La leyenda de un zapatero

La leyenda de un zapatero

 

Un par de zapatos es mucho más que un accesorio de la vestimenta. Estas estructuras fabricadas para proteger los pies del hombre también tienen la facultad de anunciarlo. De ahí que cuando un sujeto se identifica con un tipo de calzado éste se vuelva parte de su individualidad al igual que la firma que lo produce.

 

 

Esto es bien sabido por los maestros zapateros de la casa John Lobb, una auténtica leyenda en la historia del calzado para caballero.

Se dice que cuando un hombre ha conquistado una buena posición en la vida puede usar su primer par de John Lobb y después ya ningún otro ejemplar de calzado le satisfará. Y esto no es un mero esnobismo, pues es un hecho que, por sus características superiores, este calzado es un arquetipo, es decir, la versión más perfecta que puede existir de un objeto. Partiendo de esta premisa podemos entender por qué John Lobb fue nombrado el zapatero de la familia británica, dado que era el único que podía hacer zapatos dignos de un rey.

Para entender cómo un taller zapatero llegó tan lejos tenemos que remontarnos a mediados del siglo XIX, cuando John Lobb abrió su primera tienda en Londres. En esas épocas el calzado se hacía a la medida y cada paso del procedimiento se realizaba de manera artesanal. En 1900 la fama de los zapatos de John Lobb ya era conocida en toda Europa y éste abrió un segundo taller en París. Fue ahí que la casa Hermès se asoció con la firma británica reconociendo en ellos a un igual en la maestría del arte de manejar la piel. Y gracias a Hermès, John Lobb pudo sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, puesto que durante la ocupación de Alemania en Francia los británicos cerraron su taller pero siguieron atendiendo a sus preciados clientes en un espacio que sus colegas franceses les proporcionaron dentro de su boutique.

Con el paso del tiempo ciertos modelos hechos por la firma fueron haciéndose más famosos, como el “Double Buckle”, un diseño que, como su nombre lo indica, es característico por cerrar con dos hebillas al costado. Otro de los estilos icónicos es el modelo “López”, un mocasín que la casa creó para un caballero brasileño, quien luego obtuvo permiso para producirlo en serie. No podía faltar su versión del modelo “Oxford”, el zapato de banqueros y financieros. Este tipo de calzado fue una imposición en las décadas de 1980 y 1990 para quienes querían caminar entre los hombres de negocios de Wall Street.

 

Más allá de las marcas está el servicio a la medida

Aunque John Lobb cuenta con toda una colección de zapatos ready to wear, es decir que no necesitan ser hechos a la medida, la firma conserva la tradición de este servicio al que denomina “By Request”. Esta experiencia comienza precisamente al medir cada pie del cliente y tallar en madera las hormas con la forma exacta de los pies de éste, lo cual incluye cualquier anomalía; por ejemplo, tener un pie ligeramente más grande que el otro. Este “defecto” es más común de lo que imaginamos. A continuación el zapatero dibuja sobre la horma el diseño exacto que el cliente le ha solicitado y de ahí se copian los moldes que serán cortados en la piel. Terminando este meticuloso proceso sigue otro igualmente laborioso que consiste en cortar las piezas del zapato; sólo cuando esto se hace se manera artesanal se pueden detectar las partes del cuero que son más rígidas o más flexibles y de ahí más deseables para determinada parte del zapato.

Lo siguiente es el armado, mientras que el cuerpo es cocido es necesario ensamblar las partes de abajo. Una suela es una construcción compleja que lleva las siguientes capas: la suela externa con el tacón del zapato, mismo que generalmente lleva una pieza de caucho dentro que sirve como amortiguador; después la suela intermedia que incluye una capa de corcho que sirve como filtro para la humedad acumulada por la sudoración del pie, y finalmente, el forro interno del zapato, que suele ser suave al tacto. Como es de imaginarse, acoplar todas estas piezas en una estructura tridimensional requiere técnica y habilidad. Finalmente se cose el “cerquillo”, esto es, un pespunte que recorre toda la periferia del zapato para asegurarlo. Estas costuras permiten distinguir a simple vista al calzado fino. Ahora ya es posible hacerse de un par de John Lobb sin salir de México ya que la boutique multimarca Silver Deer los ha traído incluyendo el sistema “By Request” para quienes puedan permitírselo, eso sí, después de hacer previa cita.

 

 

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