Penas y letras

Penas y letras

 

Penas y letras

Ricardo Guzmán Wolffer, INACIPE, México, 2019

 

La literatura y el Derecho son dos disciplinas que han caminado de manera paralela; a menudo entrecruzan sus caminos y se alimentan la una a la otra. Si bien es cierto que se tienen desconfianza, también es una realidad que muchas de las grandes reflexiones filosóficas y dogmáticas del poder, del bien y el mal, emanan de las grandes obras literarias. De no ser así, entonces, ¿por qué existe el término kafkiano para referirse a procesos burocráticos inverosímiles?

Pero no es fácil abordar las confluencias entre una y otra. No todo gran lector de una obra literaria es conocedor de la ciencia penal, ni todo penalista es buen literato. Para ello sería necesario ser abogado y escritor, como es el caso de Ricardo Guzmán Wolffer quien, por un lado, es juez de distrito y, por el otro, ha publicado más de 50 libros de novela, ensayo y poesía.

Su último texto, Penas y letras, es un caleidoscopio de novelas, cuentos y autores —clásicos y modernos— que inciden en el drama penal, la función de la ley, el oficio del abogado y el Derecho.

También es la exploración de los autores —muchos de ellos abogados—, quienes en su narrativa jugaron con la ciencia social, explorando todo lo que el Derecho tiene de ficción y lo que la ficción tiene de historia y realidad. Desde Raskólnikov, hasta Pickwick, pasando por las anécdotas de los juristas italianos y la corrupción de los juzgados en México.

Guzmán Wolffer alude a 46 escritores de distintas nacionales. Es claro que la selección del corpus se halla más en función de las preferencias literarias del autor, pues si bien es claro que se trata de una amplia selección de textos —donde la temática jurídica está presente—, no hay un equilibrio entre corrientes literarias. A decir verdad, se advierte una cierta predilección por la literatura rusa, francesa, inglesa y estadounidense, mientras que la literatura latinoamericana o nacional es secundaria. Esto, a pesar de que la ley, la violencia, la corrupción, el autoritarismo y el Derecho penal han sido temáticas recurrentes en la región.

De cualquier manera, en los textos es posible rescatar verdaderas reflexiones sobre los cruces entre la ciencia social y las humanidades; si bien es cierto que algunos caen en la reseña anecdótica o en la semblanza biográfica del autor, la gran mayoría de los capítulos puntualiza los cuestionamientos centrales de las novelas.

Así, Guzmán Wolffer incide en la reflexión de Abbey sobre si hay o no legitimidad en la ley y revela cómo Umberto Eco critica, de manera vehemente, la inmovilidad social fundada en la imposición del miedo y el sometimiento.

Penas y letras constituye un palpable acercamiento entre dos formas del lenguaje que son similares, pero que no pueden dejar de tenerse desconfianza. Leer el libro es explorar el Derecho penal —o las ciencias penales en general— desde la sutiliza que solamente una obra literaria puede lograr.

  

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