Una novela criminal (Premio Alfaguara de Novela 2018)

Una novela criminal (Premio Alfaguara de Novela 2018)

 

Jorge Volpi

Alfaguara, México, 2018

 

Quisiera empezar esta presentación con una nota de humor porque toda la materia de la novela de Jorge Volpi es trágica, por no decir espeluznante.

Cuando recibí la noticia del premio, bromeé con mis socios pues afirmé que uno de nuestros casos nos hacía ingresar en la literatura universal. Días más tarde, desayunamos con Jorge para felicitarlo, y ahí le dije: “Jorge, ya me convertiste en un Jean Valjean”. Ante mi despropósito, Jorge tuvo a bien hacer gala de modestia y se apresuró a contestar “¡Pero Agustín, por Dios, yo no soy Victor Hugo!” Y con igual ironía, remató: “Aunque puedo agregar que Victor Hugo nunca pudo sentarse a la mesa con Jean Valjean, y en cambio yo sí con ustedes”.

Reproduzco estas palabras para repetir lo que el autor magistralmente reitera a lo largo de su novela: esta historia no es ficción. Lamentablemente ocurrió y sigue teniendo consecuencias funestas en la vida de una familia mexicana: los Vallarta.

Me apresuró a aclarar que no soy periodista, ni crítico literario, ni juez imparcial. Soy abogado y protagonista de esta historia.

Jorge narra bien las circunstancias en las que nuestro despacho se involucró en esa defensa. En mayo de 2008 se nos encomendó apelar una condena de 96 años de cárcel.

El affaire Cassez escenificó un inaudito conflicto diplomático. Por otro lado, la defensa de Florence se sirvió de una de las páginas más dignas de la diplomacia mexicana. Me refiero al caso Avena en el que nuestro país defendió con inteligencia y talento jurídico a los mexicanos condenados a muerte en Estados Unidos.

En ese caso, México postuló el principio del debido proceso y emplazó a Estados Unidos en la Corte Internacional de Justicia para salvar la vida de nuestros compatriotas. El precedente Avena, la defensa del derecho a recibir asistencia consular, nos permitió introducir un discurso de legitimidad frente al ruido de las pasiones y los ánimos de venganza que alimentaban la furia contra Florence Cassez.

Volpi narra la entrevista en el programa Punto de Partida entre Denise Maerker y Genaro García Luna. Su texto reprodujo la intervención de último minuto de Florence Cassez: “Fui detenida el 8 de diciembre en la carretera y me secuestraron en una camioneta… a la fuerza me pegaron y a la fuerza me pusieron en esta camioneta… a la fuerza me pusieron en esa cabañita”. Inmediatamente después, el director del centro de arraigos la manda llamar y la sorprende: “Bravo, tú sí que tienes huevos”.

Sobre este incidente, Denise Maerker comentaría a Jorge Volpi: “Ningún mexicano se atrevería a usar ese lenguaje frente a la autoridad… Nosotros hemos interiorizado el miedo a la autoridad y la arbitrariedad del poder…”

Pero Florence, la francesa, no. Ese simple monosílabo la salvó. Decir no para salirse del guión impuesto por las autoridades. En cambio, Vallarta no pudo ejercer esa libertad. Al contrario, fue obligado a decir: “Sí… sí, señor”.

Israel Vallarta fue torturado durante el día 8 diciembre de 2005 antes de ser exhibido a los medios y luego rematado ante las cámaras de televisión para escenificar su propia incriminación.

No se necesita ningún protocolo de Estambul, ningún dictamen especializado en psiquiatría forense, para apreciar el maltrato al que fue sometido Israel Vallarta. Vallarta fue grabado mientras la policía le retorcía el cuello para deleite de la audiencia y del sadismo policial.

La prueba está en el expediente. Unas horas más tarde, por una queja de la familia Vallarta, un médico de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos constató lo inocultable: Israel Vallarta presentaba golpes y quemaduras causadas por corriente eléctrica.

Confieso que cuando defendíamos a Florence Cassez el tratamiento que acordábamos a Vallarta era uno de los puntos ciegos de la defensa. Originalmente, la sola mención de Vallarta parecía tóxica.

Israel Vallarta había confesado. ¿Cómo sostener la inocencia de Florence Cassez, si su novio había admitido la presencia de personas secuestradas en el rancho?

Esa confesión fue producto de un montaje que no es otra cosa que un trato cruel, degradante e inhumano. La confesión es ilícita.

Los tribunales, sin embargo, no abordaron ese tema, y la confesión de Vallarta, como el dinosaurio, sigue ahí. Y sí, el dinosaurio sigue ahí. Seguirá mientras prevalezca en México la tortura, mientras la incriminación de inocentes sirva para tapar la incompetencia de autoridades; mientras exista, como le dijo el ministro José Ramón Cossío al autor, una justicia french poodle para algunos, y otra “perro callejero” para los demás. La cruda expresión del ministro es notable por cierta, pues resume la intolerable e injusta realidad que habitamos.

Algún día los tribunales tendrán que juzgar a Israel Vallarta. Ese día tendrá derecho a ser medido con el mismo criterio que sirvió a Florence y a que se respete el precedente del caso.

El montaje es paradigmático, porque desveló la simulación que mina el esfuerzo institucional contra el crimen organizado. Un esfuerzo que exige inteligencia y rigor y que a menudo se descarrila frente a la emergencia de seguridad y los afanes publicitarios.

La sentencia “Cassez” no goza de buen prestigio en la judicatura mexicana. Es común que magistrados y jueces que respeto y aprecio critiquen duramente el sentido del fallo. Para muchos, Florence salió por un arreglo político. Yo lo digo con convicción: la sentencia es un hito de la justicia y además la Primera Sala de la Suprema Corte liberó a una inocente.

Jorge Volpi nos ofrece un viaje liberador por vía de la literatura. Espero que esa literatura, sirviéndose de la verdad, contribuya a la causa de la justicia.

Jean Valjean nunca pudo conversar con Victor Hugo porque era ficticio, pero nosotros, que somos de carne y hueso, sí tenemos el privilegio de leer a Jorge Volpi.

 

5559-2250 / 5575-6321 / 5575-4935 - Aviso de Privacidad - Términos y Condiciones

El Mundo del Abogado