Miguel Limón

“No puede haber Estado de Derecho sin educación”

Miguel Limón

Abogado y político con un agudo sentido crítico, Miguel Limón Rojas se inició en la vida profesional como profesor de Derecho constitucional por oposición en la Facultad de Derecho de la UNAM. Ingresó a la administración pública participando en un proceso de reforma administrativa en la Secretaría de Gobernación. Desde entonces, Limón se ha desempeñado en diversos cargos. Entre otros, como director del otrora Instituto Nacional Indigenista, procurador del Medio Ambiente, subsecretario de Educación y de Gobernación y secretario de Educación Pública. Actualmente es socio del despacho Valora, Consultoría y preside la Fundación para las Letras Mexicanas, donde su reto es impulsar la formación de jóvenes escritores. Ante la instrumentación de la reforma educativa y ante el protagonismo que ésta ha adquirido en estos momentos, pocos observadores más calificados que Miguel Limón para descifrar los acontecimientos. Eso sí, primero conversamos con él sobre el Estado de Derecho en México.

 

Suelo hacer la misma pregunta a los políticos que estudiaron Derecho: ¿cómo influyó su formación jurídica en su actividad política?

La formación de abogado me dio una idea del Estado y del papel que éste debía desempeñar frente a los valores primordiales del individuo y de la sociedad, como son la libertad y la justicia. Aprendí el principio según el cual la actuación del poder se ha de regir por lo dispuesto en las normas jurídicas. Ésta es la base del Estado de Derecho. La lógica jurídica me dio un primer criterio que me ha sido de enorme provecho para discernir y tomar decisiones.

 

Ahora que menciona al Estado de Derecho, ¿cómo lo diagnostica en estos momentos?

Débil, porque la ley se respeta muy insuficientemente. Es indispensable rehacer los consensos sobre los que se sostiene el orden jurídico y restaurar el pacto social que se encuentra fracturado en aspectos básicos.

 

¿Por dónde empezaría usted a restaurarlo?

Por el ejemplo que debe dar la clase dirigente: debe prevalecer una conciencia más avanzada de lo que significa el interés público. Otro punto en el que se ha insistido con razón es el que tiene que ver con poner fin a la impunidad. Ésta es una clave fundamental del orden jurídico.

 

Déjeme entrar a un campo que usted conoce mejor que muchos y que a mí, en lo personal, me resulta muy seductor: la educación. ¿Juega ésta un papel relevante en la restauración de nuestro Estado de Derecho?

Desde luego. La educación forma la conciencia a partir de valores y principios y es el camino más sólido para construir una convivencia basada en la justicia, en el ejercicio de las libertades y en la certeza jurídica. Sin embargo, no debemos esperar a que las nuevas generaciones adquieran los valores y las competencias que el país requiere de forma espontánea. Es urgente una reeducación de quienes ya pasamos por la escuela. Tenemos responsabilidades y la obligación de dar buen ejemplo. A nosotros concierne apuntalar la convivencia, mejorarla, dejar de ser sordos, indiferentes al rencor social, y atender los motivos que le dan origen.

 

¿Cómo ve usted, en términos generales, el marco jurídico que sustenta al sistema educativo, en concreto, el artículo 3° constitucional y la Ley General de Educación?

Tenemos un marco jurídico adecuado a las necesidades. Las recientes reformas refuerzan los principios que garantizan una educación pública de calidad, gratuita y laica. Quedó establecida la evaluación como instrumento que asegura la idoneidad de los docentes y su promoción conforme al mérito. En la fracción XXV del artículo 73 constitucional se incorporan los principios de inclusión y diversidad. Se introduce la figura de la autonomía de gestión de las escuelas con el fin de protegerlas del capricho burocrático. Los particulares mantienen las prerrogativas que ya tenían.

 

En consecuencia, ¿le parece importante la reforma educativa que ha impulsado el presidente Enrique Peña Nieto?

De lo más importante, porque llega al corazón del sistema educativo, que es la escuela. Coloca a la autoridad y a la organización educativa al servicio de ella, al tiempo que dignifica la figura del maestro y favorece su desarrollo profesional. Ahora se está en la instrumentación de la reforma, en el propósito de lograr que los maestros la hagan suya, que las autoridades de los estados se dediquen a aplicarla y que contemos con un modelo educativo que permita mejorar los aprendizajes en el salón de clases.

 

Esto parece obvio. ¿Por qué tardó tanto tiempo en entenderse?

No era tan obvio: el sistema educativo tuvo que atravesar, primeramente, por la federalización. Ésta era indispensable para reducir tramos entre la escuela y la autoridad. Era necesario que los gobiernos locales asumieran su responsabilidad.

 

Hay quienes aseguran que el rezago educativo es deliberado: que lo que muchos buscan es garantizar la mano de obra barata en México…

Falso. Sólo prefieren un pueblo ignorante quienes desean una sociedad de esclavos. Éste no fue el proyecto planteado en la Constitución de 1917, ni la causa a la que sirvieron Vasconcelos y Torres Bodet. Tampoco se habrían dado avances que son innegables. Para muchos gobiernos, la educación no ha sido la verdadera prioridad… Pero de ahí a mantener y alimentar el rezago deliberadamente hay un abismo. Para que la educación sea una verdadera prioridad, no basta con declararlo: es indispensable darle apoyo político y recursos. Yo tuve lo primero. En cuanto a lo segundo, fueron tiempos adversos; años que siguieron a la crisis de diciembre.

 

Hay quienes atribuyen el rezago a la presencia del sindicato. ¿Usted comparte esta opinión?

Lo malo no ha sido el sindicato sino la utilización indebida de la organización gremial… Puesta al servicio del poder. El daño vino de que, durante largos periodos, a la dirigencia se le haya retribuido el control y la colaboración con parte del patrimonio de la educación.

 

¿Por qué se dejó crecer tanto a la CNTE en estados como Oaxaca?

La CNTE en Oaxaca tiene un origen legítimo: el lugar que la dirigencia había dado a los maestros oaxaqueños era inadmisible. Por eso ellos decidieron conformar una organización autónoma y defender derechos que no les eran reconocidos.

 

¿Cuándo se pervirtió el proyecto?

Si tuviera que precisar una fecha, diría que en 1992, cuando el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) se le entregó a la Sección 22. Y, con él, todo el poder sobre los servicios educativos. Esto fue un despropósito, una confusión de competencias que no pudo sino terminar mal. Adicionalmente, la 22 fue subordinando los aspectos profesionales a los propósitos de conquista del poder político.

 

Muchos organismos señalan que actualmente la educación pública está sucumbiendo ante la educación privada en México…

Y así seguirá ocurriendo si la educación pública no se transforma en favor de la calidad y la inclusión: los padres de familia harán el mayor sacrificio posible para que sus hijos tengan la mejor educación, así deban pagar por ella. No debemos aceptar que esto ocurra.

 

En este escenario, ¿advierte usted que hay quienes apuesten al fracaso de la educación pública?

Sí. Ésta es la apuesta de todos aquellos que ven en ella, sobre todo, un posible negocio. Por eso apuestan a su desplome.

 

¿Qué ocurriría si México tuviera una excelente educación, profesores y alumnos destacadísimos y universidades modelo, pero careciera de fuentes de empleo? ¿Qué haríamos con nuestros geniales ingenieros en biología molecular, astrofísicos y neurocientíficos?

Éste tampoco es un escenario deseable; es indispensable que la economía crezca y que las generaciones mejor preparadas encuentren las oportunidades que merecen.

 

Como secretario de Educación Pública, ¿cuáles fueron sus principales satisfacciones?

Podría mencionarle varias que fueron posibles por el hecho de haber podido preservar la dignidad de la secretaría: haber impulsado el avance de la federalización, con la corresponsabilidad de las autoridades estatales; haber dado un fuerte impulso a la educación en valores, y haber introducido la educación sexual como parte de la educación básica. Todo esto, en una relación de respeto recíproco con el SNTE.

 

¿Y sus principales frustraciones?

La primera, no haber tenido en mis manos la posibilidad de impedir el estallamiento y la prolongación de la huelga de la UNAM. La segunda, haber padecido las restricciones financieras de esos años, que limitaron los alcances de la labor educativa.

 

Si en sus manos estuviera hacer una reforma en el ámbito educativo, ¿qué reforma haría?

La que está en curso; es la de mayor importancia que hemos tenido. Buscaría persuadir a la sociedad de que la educación es asunto de todos. En ella no sólo debe involucrarse la escuela sino la familia, las iglesias, las empresas y los medios de comunicación.

 

¿Cómo ve usted el impulso que Aurelio Nuño, actual secretario de Educación, está dando a las reformas? A mí, en lo personal, me gusta el modo en que está invirtiendo su capital político en una causa tan noble... y tan compleja.

Nuño conoce los propósitos y los términos de la reforma educativa. El ánimo que ha venido mostrando, desde que asumió la responsabilidad de conducirla, nace del compromiso que tiene con este tema desde la elaboración del programa del gobierno.

En el tiempo que él lleva en el cargo ha mostrado inteligencia, sensibilidad y capacidad de trabajo. Pero debemos tener claro que el éxito que se tenga depende de que todos hagamos la parte que nos corresponde. Se trata de una tarea que nos concierne a todos porque desde ella se construye un destino común.

 

¿Cuáles son los principales retos de que deberá dar cuenta?

Como él lo ha expresado, se trata de mejorar los aprendizajes en el salón de clases y, para ello, se ha propuesto colocar a la escuela en el centro del sistema educativo: dignificar el quehacer magisterial, sacar adelante la evaluación. Tiene claros retos y prioridades.

 

 

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