Raúl Contreras Bustamante

Al frente de la escuela de abogados más grande de México

Raúl Contreras Bustamante

 

Administrar la Facultad de Derecho de la UNAM, que no sólo es la escuela de Derecho más grande del país —con una matrícula de poco más de 14,000 alumnos y 1,500 profesores—, sino una institución académica que ocupa un destacado lugar tanto a nivel nacional como a nivel internacional, requiere un arduo trabajo, del que nos habla en esta entrevista su director, Raúl Contreras Bustamante.

 

 

¿Cómo se integró a la Facultad de Derecho?

Bueno, soy un universitario de toda la vida. Entré a la Preparatoria Número 6. Cuando presenté mi examen de admisión al bachillerato (en ese entonces la universidad hacía el examen en distintos campus) me tocó hacerlo en el salón 201 de la Facultad de Derecho. Desde aquel día que vine y que conocí sus impresionantes aulas me dije: “Aquí pertenezco”. Y por eso, al terminar la preparatoria, estudié la licenciatura, la especialidad, la maestría y el doctorado en la UNAM. Y apenas obtuve el doctorado, empecé a dar clases. Tengo 30 años ininterrumpidos como académico de la facultad.

 

¿Con qué matricula se enfrenta todos los días? ¿Cuántos alumnos tiene? ¿Cuántos profesores? ¿Cuántos administrativos?

Tengo 14,200 alumnos, distribuidos en cuatro sistemas, tres de licenciatura: sistema escolarizado, sistema de educación abierta de los que vienen a tomar clases los sábados y sistema a distancia. Y además los alumnos están en la especialidad, en la maestría y en el doctorado.

 

¿Y el número de profesores?

Son 1,500 que dan cursos en estos cuatro sistemas. Es un gran reto. Ésta es una institución que requiere, además de muchas herramientas académicas, muchas habilidades y experiencia administrativa, porque tenemos que trabajar de manera coordinada con dos asociaciones sindicales: Sindicato de Trabajadores (STUNAM) y el Sindicato de Académicos (AAPAUNAM).

 

¿Y cómo logra conectar con cada una de estas personas? ¿Con sus alumnos, con los profesores?

Pues es producto de la experiencia. Yo fui un estudiante inquieto, fui secretario general en la preparatoria y secretario general de mi generación en la licenciatura y presidente de mi generación en el doctorado. Entonces conozco muy bien los órganos de gobierno y la política estudiantil. Y como profesor inicié de la manera como lo hacemos todos: siendo un profesor de asignatura, después un profesor de medio tiempo, luego un profesor de tiempo completo… Y además tuve una larga experiencia administrativa en el gobierno federal, en el gobierno de la ciudad y en el gobierno de Veracruz, sobre todo en aspectos administrativos. Fui director general de programación, organización y presupuesto, y después director de recursos humanos de la Secretaría de Salud. Ahí aprendí a manejar presupuesto y a manejar sindicatos.

 

Y un universo de personas de este calibre…

Bueno, la Secretaría de Salud tiene un sindicato de 380,000 trabajadores. Es un sindicato muy grande. Fui subdelegado jurídico de gobierno en Iztapalapa y ahí aprendí a tratar con grupos sociales y aprendí la parte de recursos materiales. Entonces, cuando yo comparecí a la junta de gobierno, les dije: “Yo vengo a poner al servicio de mi facultad y de la universidad todo el bagaje administrativo y político que he experimentado y que he aprendido a lo largo de mi vida”.

 

¿Y cómo elige a sus colaboradores?

Pues con mucho cuidado. Muchos son profesores de mucha trayectoria y de mucha experiencia en la facultad que han trabajado en otras administraciones y algunos otros me han acompañado a lo largo de mi vida en experiencias administrativas. Procuro buscar perfiles adecuados para cada una de las responsabilidades.

 

Inició su gestión el 29 de marzo de 2016. Comenzará el último año de su primer periodo. ¿Con esa perspectiva puede hacer un balance de su trabajo al frente y de lo que lo ha distinguido de sus antecesores?

Nunca debe uno hablar de sí mismo, pero la facultad es una institución de gran prestigio y con un potencial increíble. Sin embargo, le hacía falta alinear todos sus atributos y todas sus fortalezas y afinarlos. En el área académica hemos logrado fortalecer el compromiso de los maestros de asistir puntualmente a clases, de crear una cultura de la legalidad donde todos cumplimos nuestra obligación; se ha rejuvenecido la planta académica, y se ha tenido en cuenta la cuestión de género: como eje transversal de nuestras actividades, 70 por ciento de los profesores que han entrado en mi administración son mujeres; tenemos un consejo técnico paritario: cincuenta por ciento mujeres, cincuenta por ciento hombres; estamos produciendo muchísimos más libros, muchísimos más artículos; tenemos un nuevo sistema de evaluación de profesores de tiempo completo; estamos a punto de lograr la aprobación de los nuevos planes y programas de estudio de la facultad para modernizarlos y que estén a la altura de las demandas que tiene la profesión. Y tenemos dos años consecutivos en que las empresas encuestadoras extranjeras nos reconocen como la Facultad de Derecho más importante de Latinoamérica y de España y Portugal, lo cual quiere decir que la nuestra es la Facultad de Derecho mejor posicionada del mundo de habla hispana.

 

Durante mucho tiempo en México los alumnos abrevaban de los libros de los profesores de la Facultad de Derecho; por un momento hubo un monopolio de ese trabajo. Pero con el desarrollo editorial de otras escuelas como la Libre de Derecho, la Anáhuac y la Iberoamericana empezó a haber un universo distinto en el ámbito bibliográfico, así que, con la enciclopedia de la Facultad de Derecho, ¿cree que se retoma esa tradición? ¿Qué representa para usted ese proyecto de la enciclopedia jurídica?

Es un esfuerzo coordinado de los académicos. Son 58 libros compilados en 17 tomos, en los que participamos más de 70 profesores y viene a ser una obra sin precedentes. Tenía muchísimos años que una institución no se atrevía a publicar una obra tan ambiciosa. No tenemos antecedentes de que se haya hecho tampoco en el mundo de habla hispana un trabajo de este tipo y desde luego nos ha vuelto a poner en la punta editorial porque existen 1,700 instituciones en el país que tienen permiso federal o de los gobiernos de los estados para impartir la licenciatura en Derecho, desde luego con condiciones muy distintas a las que tiene la UNAM. Y nosotros consideramos que ya no solamente es útil a los estudiantes de nuestra institución, sino, en general, a cualquier estudiante de Derecho del país. La enciclopedia ha sido presentada en las ferias internacionales: en la de Minería, en la universitaria y en la de Guadalajara, y ha tenido muy buen éxito de venta. Y, efectivamente, las editoriales se están acercando a la Facultad de Derecho para hacer convenios porque están demandando, nuevamente, a la nueva planta académica para hacer nuevos textos.

 

Hablando de convenios, creo que destaca el hecho de que durante su gestión usted ha realizado viajes internacionales para afianzar la posición de la Facultad de Derecho en el mundo de habla hispana. Háblenos un poco sobre su estancia, por ejemplo, en Salamanca. Creo que es muy importante destacar el convenio sobre doble titulación y grados.

Sí, claro. A la facultad le hacía falta reestablecer sus nexos con el exterior. Hemos llevado a cabo una actividad muy intensa tanto en España y Francia como en Estados Unidos y los países de Latinoamérica, y tenemos convenios con muchísimas instituciones muy prestigiadas. Hemos estado trabajando muy de cerca con Salamanca. Por cierto, el rector de la Universidad de Salamanca era el decano de la Facultad de Derecho y nos hicimos amigos siendo directores de las facultades. Ahora, como magnífico rector, le está dando un gran impulso a ese convenio.

Tenemos muy buena relación con Ricardo Alonso, así como con el director de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense. Recientemente fuimos anfitriones de la reunión de las cinco macrouniversidades. Estuvieron los decanos de todas las facultades de Derecho.

Por otro lado, además de las universidades Complutense, de Barcelona, de Buenos Aires y de Sao Paulo, hemos concretado buenas relaciones en Estados Unidos, pues hemos estado en Harvard, Columbia, Berkeley y San Diego, así como en la Universidad de Washington para ampliar las oportunidades de nuestros alumnos y académicos. Lo cierto es que aparecer en los rankings mundiales nos ha abierto muchas puertas para conseguir preciados objetivos y se ha producido una sinergia muy satisfactoria, porque ahora tenemos muchísimas instituciones que se han acercado a la UNAM tratando de establecer convenios con nosotros para que nuestros alumnos y nuestros maestros vayan y que los suyos vengan aquí.

 

La administración pública, sin embargo, no ha aumentado el presupuesto necesario para la educación superior. Cada vez se hace más con menos, o provoca que se haga más con menos. ¿Es el caso de la facultad?

La facultad batalla mucho con los recursos, como seguramente lo hacen todas las instituciones de educación superior públicas, puesto que los recursos que tenemos no son suficientes nunca. Entonces tenemos que diversificar nuestro trabajo: ofrecemos asesorías a las dependencias y a distintas instancias de gobierno, promovemos cursos de capacitación y establecemos programas de titulación; en fin, tenemos una actividad de educación continua muy ardua para tratar de allegarnos los recursos necesarios para cumplir con este caro objetivo que es preparar profesionistas de alta calidad. La Escuela Nacional de Jurisprudencia, que también depende de nuestra facultad, hace lo propio. Entonces estamos trabajando todo el día para inyectar recursos a la institución con el objetivo de que podamos ser cada día más competitivos.

 

¿Hay algún cambio, por ejemplo, en la actividad de la facultad con la nueva visión de gobierno?

Primero que nada, somos observadores de la realidad nacional, somos muy respetuosos de la democracia, estamos convencidos de que la ciudadanía tuvo manifiesto un mandato muy claro y, en consonancia, establecemos nexos con el nuevo gobierno. Hay cuatro secretarios de Estado egresados de esta facultad: la secretaria de Gobernación, el secretario de Educación Pública, la secretaria de Cultura y la secretaria del Trabajo. También el consejero jurídico y el director de la Comisión Federal de Electricidad son egresados de la facultad. Y muchos de nuestros maestros están siendo invitados a trabajar en niveles de mandos medios y superiores de la administración pública.

Estos tiempos ha permitido que los colegios y los seminarios que forman parte esencial de la facultad estén atentos al desarrollo de las políticas implementadas desde los primeros días que se sucedieron después de la elección. Y estaremos atentos para tener una visión objetiva, analítica y crítica de todo lo que suceda.

 

¿Cuáles son los principales retos que debe enfrentar como director de una escuela tan importante como la Facultad de Derecho?

Ser el director de la Facultad de Derecho más importante del mundo de Iberoamérica es muy gratificante, pero al mismo tiempo es un compromiso muy duro, muy severo, porque ahora que alcanzamos un nivel, hay mucho trabajo qué hacer para conservarlo. Hay que estar a la altura y cumplir con el estándar que nos hemos fijado.

Entre nuestros objetivos más importantes está el que sigamos siendo un elevador social importante para México. El 70 por ciento de los jóvenes que llegan a esta facultad provienen de familias de clase media baja o de muy bajos recursos. Ingresar a esta facultad constituye una gran oportunidad en sus vidas y puede ser su única oportunidad de cambiar sus desfavorables condiciones de origen. Si nosotros les proporcionamos una educación de excelencia, cambiamos su realidad, su destino y su futuro. Y no sólo el de ellos, sino también el de sus familias. Ese es nuestro principal compromiso: que los jóvenes que no se hallan en las condiciones económicas ideales, cuando salgan de esta escuela tengan las armas necesarias para abrirse paso en la vida y cambiar esas condiciones.

 

Piero Calamandrei decía hace 70 años: “Hay demasiados abogados”. ¿En la actualidad prevalece esa visión?

Sí. El tema es que aparentemente hay muchos abogados, pero el tema principal es que no hay muchos litigantes bien preparados. Nosotros lo sabemos. Nunca como ahora había sido tan difícil preparar a los abogados. Debemos enseñar Derecho romano germánico, que es el de nuestro origen, e instituciones de Derecho anglosajón, que en cierto modo estamos importando; tenemos que procurar que los alumnos cuenten con habilidades escritas y orales, así como enseñarlos a hablar y a argumentar; enseñar Derecho nacional y Derecho convencional, porque ahora estamos sujetos constitucionalmente a la convencionalidad, y debemos enseñar a los estudiantes que el Derecho es más dinámico que nunca en la vida y que tienen que aprender a aprender y a investigar.

Es un reto muy complejo. Quien ha sido abogado sabe que hay grandes tratados de Derecho: García Máynez, Burgoa, Cervantes Ahumada… Grandes libros que duraban mucho tiempo vigentes. Hoy los libros no pueden ser tan extensos, porque si uno se tarda demasiado llevando a cabo una investigación, cuando la termina ya cambió el Derecho. Y éste es tan cambiante que tenemos que estar muy actualizados y preparar textos continuamente. El reto es poder generar juristas; no solamente licenciados en Derecho y abogados, sino juristas que se puedan desempeñar en todos los hábitos donde son necesarios los abogados.

 

¿Cómo influye lo anterior en la elaboración del plan de estudios? ¿Qué se preserva y qué cambia?

Hemos iniciado una revisión acuciosa para poder cambiar los planes y los programas de estudio, porque el Derecho ha sido muy dinámico. El gobierno que terminó recientemente modificó 50 por ciento de los artículos de la Constitución; la convencionalidad está generando muchas obligaciones nuevas; la Suprema Corte de Justicia, a través de sus resoluciones, también ha sido muy activa y muy propositiva. Entonces tenemos que actualizarnos permanentemente para que podamos formar a los mejores abogados de México.

 

¿Cómo influyen las nuevas tecnologías para la educación en la formación de sus estudiantes?

Tratamos de estar al día y de poner a nuestros profesores al día en cuanto a las novedades electrónicas. Continuamente les impartimos cursos de computación, internet y aplicaciones para que estén comunicados con los jóvenes. Porque los jóvenes se comunican de ese modo y si nosotros no podemos comunicarnos con ellos perderíamos la batalla.

Por otra parte, a los alumnos les enseñamos a investigar con base en los medios de comunicación y en todas las herramientas tecnológicas que existen, haciéndolos conscientes de que constituyen la sociedad mejor comunicada de la historia de la humanidad, pero que deben saber discriminar toda la información que reciben para aprovechar la que es útil.

 

¿Cuáles son las dificultades a vencer durante su gestión?

Desde luego, los recursos, que no son los que quisiéramos. Otra cuestión: tratar de generar el sentimiento de pertenencia a una gran institución.

He buscado que se consolide una cultura de la legalidad interna. Por eso les hemos dicho a los alumnos que primero les vamos a enseñar a ser buenos ciudadanos, y sólo después buenos juristas. Eso genera muchas reacciones: que los profesores cumplan con sus horarios, que apliquen sus dos exámenes obligatorios; en fin, que cumplan. Y, por otra parte, que los alumnos entiendan que también constituyen una generación privilegiada, pues los jóvenes nunca habían tenido tantos derechos como ahora. Y como enseñamos que aquí no hay derechos sin obligaciones, están obligados a mostrar un comportamiento ético. Creo que eso ha funcionado muy bien.

El cambio cultural dentro de la facultad se ha dado muy bien. Los muchachos están contentos de pertenecer a nuestra institución; los profesores se sienten felices de ver que su trabajo se ve reflejado en los rankings internacionales, y estamos viviendo un momento muy interesante en la vida de la facultad porque en su seno se percibe un ánimo muy renovado. Todos los días hay conferencias, todos los días se realizan presentaciones de libros. La vida de la Facultad de Derecho se ha enriquecido enormemente y yo me siento muy satisfecho por eso.

 

Existen cuatro profesores eméritos que destacan la labor de la Facultad de Derecho. ¿Hay algo más por hacer respecto de su profesorado para elevar su nivel académico?

El consejo técnico de la facultad me acaba de dar instrucciones para iniciar el procedimiento mediante el cual será declarado profesor emérito don Sergio García Ramírez, un personaje muy querido y admirado no solamente en esta institución, sino en el ámbito jurídico nacional e internacional. Además, estamos recibiendo muchos reconocimientos de nuestros profesores jóvenes que empiezan a publicar y a darse a conocer en los medios. El cambio está en marcha. Lo constata una nueva generación de grandes juristas.

 

 


 

 

Raúl Contreras Bustamante es doctor en Derecho por la UNAM. Con una profunda vocación por el Derecho ha logrado conjugar distintas actividades: profesor de tiempo completo titular definitivo C en la Facultad de Derecho de esta universidad, donde ha impartido teoría de la Constitución, Derecho constitucional y Derecho notarial y registral, en la licenciatura, así como Poder Legislativo, regímenes constitucionales comparados y federalismo y relaciones interinstitucionales, en el posgrado; miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I, y notario 29 de la decimoprimera demarcación de Veracruz. Asimismo, ha sido consejero técnico de la Facultad de Derecho en dos ocasiones y recipiendario de las cátedras extraordinarias “Raúl Cervantes Ahumada” y “Fernando Ojesto Martínez”. También ha fungido como investigador honorario en el Colegio de Veracruz. Cuenta con una sólida obra y ha sido colaborador del periódico Excélsior con la columna “Corolario” y columnista invitado de La Jornada de Veracruz. Se desempeña como director de la Facultad de Derecho de la UNAM desde marzo de 2016.

 

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