La culpabilidad: antes y después de la neurociencia

La culpabilidad: antes y después de la neurociencia

 

Fabián I. Balcarce

Hammurabi, Buenos Aires, 2014

 

Hace algunos años las neurociencias comenzaron a abrirse paso en el mundo del Derecho penal. Muchos académicos han mostrado su preocupación y, en ocasiones, en el peor de los casos, no sólo se oponen a ver que su campo de estudio sea “invadido” por otras áreas del conocimiento, sino que, lejos de establecer argumentos sólidos al respecto, caen en la descalificación vulgar. Lo propio sería, en todo caso, seguir el ejemplo de Hassemer, quien, como pocos, dio sus argumentos contra la aplicación de las neurociencias en una conferencia única e histórica.

Quienes siguen el pensamiento del penalista alemán retoman el lugar común al que se refirió como el canto de las sirenas: “He seguido el canto de las sirenas y he leído en los últimos meses como un monje. En este tiempo, se ha generado y consolidado en mí una impresión que no sólo es determinante para la forma y el contenido de esta conferencia. Es la siguiente: la discusión sin consecuencias. Los penalistas no añoraban las sirenas; de hecho, la mayoría de nosotros no anhelamos sus canciones, pero su canto ha aumentado en los últimos tiempos tanto su volumen que ya no podemos cerrar nuestros oídos ante él. En cuanto a contenido, estrategia y retórica, este canto me recuerda a las dos olas que alcanzaron al Derecho penal, y, sobre todo, a su ciencia, en el pasado aún visible: los agrimensores de seres humanos como Lombroso y Ferri, quienes, dotados de la soberbia y la fuerza de penetración de las jóvenes ciencias exactas, apuntaron al corazón del Derecho penal de la culpabilidad, al identificar y exhibir al ‘criminal nato’, y psicólogos y humanistas como Arno Plack, quienes, cabalgando sobre la ola de la crítica intelectual de las instituciones y la demolición del sistema de los años setenta, abogaron por la abolición del Derecho penal, aunque no tuvieran nada mejor que ofrecer como alternativa que un desolado —y decididamente menos amable— Derecho de medidas de seguridad.”1 Si pudiéramos poner en contexto esta discusión, podríamos recordar cuando se gestaban las discusiones interminables entre las escuelas alemana e italiana de Derecho penal, porque ahí podríamos encontrar la distancia que existe entre los fundadores de la criminología y los alemanes de entonces.

Fabián Balcarce se dio a la tarea de reunir en este libro las distintas fases que ha sufrido un tema tan sensible como la culpabilidad, y para ese propósito (y haciéndole honor al título del libro) le bastaron dos capítulos para realizar la reseña del antes y el después de la llegada de las neurociencias al debate jurídico (la puerta al neuroderecho).

Por supuesto, a partir de su lectura se reavivan distintos debates: el libre albedrío versus el determinismo, la esencia del Derecho penal basado en la libertad del individuo, así como las características previas en la mente o en el cerebro del sujeto para determinar su capacidad de entender y querer.

Este libro estimula distintas inquietudes, pues todo parece indicar que el neuroderecho no pretende conformarse con ser una ciencia auxiliar, sino la sustitución del derecho penal.

Las neurociencias apenas están en una etapa primaria para establecer las condiciones personales, anticipando el mundo de la neurofisiología, la farmacología y otras ramas similares que puedan establecer un tratamiento al delincuente. ¿Aldous Huxley habrá sido un profeta? ¿Será un tratamiento médico lo que resuelva el fenómeno del delito? ¿Podrá haber detección anticipada de la violencia? ¿O se podrá determinar su presencia a través de la deficiencia o el exceso de alguna sustancia en el cuerpo?

El debate apenas está en una etapa temprana, como para evitar la discusión o como para tenerla como la solución definitiva. No podemos olvidar que sobre el Estado pesa el establecimiento de los tipos penales y las sanciones y, por supuesto, la organización del procedimiento en el que se declara la culpabilidad o la inocencia de una persona; en consecuencia, el encargado de administrar el tratamiento correspondiente. En esa pastilla habría control. El debate, por lo tanto, está abierto y este libro contribuye a poner en su contexto los temas que han llegado con las neurociencias.

 


 

[1] Arno Plack, Plädoyer für die Abschaffung des Strafechts, 1974; en esa obra aparecen unas “líneas básicas de un Derecho puro de medidas” (pp. 380 y ss.).

 

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