Sociología general y sociología del Derecho

Sociología general y sociología del Derecho

 

Juan Federico Arriola

Trillas, México, 2019

 

Hace algunos años fui invitado a presentar un trabajo en el Instituto Internacional de Sociología Jurídica en Oñati, en el corazón del país vasco. El ensayo tenía que ver, hace más de 10 años, con la creciente intervención de los militares en los asuntos de la seguridad pública y cómo esa intervención, al cabo, daba al traste con la formación y el desarrollo policial. El trabajo abordaba también la bipolaridad manifiesta en la reforma constitucional de 2008 que generaba el Derecho dual que aún padecemos: un Derecho penal para los ciudadanos y uno, diverso, para los llamados enemigos del Estado.

Los trabajos y los días, en Oñati, nos enseñaron, entre otras cosas, la necesidad de impulsar la sociología jurídica en nuestro país, para no tropezar, ensimismados, con la misma piedra, mes con mes, año, con año, lustro tras lustro.

Los vacíos mexicanos en la disciplina comenzaron a llenarse apenas con las aportaciones de Héctor Fix-Fierro y con los trabajos de Juan Federico Arriola que entrega, con este libro, un aporte sustancial.

Este texto viene a llenar, pues, una laguna y es, también, un recorrido por la historia de las ideas. Da cuenta, con lucidez, de la íntima y a veces difícil colaboración entre el jurista y el sociólogo que ha hecho decir a Bobbio, citado por Arriola: “Sociólogo y jurista recorren un camino inverso respecto a la relación entre regla y comportamiento: el sociólogo parte generalmente del comportamiento para llegar a la regla que eventualmente lo puede explicar; el jurista parte de la regla para llegar al comportamiento”.

El mundo que nos toca vivir, esa aldea global de la que habló Marshall MacLuhan, no se entiende hoy sin la multiplicidad de los saberes, sin su necesaria transversalidad. Historia, filosofía, sociología, literatura, medicina, neurociencias y Derecho acuden en auxilio para tratar de entender al hombre en sociedad. El hombre de carne y hueso, diría Unamuno, “el que nace, sufre y muere —sobre todo muere—, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano”.

Y hoy, que nuestro país sufre el embate de un constituyente adrenalínico, sobrecafeinado, vale la pena preguntarse con el autor: “¿La sociología general y la sociología del Derecho sólo son teorías o tienen valor práctico también? La respuesta la da el ya citado profesor Leandro Azuara: la sociología general y la sociología jurídica constituyen preciosos auxiliares del legislador, del jurista práctico y del juez en tanto dichos profesionales tienen que ver con el proceso de creación de las normas jurídicas, con su interpretación y con su aplicación”.

Así, la obra recoge brevemente, pero sin perder profundidad, la aportación de los precursores de la disciplina: desde Platón hasta Bakunin. El punto de vista de los iniciadores: Comte, Spencer, Durkheim, Weber, Marx. Un recorrido preciso por la llamada segunda ilustración alemana que viene a ser la escuela de Frankfurt: Benjamin, Horkheimer, Marcuse y Adorno.

Recoge, también, y así rinde tributo, a tres pensadores españoles de primer orden: Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset y Julián Marías. Tres humanistas.

Hoy como nunca es necesario abrevar de esa fuente y recordar la defensa de las libertades que emprendieron estos pensadores.

Pues el autor de este texto sigue siendo un férreo defensor de la libertad humana. Así lo dice: “La sociología no puede estudiarse como la biología, pues hay un factor muy importante que no existe en las ciencias naturales: la libertad humana”.

Asediados por diversos flancos, los defensores de la libertad hoy bien pueden ser llamados “auténticos liberales” o “liberales de verdad”, como quieran ustedes denominarlos.

En el debate sobre la libertad acude a mi memoria aquella cita de Fernando Savater que en Invitación a la ética dice: “Determinismo inexorable del carácter, coacción de la historia o de las circunstancias político-económicas, quizás de los astros o las profecías, como antaño se creyó. Mientras los filósofos dudan y se debaten contradictoriamente o escuchan a los escépticos, los poetas no se resignan, sobre todo los poetas dramáticos obligados a contar acciones y, por tanto, a defender la libre posibilidad del hombre”. En La vida es sueño Calderón dictamina: “Pues aunque su inclinación/le dicte sus precipicios,/quizá no le vencerán/porque el hado más esquivo/la inclinación más violenta/el planeta más impío/sólo el albedrío inclinan/no fuerzan el albedrío”.

“Quizás no le vencerán”. El olvido más corriente es el de lo posible. Y continúa Savater diciendo que el papel del filósofo, diría yo aquí, del sociólogo jurídico auténticamente liberal, es, hoy, constituirse en el vigía de lo posible, en tener muy alta la moral para defender, contra el viento y la marea, esas libertades que son conquista, no graciosa concesión.

Ésa es, al cabo, la íntima sustancia del libro que hoy se presenta. Es, en paráfrasis del muy querido por nuestro autor, Ortega y Gasset, “el libro y su circunstancia”. La circunstancia, explica Ortega en Meditaciones del Quijote, es precisamente el entorno social y jurídico que nos rodea. “Si no la salvo a ella, no me salvo yo”.

Hay otro texto de Juan Federico Arriola, también editado por Trillas, que guarda con Sociología general y Sociología del Derecho, estrechos vasos comunicantes. El libro se llama Belisario Domínguez y la rebelión de las élites en México (1903-1913).

Admirado profundamente por nuestro autor, quizás es necesario recordar que el Senado instituyó una medalla con el nombre de este auténtico liberal, porque defendió, con su vida, al auténtico Estado Democrático de Derecho que no se concibe sin la libertad.

 

Renato Sales H.

 

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