Las texturas de la seducción

Las texturas de la seducción
Ya que se acerca el 14 de febrero es oportuno recordar que, en la historia del romance, obsequiar lencería es una invitación al erotismo y a la pasión. Cubrir y descubrir distintas partes del cuerpo, atrayendo así la atención hacia ellas, es una de las encantadoras funciones de las prendas íntimas femeninas, ya que un cuerpo desnudo y sin adornos no resulta tan atractivo como uno que revela parcialmente sus secretos. 

 

La lencería es una muy particular combinación de estética y fantasía; una moda privada que hace de la sexualidad un arte. Es comprensible que el hecho de regalar lencería sea un asunto complicado, ya que cuando un hombre regala una prenda íntima a una mujer, ésta constituye un mensaje directo que revela cómo la percibe él. Por eso es importante que estos regalos sean de buen gusto, pues de lo contrario lo que se pretendía que fuera un gesto de romance puede ser tomado como un atrevimiento. En esto, como en muchas otras cuestiones, existe una gran diferencia en la manera en que los hombres y las mujeres perciben la lencería: los caballeros se inclinan más por el efecto visual que producen las breves prendas sobre el cuerpo femenino, mientras que los miembros del bello sexo ponen mayor atención al discurso intrínseco de éstas. Es decir, que para la mayoría de los hombres la lencería es un componente más de un encuentro físico, mientras que para sus compañeras las prendas íntimas son parte de una experiencia emocional. Afortunadamente para la moda, la pasión y el romance no se excluyen mutuamente, por lo cual es posible encontrar prendas de lencería que sean un reconocimiento al atractivo femenino al tiempo que son un estimulante visual para ellos.

Seda y encaje, inspiración sensorial

Pues bien, la lencería sirve para exaltar los sentidos, lo cual no se aplica únicamente a lo visual sino también al sentido del tacto. De ahí la importancia de los materiales con los que se elabora la lencería. Como sucede con cualquier tipo de prenda de vestir, los textiles son el alma de la misma y determinan, en buena medida, su calidad. El mejor diseño de lencería elaborado con telas corrientes puede tornarse vulgar, razón por la cual, para regalar prendas íntimas, es aconsejable no escatimar y optar siempre por lo mejor, aunque esto implique un lujo. De las múltiples experiencias sensoriales que ofrecen los materiales nada se compara con la tersura y el brillo de la seda. A este textil se le ha considerado un afrodisiaco desde tiempos remotos, debido a que su suavidad al contacto evoca a la piel desnuda. Además, los tejidos de seda tienen la particularidad de retener y concentrar los perfumes, por lo que también estimulan el sentido del olfato. Por otra parte, su suave caída dibuja las curvas femeninas permitiendo adivinar lo que estas prendas cubren. Como si fuera poco, la seda pura produce un sonido que se compara con el batir de las alas de una mariposa. Por todas estas características, a la seda se le considera un material femenino por excelencia y es la gran favorita de la lencería. De hecho, la mayoría de las prendas femeninas que se fabrican con telas elaboradas a base de fibras sintéticas imitan las características de la seda y algunas lo hacen tan bien que podrían confundirse con seda natural por su caída, luminosidad y suave tacto.

Otro de los materiales recurrentes en la lencería es el encaje, uno de los adornos más delicados que una mujer pueda lucir en la intimidad. La hermosa complejidad de este tejido nos remite a los secretos de alcoba, ya que su rebuscada belleza es una perfecta metáfora de la sensualidad femenina. Hasta la más pequeña aplicación de encaje puede transformar una simple pieza de ropa interior en un fetiche erótico puesto que su transparencia cubre y al tiempo revela las partes privadas del cuerpo, incitando al juego de “mostrar y no mostrar” que despierta al deseo con la promesa de un encuentro.

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