Manelich Castilla

Desafíos de la Policía Federal

Manelich Castilla

 

El comisionado general de la Policía Federal —la corporación más confiable en materia de seguridad pública, según el INEGI— habla de la necesidad de que la figura del policía evolucione a la de un verdadero experto en seguridad integral y comparte su propósito de hacer que la Policía Federal de México sea una de las más reconocidas del mundo, como ya lo es en la región de América Latina.

 

 

¿Qué lo impulsó a ser abogado?

Al inicio de la década de 1990 comencé a trabajar con un hermano de mi padre como asistente en tareas de comunicación social. Esa actividad me llevó a ser reportero y a cubrir las actividades del Congreso de la Unión. Me gustaba el periodismo, por lo que creí que dedicaría mi vida a ese oficio. Al cubrir la fuente parlamentaria, sin embargo, descubrí el mundo de la elaboración de la ley, sus causas y sus efectos. El debate me apasionó. Entonces decidí estudiar Derecho e involucrarme en el ámbito jurídico.

 

¿Cuál es su visión de la Policía Federal?

La Policía Federal es la corporación más confiable en materia de seguridad pública, según el INEGI. En cuanto a reconocimiento, sólo estamos por debajo de nuestras Fuerzas Armadas, con las que, dicho sea de paso, hemos tenido el privilegio de trabajar en diferentes retos.

Me gustaría que nuestras capacidades policiales fueran mayores a nivel nacional. Creo en la necesidad de fortalecer a las policías locales. Debemos transitar al modelo de mando único, que en una primera etapa implica contar con 32 policías estatales y no más de 1,800, como hoy. Somos el único país de la región que no tiene una policía de carácter nacional.

 

¿Qué destrezas deben tener los policías?

La moderna función policial exige liderazgo. Los policías deben ser personas capaces de resolver problemas o de evitar su aparición, con base en una visión gerencial. Esto implica que un policía moderno no debe contar sólo con su vocación, sino hacer de su trabajo una verdadera profesión. Debemos modificar, por tanto, el paradigma del perfil del policía. Urge evolucionar de la figura de policías a secas a la de verdaderos expertos en seguridad integral. Es decir, crear profesionales de la seguridad que, entre otras funciones, dominen la función policial. Sería atractivo para muchos profesionistas que inhiben su deseo de ser policías por pensar que es una actividad limitada a perseguir delincuentes, la cual, dicho sea de paso, es muy apasionante, pero que hoy se combina con las tareas de proximidad, planeación estratégica, liderazgo y hasta alta especialización, como en el caso del modelo econométrico que se construyó para definir los despliegues de la División de Gendarmería.

 

Su formación académica lo ha impulsado a fortalecer la licenciatura en ciencias policiales y la maestría en seguridad hemisférica. Cuéntenos de ambas.

La licenciatura ofrece un programa de estudios especializado en el quehacer policial: investigación, prevención y reacción, respeto a los derechos humanos, cultura de la legalidad, perspectiva de género, ética policial y dignidad de las personas, entre otros temas. La maestría, por su parte, pretende abrir un espacio de comprensión de los diversos factores y amenazas que influyen en la seguridad de la región, con una visión multidimensional de las problemáticas planteadas por la Comisión de Seguridad Hemisférica de la Organización de Estados Americanos. También involucra temas como los mecanismos homologados de formación de capital humano especializado con proyección internacional, con capacidad de análisis e interpretación de la información para tomar decisiones de alto impacto hemisférico.

 

¿Es suficiente este programa para formar buenos policías?

Como toda corporación que aspira a la excelencia, desde hace años se ha impulsado una agenda cultural y deportiva que ayude no solamente al desarrollo humano de los elementos, sino que sirva como un vínculo de la corporación con la sociedad. Por ejemplo, nuestra sinfónica de alientos y nuestro mariachi son reconocidos a nivel nacional e internacional por su enorme calidad, y nuestra compañía teatral es invitada permanente a eventos de la mayor relevancia cultural. En el ámbito deportivo, contamos con campeones en distintas disciplinas, entre las cuales destaca el box y el futbol femenil. Tenemos una campeona del mundo, Irma García, y el equipo femenil de futbol es tricampeón de los Juegos Mundiales de Policías y Bomberos.

 

¿Considera usted que existe equidad de género en la Policía Federal?

Hoy día son mujeres las que encabezan áreas estratégicas de la corporación: la Secretaría General, la División Científica y Asuntos Internos, así como la coordinación en Sinaloa. Sin embargo, en el tema de la igualdad sustantiva siempre existirán pendientes. En esta administración se nombró por primera vez a una coordinadora estatal, la comisaria Araceli Rodríguez, en Quintana Roo, quien además es jefa de oficina del comisionado general.

 

¿Qué significa para usted el reciente reconocimiento que le otorgó Estados Unidos por el trabajo conjunto de la Policía Federal en la desarticulación de grupos criminales y decomisos?

Un reconocimiento siempre motiva, pues es señal de que se avanza por el camino correcto. A lo largo del tiempo, el gobierno de Estados Unidos ha reconocido a nuestra corporación por méritos distintos. En fechas recientes, la propia DEA puso el nombre de un agente mexicano caído en servicio a una de sus generaciones. La relación con las distintas agencias de nuestro vecino del norte pasa por muy buen momento. Y, desde luego, nos sentimos agradecidos por el apoyo permanente al trabajo que realizamos para atender problemas que incumben a ambos países.

 

Entremos ahora a temas más áridos: ¿qué lo motivó a proponer la reforma a la fracción XIII del apartado B del artículo 123 de nuestra Constitución? 

Cuando recibí el honor de ser nombrado comisionado general de la Policía Federal, tracé tres ejes, el primero de los cuales fue velar por los derechos de los policías. Afortunadamente, el comisionado nacional de seguridad, Renato Sales Heredia, desde hace muchos años comparte la visión de que el artículo 123 discrimina a policías, peritos y ministerios públicos, pues no permite su reinstalación aun siendo absueltos de una imputación.

Somos los únicos funcionarios en esa situación. Sería importante conocer la opinión de los representantes del Poder Judicial. ¿Qué pensarían si estuvieran contemplados en ese artículo constitucional? Es como si un procedimiento ante el Consejo de la Judicatura, por ese hecho, con independencia del resultado de una investigación sobre alguna anomalía en el desempeño de la función jurisdiccional, fuera causa suficiente para no volver a trabajar en esa soberanía. Es absurdo. ¿Por qué hacerlo con policías, peritos y agentes del Ministerio Público?

 

¿A qué atribuye usted los índices de impunidad que hay en México?

Una gran parte de los delitos que resultan catalogados como impunes no son castigados porque, en principio, ni siquiera son denunciados. Es necesario lograr que el ciudadano adopte, de manera habitual, la cultura y la costumbre de la denuncia.

La construcción de confianza es vital. Las policías, en todos los niveles, tienen la responsabilidad de lograr que los ciudadanos se conciban a sí mismos como sus aliados y no como sus adversarios. Por supuesto, eso implica mantener altos estándares de efectividad, capacitación y profesionalización constantes, el reforzamiento de los sistemas de control interno de las instituciones policiales, un sistema de valores institucionales bien arraigado, una gran vocación de servicio y mucho compromiso con el país. La Policía Federal creció 10 puntos porcentuales en percepción de eficacia, según el INEGI, y eso se traduce en confianza. Hemos hecho nuestra parte.

 

¿Cómo explica el aumento de homicidios estos últimos años?

Hay lugares en los que, si bien los homicidios tienen gran impacto entre la población, se encuentran ligados fundamentalmente a temas de delincuencia común o, incluso, de conflictos interpersonales. De la misma forma, es posible ubicar otras demarcaciones donde, si bien dichas conductas no presentan una influencia tan inmediata sobre la población civil, se encuentran más relacionadas con la dinámica de las organizaciones delictivas.

Un indicador que tiene fuerte impacto en la percepción de seguridad son los homicidios vinculados a la delincuencia organizada. Se tiene un diagnóstico preciso de esa dinámica criminal. Hasta hace poco tiempo la violencia entre grupos criminales crecía conforme se acercaban a la frontera norte. Disputaban las rutas del trasiego de drogas. Actualmente, esa violencia también se trasladó a otros sitios por la disputa de actividades criminales como el robo de hidrocarburos y los delitos conexos a dicha actividad. Algunos homicidios se producen como efectos colaterales frente a la intención de vulnerar algunas actividades económicas o, incluso, son indicativos de conflictos sociales arraigados. De esta manera, sería incorrecto intentar explicar la dinámica delictiva, en cualquier sentido que ésta se dé, a partir de generalizaciones.

Las sociedades con una ciudadanía más activa en los espacios públicos, capaz de construir lazos más estrechos entre sí, usualmente son las que menos permiten el surgimiento de conductas criminógenas. No existe mejor estrategia de combate al delito que prevenir la necesidad de combatirlo, y eso se logra, en buena medida, con ciudadanos comprometidos con su comunidad y con una cultura de valores y de hacer propios los espacios comunes.

 

¿Cuál es el principal problema de la policía con el nuevo sistema penal acusatorio?

No me parece que la policía tenga “problemas” con el nuevo sistema. Lo que ha habido es un proceso natural de adaptación que, en ocasiones, se ha traducido en errores. Como se tiene documentado, ha pasado en cualquier país que haya establecido un nuevo modelo normativo.

Existen aspectos que aún pueden ser motivo de reflexión y discusión. Así, por ejemplo, hemos insistido en varios foros sobre la necesidad de revisar lo relacionado con la prisión preventiva oficiosa para delitos como portación de algunas armas específicas que, por sí mismas, representan un importante riesgo para la sociedad.

Una vez que hemos logrado la reforma reivindicatoria de los derechos de los ciudadanos, tanto de los inculpados como de las víctimas, es fundamental impulsar la reforma por los derechos de los policías. Desde la reforma constitucional al artículo 123, que actualmente dispone la no reincorporación al servicio de un elemento de policía que haya sido separado, aun cuando demuestre su inocencia respecto de la causal de despido, hasta una revisión integral del marco legal que cubre y debe proteger la actuación policial. La dignificación de las y los policías no es solamente un tema de reivindicación gremial, sino un tema de fortalecimiento institucional.

 

¿Qué relación tiene la policía a su cargo con el Ministerio Público?

El intercambio de información es constante y fluido en las investigaciones, lo que permite estrategias más sólidas. La actuación en operativos conjuntos es frecuente, lo que hace posible una mayor eficiencia y una mejor preservación del debido proceso y de los derechos fundamentales de presuntos responsables. Trabajamos, igualmente, de manera constante, por construir lenguajes comunes que permitan una mejor coordinación. La Policía Federal y la procuraduría son eslabones fuertes del sistema penal.

 

¿Cómo evaluaría usted a nuestros jueces?

El Poder Judicial se ha caracterizado por su independencia y sus capacidades, convirtiéndose en una verdadera instancia de debate y de creación jurídica. Empero, no está exento de problemas y desafíos. La corrupción, los criterios para resolver asuntos que impactan socialmente por su relevancia, no excederse en sus resoluciones —como en el reciente caso de tres magistrados en Tamaulipas que resuelven crear una comisión de la verdad—, son algunos de ellos.

En la Policía Federal creemos en la argumentación como fuente de interpretación jurídica. Por ello, para demostrarlo, no sólo en el discurso, hemos fortalecido nuestro propio Consejo Federal de Desarrollo Policial, órgano encargado de dirimir y resolver, en casos concretos, sobre cuestiones de aplicación reglamentaria y disciplinaria en el interior de la institución. Hoy en día, nuestro Consejo Federal debate con argumentación jurídica sólida y genera precedentes para emitir resoluciones más robustas, en congruencia con los principios de justicia que informan todo nuestro orden jurídico y del cual es ejemplo el Poder Judicial.

 

¿Existe auténtica coordinación en las tareas de seguridad, como se escucha a menudo decir a los servidores públicos dedicados a la seguridad?

Creemos en la coordinación en todos los niveles. Por eso, propuestas como el mando único van en el sentido de fortalecer dicha cooperación. Es un pendiente importante. La delincuencia no distingue niveles de gobierno ni demarcaciones políticas y, por eso, la respuesta que debe darse no debe verse obstaculizada por esos factores.

Reconozco que no todas las entidades han hecho su parte. Coordinarse no es suficiente; debe existir el compromiso de construir mejores capacidades y hacer que la coordinación sea entre instancias operativas en igualdad de condiciones y de posibilidades de realizar un trabajo eficaz. Políticamente es bueno mantener la voluntad y la disposición, pero es mucho mejor que esa voluntad se traduzca en hechos concretos, como incrementar estados de fuerza, infraestructura, condiciones laborales adecuadas, justa remuneración salarial y, en general, todo lo que implica la dignificación de la función policial.

Por eso mucha gente no se convence de los avances en materia de seguridad: por las asimetrías que existen entre órdenes de gobierno al momento de realizar la función.

 

Para finalizar, ¿cuál considera usted que será el gran desafío de la Policía Federal durante la próxima administración?

Su continuidad en cuanto a doctrina y modelo operativo. Que no se echen por la borda los avances logrados en los últimos 10 años. Que no se improvisen procesos. Creemos estar alineados con las mejores prácticas a nivel mundial. Debemos crecer de manera ordenada y seguir fortaleciendo capacidades gerenciales, de liderazgo y técnico-jurídicas.

  


 

Manelich Castilla Craviotto es egresado de la licenciatura en Derecho por la Universidad Latina y maestro en ciencias penales con especialización en ciencia jurídico-penal por el INACIPE.

Se desempeñó como coordinador estatal de la Policía Federal en San Luis Potosí;

fue titular de la División de Seguridad Regional de la misma institución, así como ministro agregado de la Policía Federal en la embajada de México en Colombia. Hasta antes de su nombramiento como comisionado general, se desempeñó como titular de la División de Gendarmería.

Cuenta con capacitación a nivel nacional e internacional. Destaca la que obtuvo por la Policía Nacional de Colombia, por el FBI de Estados Unidos y por la Policía Montada de Canadá. Su capacitación internacional en materias de gerencia policial y liderazgo se suma a otras en el rubro de seguridad e impartición de justicia en México.

En el sector privado, colaboró como docente en el INACIPE, en la UNAM y en la Universidad del Pedregal. Asimismo, fue director nacional del Programa de Justicia de la Fundación Telmex, cuyo objetivo es liberar a personas de escasos recursos, primodelincuentes en delitos menores, a través de fianzas sociales.

 

 

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