La Constitución y el sistema penal: 75 años (1940-2015)

La Constitución y el sistema penal: 75 años (1940-2015)

 

Sergio García Ramírez

Inacipe, México, 2016

 

 

Se trata de una obra conmemorativa del 40 aniversario del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), la cual estuvo a cargo del doctor Sergio García Ramírez, uno de los penalistas más preclaros que ha dado nuestro país.

No me enteré de la edición de esta excelente obra en su momento de aparición —agosto de 2016—, pero hace unos días, con motivo de la Navidad y el Año Nuevo, durante una visita a la Ciudad de México, mi amigo, el abogado Raúl Melgoza Figueroa, entre otros obsequios, me incluyó este trabajo editorial, cuyo tiraje fue de apenas 500 ejemplares. Por cuestiones de espacio haré referencia, con suficiencia satisfactoria, al prólogo elaborado por su autor, el cual resulta muy sui generis por su extensión y por el contenido resumido de 40 años de existencia de una institución a la que he solido mencionar como “Catedral del Derecho Penal en México”.

Nos comenta el maestro García Ramírez que en el contenido crucial del texto se refiere a las reformas constitucionales en materia penal que México ha adoptado en tres cuartos de siglo, donde no puede soslayar la presencia de dos instituciones mexicanas de trascendencia en ese mismo periodo, para el estudio del Derecho penal mexicano: la Academia Mexicana de Ciencias Penales y el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Advierte el autor que su prólogo es “heterodoxo”, en virtud de que no sólo hará referencia al contenido de su título si fuese “ortodoxo”, porque en el mismo también incluye toda la historia extensa del Instituto Nacional de Ciencias Penales desde su germinación, vida y milagros hasta todo lo que ha producido en esos 40 años, sin omitir aquellos amagos que pretendían detenerlo en una etapa muy difícil que logró superar.

Así pues, relata cómo el INACIPE abrió sus puertas el 25 de julio de 1976, cuando ocupó el cargo de subsecretario de Gobernación durante el régimen del presidente de la República Luis Echeverría Álvarez, y detalla cómo, poco a poco, fue convenciendo, en ese periodo político administrativo 1970-1976, a diversos personajes, tanto de las áreas de estudio de las ciencias penales como de otras ramas afines, para diseñar, planear y realizar el proyecto conjuntamente con su programa de funcionamiento. De allí que participaran eminentes estudiosos de la talla de Francisco Núñez Chávez, Alfonso Quiroz Cuarón, Javier Piña y Palacios, Rafael Moreno González, Luis Rodríguez Manzanera, Victoria Adato Green, Olga Islas de González Mariscal, Héctor Solís Quiroga, Gustavo Barreto Rangel y otros académicos y funcionarios.

Con mucho orgullo puedo comentar a los amables lectores que en esa época tuve la oportunidad de convivir y tratar como un modesto alumno de Derecho e incipiente abogado a todos ellos, gracias a que durante ese periodo laboramos en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, en la Secretaría de Gobernación y en el Tribunal Superior de Justicia de la misma entidad, a través del maestro Celestino Porte Petit, a quien en otras ocasiones he hecho referencia.

En todo este conjunto de académicos y funcionarios se fusionaron las tres áreas de especialistas que finalmente dieron marco a los estudios en el Instituto Nacional de Ciencias Penales: la ciencia penal, la criminalística y la criminología. También vale la pena destacar la participación del maestro Antonio Sánchez Galindo, eminente penitenciarista. Pero también don Sergio otorga relevancia a la participación de dos figuras políticas de la época: obviamente al presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, y al secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia.

En este trabajo literario-histórico-científico se encuentran detalles hasta de cómo se seleccionó el predio en el que se instalaría el instituto y la propuesta del propio García Ramírez para ello, quien ubicó un espacioso predio aledaño a la Escuela Hogar para Mujeres en Tlalpan, sin que se afectara el funcionamiento de ese centro para menores infractores. De allí que la sede se fijó en la calle de Magisterio Nacional 113, un domicilio que conocemos todos los que nos preciamos de ser penalistas en México. También señala que al principio esta institución dependió directamente de la coordinación sectorial a cargo de la Secretaría de Gobernación, entre 1976 y 1983, año este último en que ya se confió a la Procuraduría General de la República. A la inauguración llegó personalmente el presidente de la República, develó la placa de inauguración acompañado por un numeroso grupo de funcionarios y periodistas, y ante la presencia de varios juristas invitados por el instituto recorrió las instalaciones. En la ceremonia hubo un solo orador: el doctor Celestino Porte Petit, inspirador y creador del proyecto, desde años ha, cuando estuvo al frente de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, y en esa inauguración fue designado como primer director del instituto, quien ha sido el único que ocupó el cargo durante dos periodos continuos, para consolidar y hacer germinar esa semilla.

En otra parte de su prólogo el doctor Sergio García Ramírez hace referencia a varios eventos de carácter nacional y a muchos más de carácter internacional que han dado trascendencia y proyección histórica a este instituto, ofreciendo pormenores de varios personajes y académicos que participaron, así como también de cada uno de los directores que han desfilado por sus instalaciones, incluyendo al actual, maestro Gerardo Laveaga, quien retornó al frente de este centro de estudios por un periodo más.

 

Paulino Lorea Hernández

 

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