Carlos Ernesto Barragán y Salvatierra

Carlos Ernesto Barragán y Salvatierra

 

El 31 de octubre de 2018 murió el maestro Carlos E. Barragán y Salvatierra, director del Seminario de Derecho Penal de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su prematura partida nos deja con un enorme vacío, proporcional al tamaño de los recuerdos, las enseñanzas y el afecto de un gran maestro.

 

 

Durante su vida profesional destacó como litigante en materia penal y, más tarde, con un libro clásico como su Derecho procesal penal, encontró un asidero fabuloso en la cátedra. Tan sólo como profesor de la Facultad de Derecho rebasó los 34 años de cátedra ininterrumpida, la cual alternó con sus clases en distintos recintos universitarios, entre los cuales destacó el Instituto Nacional de Ciencias Penales.

De su trayectoria profesional podemos destacar los cargos en la UNAM: consejero universitario; miembro de la comisión de Rectoría para la negociación con el CGH, en el paro de la Facultad de Derecho; miembro de la comisión jurídica para la realización del plebiscito sobre la devolución de la UNAM; primer secretario jurídico de la Facultad de Derecho; director del Bufete Jurídico Gratuito de la Facultad de Derecho; profesor de carrera de la Facultad de Derecho, ganador por concurso abierto en ciencias penales; miembro de los colegios de profesores de Derecho Procesal Penal, Derecho Procesal Civil, Derecho Civil y Derecho Penal; consejero técnico 2012-2018 de la Facultad de Derecho, y, por supuesto, el que más le enorgullecía, director del Seminario de Derecho Penal.

Fue autor de Derecho procesal penal y Compendio de Derecho penal, coautor del Diccionario Jurídico Tomasi: An English-Spanish Dictionary of Criminal Law and Procedure y coautor de Criminólogos en homenaje a la doctora Emma Mendoza.

Obtuvo, entre otros reconocimientos, las Palmas de Oro por más de 25 años ininterrumpidos como profesor de la Facultad de Derecho y la medalla al mérito jurídico Vasco de Quiroga 2011 otorgada por la delegación Álvaro Obregón y la Barra Nacional de Abogados, A.C.

Conocí al maestro Barragán hace poco más de 15 años. Codirigíamos una tesis y nos encontramos el día del examen de la sustentante. Se trataba de una tesis que ya adelantaba la necesidad de revisar e incorporar las nuevas tecnologías en el catálogo penal. Desde entonces nos hicimos buenos colegas y, con el tiempo, buenos amigos. Fue parte del sínodo que me examinó para obtener la cátedra por oposición en la Facultad de Derecho de la UNAM y, después de eso, compartimos distintos foros para hablar de lo que más nos gustaba: el Derecho penal, su evolución, su aplicación en un nuevo sistema de justicia que podía dejar en la obsolescencia su libro clásico, pero no a él, que se actualizó para estar a las alturas de los nuevos requerimientos. Y, así, se certificó por la extinta SETEC.

Poseía un humor muy particular, que compartíamos con la secreta complicidad que deja ser políticamente incorrecto. Asistí a su programa Sí es penal (cuya rúbrica era una canción de Queen) y, en algún momento, cambiamos el formato (en octubre de 2017) para que yo pudiera entrevistarlo. El resultado fue magnífico: hicimos un recuento de su trayectoria y caímos en la cuenta de que podíamos haber titulado aquel episodio como “Entre gánsteres y monjas”. Reíamos mucho, pero a la hora de fungir como sínodos en las oposiciones de la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán retomábamos nuestro carácter serio, solemne. Le dábamos a cada cosa su importancia y actuábamos en consecuencia.

Pero, al final del día, él era el maestro, el guía que, como tal, me apoyó incondicionalmente. El día que se velaron sus restos hubo un largo desfile de alumnos que le rindieron tributo por la participación del maestro en sus vidas y en sus trabajos.

Quisiera expresar desde aquí mis condolencias a sus familiares y a sus amigos. En lo particular, lo voy a extrañar mucho.

 

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