Tania Reneaum

Una agenda de derechos humanos para México

Tania Reneaum

 

La pandemia de Covid-19 ha puesto en evidencia desigualdades y necesidades sociales a las que el Estado no ha dado respuesta desde hace décadas, como la debilidad de nuestros sistemas de salud y educativo, además de la violación a los derechos humanos en temas laborales y la violencia contra las mujeres y falta de acceso a la justicia en casos de feminicidio. Tania Reneaum, directora ejecutiva de Amnistía Internacional México explica cuáles son los temas prioritarios que nuestro país debe atender en la agenda de derechos humanos.

 

¿Cuál era el contexto de México en materia de derechos humanos cuando llegó la pandemia?

México se encuentra inserto en la región más desigual del mundo. Esto ha tenido implicaciones muy claras que nos muestran las falencias del Estado, especialmente en los derechos económicos, sociales y culturales (DESC). La pandemia nos ha enfrentado a un contexto en donde los sistemas de salud están débiles y los sistemas educativos también —no tienen un alcance adecuado, el concepto de universalidad es muy limitado y el concepto de gratuidad es un privilegio—. Nos enfrentamos a situaciones laborales en las que la informalidad es la regla antes que ser excepción y los confinamientos que mandatan los Estados se convierten en un privilegio de clase.

 

¿Cómo ha impactado la pandemia en los derechos humanos?

La pandemia llegó en un contexto de profunda desigualdad y eso ha generado que tenga afectaciones en distintos ámbitos. Estamos en un contexto que no es favorable para los derechos humanos y la pandemia nos ha confrontado con la debilidad, las falencias, los pendientes del Estado que han prevalecido por décadas. Ése es el contexto de la pandemia que no ha cambiado. Probablemente nos empezamos a acostumbrar a una normalidad y a nuevas violaciones a los derechos humanos que no tendrían que estar ocurriendo; por ejemplo, la falta de acceso a la salud gratuita, universal y de calidad, las relaciones laborales abusivas que han visto una oportunidad en la pandemia para hacerse más presentes.

 

Amnistía Internacional realizó un informe sobre el personal sanitario. ¿Cuáles son sus principales puntos?

En el momento de redacción del informe, casi la mitad de las personas que habían dado positivo al virus vivían en la región de las Américas. Más o menos para entonces, la Organización Panamericana de la Salud tenía más de dos millones de personas confirmadas de contagio. En México nos encontramos con situaciones en las que el personal sanitario no tiene equipos de protección adecuados. Recogimos evidencia de personal de limpieza contratado por empresas que a su vez contrata el Estado y que carecen de un estándar laboral adecuado. Tenemos una divergencia en la relación que el Estado crea con los empleados del sistema de salud. Todo esto nos da un hilo conductor de que constantemente se viola el derecho a la seguridad y a la salud en el trabajo.

 

A pesar de la pandemia, la agenda de derechos humanos continúa. ¿Cuáles son los temas prioritarios para Amnistía Internacional México?

Empezamos el año con temas prioritarios tales como personas defensoras de tierra y territorio y acceso a la justicia en casos de feminicidio. Pero el contexto demanda mucho más que ello; por eso damos cabida a lo que denominamos la agenda reactiva. Por ejemplo, sobre las violaciones a los derechos humanos que se han producido por la pandemia, me viene a la mente el caso Giovanni, el joven que fue detenido en Jalisco y asesinado por policías. Dentro de la agenda reactiva también reaccionamos a la desaparición de personas que participaron en la manifestación en la que se exigía justicia para Giovanni. En Amnistía Internacional pensamos que debemos poner al servicio de estas graves situaciones la visibilidad que tiene nuestro movimiento.

Un tema prioritario que se ha mantenido en la agenda es la violencia contra las mujeres, especialmente la violencia más extrema, que es el feminicidio.

 

¿Por qué el feminicidio ha sido un tema prioritario?

Hemos decidido hacerlo un tema prioritario porque nos parece que el acceso a la justicia por feminicidio es la fotografía perfecta que nos muestra cómo el sistema de justicia no funciona. El no acceso a la justicia es claramente una violación a los derechos humanos. México ha recibido múltiples recomendaciones de instancias y tribunales internacionales en esta materia y algo está pasando con la política pública de prevención de la violencia porque el Estado mexicano es responsable por la omisión sistemática en la prevención y por no poder dar un adecuado acceso a la justicia a las mujeres.

 

¿Y las manifestaciones?

Se han convertido en tema prioritario porque, curiosamente, son mujeres quienes se han solidarizado con la causa de otras mujeres que han tenido una relación conflictiva con la procuración de justicia, y esta relación conflictiva ha salido a las calles a manera de manifestación. La narrativa pública ha sido: “Lo que está pasando no es adecuado”, “Las mujeres salen a las calles y destruyen el patrimonio, pintan las calles”. Nosotros queremos detenernos un momento para decir: “Aquí hay historias detrás de la rabia”, “Hay historias que nos muestran que el enojo es fundado”. Pero pareciera que el enojo de las mujeres y su rabia organizada interpela mucho a la opinión pública. Hemos notado esas narrativas y nos hemos dado cuenta que cuando la fuerza pública interviene en las detenciones de las mujeres, la fuerza pública interviene con un leitmotiv: la violencia sexual contra las mujeres. Lo documentamos en Guanajuato, en Culiacán, en Jalisco. Nos hemos dado cuenta de que necesitamos entender que hay una lógica de actuación de los cuerpos policiales que permite este tipo de violencia sexual. Y nos preocupa mucho, porque hace poco tiempo el Estado mexicano fue sentenciado por el caso Atenco, que justamente trata sobre violencia sexual por parte de las fuerzas de seguridad del Estado hacia mujeres que participaron de aquella movilización.

 

¿Qué acciones realiza Amnistía Internacional en estos temas?

Amnistía hace tres cosas: investigación, campaña e incidencia. Nosotras hacemos investigación también a partir de lo que vemos en el terreno y notamos la preocupación que nos está aquejando como sociedad, porque no solamente es el hecho de la violencia sexual, que es gravísimo, sino también la ruptura de la confianza entre las personas y la autoridad. Y es una ruptura de confianza que no es fácil revertir. Cómo vas a confiar en la autoridad si al momento de la detención te van a violar o te están amenazando... Es el peor escenario.

Documentamos casos que se convierten en campañas hacia la opinión pública y hacemos incidencia con las autoridades solicitando que estos hechos no se vuelvan a repetir. Elegimos casos que representan la realidad de muchas otras personas. Así, al lograr un cambio en la política pública en un caso concreto, logramos el cambio para muchos otros más.

 

¿En qué temas se enfocarán en este 2021?

Uno de nuestros temas prioritarios será el acceso a la vacuna para el Covid-19. No sólo tenemos que pedir que la vacuna sea universal, sino pedirle al Estado que transparente la compra de vacunas, su distribución, su calidad y la selección de las personas que la recibirán primero. Para Amnistía Internacional este asunto va a ser un tema global, no sólo de México.

 

¿La muerte de mujeres trans puede ser considerada feminicidio?

Las feministas debemos empezar a hablar de feminismos y no de feminismo, porque afortunadamente el feminismo es muy heterogéneo. Para algunas feministas una persona con pene nunca va a ser una mujer. Otras pensamos que las personas que tienen una identidad de género de mujer, que se sienten mujeres, que viven las vulnerabilidades de las mujeres, son mujeres, y le llamamos transfeminicidio. Nos preocupa mucho el hecho de que no se considere, en los elementos del feminicidio, el caso de la violencia contra las mujeres trans, porque hay que recordar que los elementos del feminicidio están vinculados con las relaciones de poder, con la violencia sexual, con el acoso sexual, con hechos degradantes, con actos de tortura, con maltratos extremos, y con la forma en que se trata el cuerpo. A mí me parece que se pueden considerar elementos del tipo penal que perfectamente pueden aplicarse a los transfeminicidios, entendiéndolos como crímenes de género.

 

Con respecto a los feminismos que mencionas, ¿se puede ser feminista siendo hombre?

Es una pregunta muy interesante. Yo estoy segura que los feminismos, como corriente teórica, necesitan una alianza con los hombres, y necesitamos hombres feministas. Los hombres feministas tienen que deconstruirse y reconocer sus privilegios, como los reconocemos las feministas que estamos en condiciones de privilegio. Por ejemplo, en este país tener una condición de privilegio es tener un trabajo remunerado, sentirte segura en determinados espacios. Por supuesto, hay un punto en el que los hombres también pueden ser feministas, pero necesitan acercarse a los diálogos feministas para entender cómo podemos avanzar, hombro a hombro, en las luchas por la igualdad y la no discriminación. Necesitan saber cuándo darles el espacio a las mujeres y cuándo callar en momentos en que la conversación está girando alrededor de la experiencia de ser mujer.

 

¿El gobierno escucha a las organizaciones de la sociedad civil?

En Amnistía Internacional la experiencia que tenemos es variopinta. En el gobierno federal tenemos una experiencia muy diversa. Existen secretarios de Estado y subsecretarios que nos escuchan, que dialogan con nosotras y que en ocasiones nos interpelan y están de acuerdo con nuestros posicionamientos. Ahora bien, si por “el gobierno” vamos a entender al presidente, probablemente la respuesta sería otra. Pero yo también quiero entender que el gobierno lo hacen los secretarios, los subsecretarios, las personas con las que nos podemos reunir, los gobernadores. Amnistía Internacional puede tener, y tiene, interlocución de muy alto nivel, y durante la pandemia nos hemos mantenido con esta interlocución constante. Creo que algunos escuchan, y los que no, estoy segura de que lo harán.

 

¿Por qué las organizaciones de la sociedad civil son fundamentales para los derechos humanos?

No todas las organizaciones de la sociedad civil somos iguales. Trabajamos temas distintos y de diferente forma. Nosotras no podríamos entender nuestro trabajo sin el de las organizaciones que están ahí en la base; por ejemplo, las que trabajan en temas migratorios o de búsqueda de personas desaparecidas. Amnistía Internacional amplifica la voz y da visibilidad, al documentar casos que son emblemáticos. Hoy, la sociedad civil en México tiene características fundamentales: es un contrapeso indispensable, tiene una expertise técnica que les permite la interlocución a diferentes niveles (nacional e internacional), amplía la voz a las personas que necesitan que la suya se amplifique por la tragedia que viven. La sociedad civil en México hace visibles problemas, es contrapeso indispensable y es, también, un ente político con quien el Estado siempre tiene que dialogar.

 

¿En México existe un riesgo por ser una persona defensora de derechos humanos?

Sí. Sin embargo, el riesgo es distinto si eres una persona defensora de derechos humanos en la Ciudad de México, donde todos los núcleos de comunicación están cercanos. Es distinto cuando estás en Chihuahua o en Guerrero. Asimismo, no es lo mismo ser una persona defensora de derechos humanos enfocada en los derechos civiles y políticos que enfrentar terribles riesgos como defensor de la tierra y el territorio, del medio ambiente, de las comunidades, o estar en resistencia contra megaproyectos y obras que no sabemos con precisión cuál es el resultado positivo para la comunidad. Los defensores de la tierra y el territorio que se organizan y se movilizan son quienes verdaderamente están en riesgo. Claro que es un riesgo a veces alzar la voz y ser la voz incómoda que no da posibilidades y que no se repliega complacientemente con el statu quo que a veces se quiere imponer.

 

¿Algo más que desees agregar?

Todas las personas podemos ser defensoras de derechos humanos de alguna manera. Podemos ser activistas, conversar sobre el tema y hay maneras muy fáciles de hacerlo: compartir una publicación en redes sociales, tener una conversación en familia sobre las cosas de las que uno no siempre suele hablar. Creo que hay una gran posibilidad de ser activista de derechos humanos, lo que nos hace ser ciudadanos más conscientes y resilientes, que sabemos exigirle al Estado y ser solidarios con las personas que compartimos la vida, la vivienda, el espacio público. Nos convierte en ciudadanos más conscientes de nuestras responsabilidades. La defensa de los derechos humanos te da ese binomio perfecto: ser consciente de los deberes y responsabilidades del Estado, de tus derechos y de tus deberes ciudadanos.

 


 

Tania Reneaum Panszi se ha formado en estudios feministas y es licenciada en ciencias jurídicas por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas de El Salvador, máster en sistema penal y problemas sociales comparados por la Universitat de Barcelona, y doctora en Derecho por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.

Durante su etapa de formación en España impartió la asignatura Gender and Criminal Justice System y dio clases sobre victimología en la Universitat Pompeu Fabra. Ha sido profesora en la maestría en políticas públicas y género en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), programa académico en cual continúa dirigiendo tesis de maestría.

Ha trabajado en organismos públicos autónomos de derechos humanos en Cataluña, El Salvador y México. Se ha desempeñado como directora de Justicia y Derechos Humanos del Instituto Nacional de las Mujeres de México; directora de Armonización Legislativa del Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género de la Cámara de Diputados; directora de Seguimiento a Recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, y asesora principal del secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Washington.

 

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