Memorias. Los supremos de la Corte

Memorias. Los supremos de la Corte

 

Memorias. Los supremos de la Corte

Genaro Góngora Pimentel, Porrúa, México, 2019

 

Los supremos de la Corte incluye 47 artículos donde Genaro Góngora Pimentel, antiguo presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, refiere algunas de sus vivencias dentro del Poder Judicial de la Federación.

El libro gustará e indignará por partes iguales, pues el autor no tiene pelos en la lengua a la hora de elogiar a quien considera digno de aplauso o de vituperar a quien estima acreedor del vituperio.

Arremete contra Raúl Cervantes Ahumada, a quien le atribuye locura senil y a quien acusa de atribuirse “muchos éxitos y logros que no le correspondían”. De Fernando Castellanos Tena refiere que llevaba un tren de vida de lujos y que, invariablemente, estaba rodeado de sus amantes masculinos: “El joven abogado de ojos verdes era Francisco Alatorre, que no se le despegaba ni un momento, y don Fernando le cumplía todos sus caprichos. Este joven hizo millones de dólares con su ministro protector. Un día los norteamericanos le confiscaron varios millones de dólares que después le tuvieron que devolver. Pero tiempo después el popular Pancho Alatorre fue ametrallado en las calles de Hermosillo”.

De Carlos de Silva Nava asegura que fue un alcohólico: “Nos preparábamos para su visita: carnitas, chicharrón y sobre todo el coñac Hennesy, que le gustaba al señor ministro. En alguna ocasión se le cayó la copa a la alfombra, pues en ese tiempo todas las oficinas estaban alfombradas. La mancha que dejó no fue posible quitarla. Esto lo aprovechaba yo para llevar a los visitantes al lugar donde comió don Carlos de Silva, nuestro ministro inspector”.

A Juan Díaz Romero le echa en cara que, durante su vida, ahorró y ahorró, vistiendo trajes ajados y viviendo en una casa muy sencilla, pero en cuanto se jubiló se compró una casona y se hizo de costosos casimires. Dado que murió al poco tiempo, Góngora concluye: “¡Y pensar que para eso pasó tantos años viviendo como su ídolo Gandhi!”

Quien espere descubrir en este libro revelaciones profundas, se desilusionará: no encontrará sino anécdotas y opiniones personales, muchas de las cuales ya habían sido publicadas. De Ernesto Zedillo, por ejemplo, asegura que fue el mejor presidente de México puesto que cuando el mandatario le pidió un favor y Góngora no quiso hacérselo, no hubo rencor alguno por parte de Zedillo.

Cuando el lector cree que se ha topado con algo trascendental —como en Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo que halla es que el autor viajó por América Latina y descubrió que muchos de nuestros vecinos no sólo conocen las canciones de Jorge Negrete y Pedro Infante sino también a Miguel Hidalgo y a José María Morelos.

A pesar de su aparente frivolidad, el libro es un tesoro: deja constancia de la vida judicial a finales del siglo XX. Revela la visión y los valores de los jueces mexicanos, de lo que casi nada se sabe. Sus miedos, sus esperanzas, sus frustraciones y sus vínculos. Ojalá que este trabajo halle pronto eco, así sea para refutarlo. La brecha que abre es digna de aplauso.

 

5559-2250 / 5575-6321 / 5575-4935 - Aviso de Privacidad - Términos y Condiciones

El Mundo del Abogado