevo ingreso?

Tengo 37 años de abogado, 27 de profesor, cuatro en la Junta de Gobierno y 14 meses como rector. El ADN que tenemos se relaciona íntimamente con la pasión que te da ser hijo de la Escuela. Somos una gran cofradía, una amistosa agrupación de vivos y muertos. Tres mil seiscientos abogados en casi 104 años. Hoy habremos de practicar el Derecho 1,200, desde abogados veteranos, hasta compañeros jóvenes de veintitantos años. Y a todos nos une el sello de la Libre. El orden y la disciplina están confiados a nuestro honor, ese ADN que nos permite multiplicar, que nos permite unirnos donde estemos.

¿Cuál es su visión sobre el futuro de la escuela?

La Libre quiere permanecer en los primeros cinco lugares de escuelas a nivel nacional. No quiero pecar de soberbio ni dejar de reconocer las grandes ventajas y las oportunidades que tienen otras escuelas de Derecho y otras universidades, pero creo que nosotros tenemos los elementos y los requisitos para posicionarnos entre las escuelas de mayor calidad por la escuela en sí y por sus egresados.

El reto y la visión es que de la Libre salgan abogados con valores, con principios, con una enseñanza especial en procedimientos orales, porque aquí los alumnos tuvieron que aprobar más de 40 exámenes con tres sinodales. Esa prueba yo se la pongo a cualquier escuela; eso es algo que no lo ofrece nadie a nivel mundial. Es un regalo que nos hicieron nuestros fundadores. Así se examinaba el Derecho en 1912, así se hacía en la Universidad Nacional de México; pero nosotros fuimos los únicos que lo hemos preservado. Y nuestra gran tarea es conservarlo, mejorarlo y tomar las mejores prácticas de hoy en cuanto a enseñanza, a conocimientos, a materias, a actualización, a capacitación, a tecnología, para combinarlas y dotar a la Escuela de esas herramientas nuevas que le permitan al estudiante ser el mejor abogado.

Para concluir, ¿cuáles han sido las aportaciones de la escuela a la sociedad?

La Libre, en la historia del México reciente o moderno, ha aportado muy buenos hombres y mujeres para la constante y permanente construcción de su Estado de Derecho. Acabamos de tener un presidente de la República, Felipe Calderón, así como tuvimos otro, hace tiempo, Emilio Portes Gil. Actualmente tenemos a tres ministros de la Suprema Corte de Justicia: Fernando Franco, Arturo Zaldívar y Jorge Mario Pardo, pero antes tuvimos a otros, como Felipe Tena Ramírez, el gran constitucionalista mexicano. Una gran cantidad de mujeres jueces y magistradas son nuestras egresadas, hay abogados que son notarios públicos y corredores, y tenemos muchos, los más, abogados practicantes, gobernadores, diputados y senadores que están trabajando para y por el México de hoy con pasión y con mucha entereza. Eso es la Libre, una escuela que no está en la oscuridad, sino afuera, ¡siendo luz de la calle!


Luis Manuel Díaz Mirón Álvarez es abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho. Se ha especializado en el campo del Derecho laboral y es socio director del Bufete Díaz Mirón y Asociados, S.C.

Es miembro de la Sociedad Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social; académico de número de la Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación; miembro del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa, A.C., de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, y de la Federación Interamericana de Abogados.

Ha sido profesor titular de Derecho del trabajo en la Escuela Libre de Derecho desde 1990.

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