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Un modelo de atención y tratamiento para las personas con farmacodependencia en prisión

Un modelo de atención y tratamiento para las personas con farmacodependencia en prisión

 

CNDH, México, 2018

 

 

Se han llevado a cabo esfuerzos ingentes para reestructurar y transformar el sistema de justicia penal en México y así estar en posibilidad de alcanzar —a pasos apresurados— la realidad actual de nuestro país.

Con limitantes y retos de diversa índole, se logró transitar de un sistema de justicia penal inquisitivo a uno de corte acusatorio, se realizaron las reformas judiciales necesarias para favorecer el cambio a través del Código Nacional de Procedimientos Penales y la Ley Nacional de Ejecución Penal, se ha trabajado con firmeza para actualizar, capacitar y formar a los operadores de los distintos órganos y, de esa manera, encontrar en su actuación la esencia del sistema justicia: la defensa y la protección de los derechos humanos.

Sin embargo, la realidad es apabullante y pareciera que al avanzar tres pasos, se aleja seis. ¿Qué estamos haciendo mal?, o ¿qué estamos dejando de hacer? Un modelo de atención y tratamiento para las personas con farmacodependencia en prisión, que elaboró la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), es un referente magnífico para dar respuesta a esos cuestionamientos desde el enfoque de la justicia penal y la salud pública.

Un esbozo primario para procurar la optimización en los centros penitenciarios fue definir una separación conforme a criterios de clasificación, como la situación jurídica, el género, la edad y el régimen de vigilancia; sin embargo, no es más que una definición básica en comparación con las problemáticas tan complejas que los reclusos padecen en prisión.

De acuerdo con el modelo en comento, 94 por ciento de la población masculina interna presenta problemas de farmacodependencia, y en el caso de la población femenina, 6 por ciento.

Si bien el sistema de justicia penal acusatorio prevé un mayor alcance en la defensa y la protección de los derechos humanos a través de figuras como la justicia restaurativa o la mediación, lo cierto es que resulta aconsejable diferenciar a las personas que, debido a experiencias específicas, han desarrollado trastornos que se traducen en enfermedad, adquiriendo también la característica de un problema de salud pública.

Estructuras judiciales especializadas como los tribunales de tratamiento de adicciones representan una alternativa deseada y necesaria para descriminalizar la farmacodependencia, desarrollar mecanismos de atención y tratamientos con un enfoque humanista, pero, sobre todo, científico.

Los expertos del Derecho tendrán que explorar las entrañas de la medicina, por ejemplo, la obligada rama de las neurociencias. A su vez, los científicos de la salud tendrán como premisa introducirse en el campo del Derecho, de sus procedimientos y de sus figuras jurídicas.

Para adelantarnos a nuestra realidad es necesario tener visión y, para hacerlo, debemos ser más, mucho más, que sólo abogados o sólo médicos. 

 

 

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Revista El Mundo del Abogado