José Manuel Villagordoa (1930-2019)

José Manuel Villagordoa (1930-2019)

 

El 25 de abril falleció el ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, José Manuel Villagordoa Lozano, quien fue ministro de la Corte en el periodo 1986-1994.

 

 

Queridos familiares y amigos:

A nombre de mi madre, Male, hermana, hermanos, hermanas y hermano políticos y de sus 13 nietos, agradezco profundamente su presencia, así como las innumerables muestras de afecto que hemos recibido en los últimos días por el encuentro con el Señor de mi padre José Manuel Villagordoa Lozano, el querido abuelo Pepe. Todas ellas son el consuelo y la fortaleza que Dios nuestro Señor nos envía a través de todos ustedes. Mil gracias.

Con el fallecimiento de mi padre, gracias a los estudios históricos de la familia que realizó y que nos compartió, permítanme decirlo, mi ilustre sobrino, Guillermo Tovar y de Teresa, termina una etapa de la historia de una familia con un registro de más de tres siglos, por el hecho de que mi padre fue el último nieto de don Agustín Fernández Villa y doña Refugio Gordoa y Pereda.

No exagero al afirmar que, de no haberse dado el matrimonio entre don Agustín y doña Refugio, la historia de nuestro país hubiera sido distinta en el ámbito cultural, político y jurídico.

De su descendencia surgieron personalidades como los hermanos Rafael, Guillermo y Fernando Tovar y de Teresa, cuyo padre fue mi primo segundo, el doctor Rafael Tovar Villagordoa. La hermana del doctor Tovar y, por ende, también mi prima segunda, Dolores Tovar Villagordoa, tuvo destacados hijos, entre los cuales se encuentran, disculpen de nuevo el atrevimiento, mis sobrinos Soledad, Guadalupe y Enrique Loaeza Tovar.

De la prima hermana de mi padre, doña Cuquita Pacheco Villagordoa, mi primo segundo, José López Portillo y Pacheco, y mi querida sobrina, la hoy rectora Carmen Beatriz López Portillo y Romano, quien, por cierto, se encuentra en las celebraciones de los 40 años de la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Esta situación familiar tan extraordinaria, se deriva principalmente de que el abuelo de mi padre, don Agustín, nació en febrero de 1829, y mi padre, el último hijo del último de los hijos de don Agustín y doña Refugio, mi abuelo Luis Villa y Gordoa, conocido como Luis XVI, porque fueron 16 los hijos que tuvieron, nació en febrero de 1930; por tanto, entre ello hubo más de 100 años de diferencia.

Disculpen la aportación histórica. Guillermo Tovar y de Teresa tiene la culpa, y bueno, a mí este tema, como podrán notar, me apasiona.

Pues bien, el abuelo Pepe, al día siguiente de cumplir 12 años, quedó huérfano de padre, lo que lo llevó, junto con sus hermanos, y con el gran apoyo de su madre María Luisa Lozano Levy, y su casi eterna y entrañable nana Pipa, a madurar y a enfrentar la vida con fe y gran determinación.

No obstante el poco tiempo que compartió con mi abuelo Luis, su hijo José Manuel ya destacaba por su prodigiosa memoria y por su amor a la lectura, lo que lo llevó a tener una cultura extraordinaria. Años después disfruté enormemente las pláticas de mi padre con mi sobrino Guillermo Tovar.

Mi padre se recibió como licenciado en Derecho por la UNAM, con una tesis dedicada a la figura del fideicomiso. El fideicomiso, aprendí, era un negocio jurídico, que lo llevó a escribir más adelante y a publicar tres ediciones de su obra Doctrina general del fideicomiso. A tal grado llegó su pasión por el fideicomiso que un amigo de la familia, un poco imprudente, le preguntó una ocasión a mi madre “qué se sentía estar casada con el fideicomiso”.

El abuelo Pepe, no obstante haber sido muy poco político, con su enorme talento, acompañado de la Divina Providencia, tuvo una larga trayectoria en la administración pública, la cual culminó con su designación, por parte del muy apreciado don Miguel de la Madrid, como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En su discurso de recepción, en el pleno de la Corte, mi padre mencionó con emoción que mi abuelo había sido juez de distrito en Aguascalientes.

Años más tarde, ya en retiro, en la presentación de un libro de su semblanza, editado por la Suprema Corte, siendo su presidente el ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, mencionó públicamente que la mejor forma de describir a mi padre era llamándolo “ministro caballero”.

El Ministro Caballero, respondiendo a ese calificativo, tuvo una relación matrimonial excepcional de 57 años, gracias a una extraordinaria mujer, a quien de manera muy cariñosa y, por cierto, poco caballerosa —eso no lo supo el ministro Ortiz—, llamaba “vieja”. La abuela Male ha entregado toda su existencia a este buen hombre y a toda su familia. Por eso lo digo públicamente, mamá: te mereces muchos años de feliz viudez.

Para nosotros, sus hijos, José Manuel Villagordoa Lozano siempre fue y será un ejemplo a seguir. Estoy seguro que en el plano profesional nuestro padre supo ganarse el apoyo de extraordinarios colaboradores, forjar amistades para siempre, y con el profesionalismo y el sentido de responsabilidad que toda su vida le caracterizó, alcanzar el reconocimiento como un hombre de bien con una vocación comprometida con su diario quehacer, un hombre entregado a la abogacía, a su pasión y a su país.

Familiares y amigos: el abuelo Pepe hoy descansa, y si bien su partida nos entristece, el recuerdo de lo que en vida representó, desde su calidad humana, sus valores, su actuar siempre profesional y, por supuesto, su papel como esposo, padre y abuelo en el seno familiar, siempre nos permitirá tenerlo presente en nuestro pensamiento y en nuestro corazón. Garantizar que en el camino de la vida su forma de ser, sus sabios consejos y sus enseñanzas sigan siendo guía para sus seres queridos, sus familiares y sus amigos, es el mejor homenaje que podemos dar en honor a su memoria.

Que descanse en paz el querido abuelo Pepe. Por su paciencia y atención, muchas gracias.

 

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