Michele Taruffo (1943-2020)

Michele Taruffo (1943-2020)

 

Apenas se supo del triste acontecimiento y las redes sociales se inundaron con lamentaciones de ambos lados del Atlántico. Cuando algo así ocurre, no sólo despierta la curiosidad de quienes no lo conocieron; también se abren las vetas de innumerables recuerdos de quienes abrevaron del gran procesalista italiano.

Todavía se escuchaba el fragor de una Italia bombardeada por los aliados y el eco de las cátedras magistrales de Chiovenda, Carnelutti y Calamandrei. Italia pasaba por una etapa resplandeciente en el campo científico del Derecho penal y el proceso cuando nació Michele Taruffo. Con la posguerra llegaron sus primeros estudios y, luego, con el tiempo y mucha disciplina, construyó una destacada trayectoria que le trajo el reconocimiento en el mundo del Derecho. Fue estudiante de Pavía y luego profesor de la universidad por varias décadas. Un universitario de toda la vida.

Su trabajo en torno a la prueba no sólo fue el hilo conductor de sus trabajos sino la base de la teoría sobre la cual recorrió la doctrina en italiano, español y portugués, de modo tal que fue una brújula al momento de adoptar un nuevo sistema de justicia penal.

Reiteraba el profesor de Pavía en torno a la verdad y el trabajo de los juzgadores: “La administración de la justicia es un área del sistema jurídico en la cual se plantea con una mayor y más dramática evidencia el problema de la verdad y sus conexiones con el Derecho. Ocurre en todo tipo de proceso, ya sea civil, penal, administrativo o incluso constitucional, que la decisión involucra la averiguación de los hechos que son relevantes para la aplicación del Derecho. Es más, en muchos casos, el verdadero y esencial problema que el juez debe resolver concierne —mucho más que la interpretación de la norma que tiene que aplicar como regla de decisión— a los hechos que determinaron el objeto del litigio para los que la norma tiene que ser aplicada.”

Jordi Nieva Fenoll escribió sobre el profesor Taruffo: “Michele no fue una persona cualquiera, sino alguien que merecía incuestionablemente el calificativo de excepcional. No solamente tiene una vastísima obra escrita, sino que ha cambiado la historia del Derecho procesal con sus estudios sobre la prueba, el juicio jurisdiccional y el recurso de casación, sobre todo, sin descuidar la atención que les dedicó a otros frentes como el del principio dispositivo, los procesos colectivos y hasta la inteligencia artificial. Le obsesionaba la decisión judicial como buen filósofo que era, aparte de procesalista, y aplicó los parámetros de la epistemología particularmente al juicio menos estudiado de todos: el juicio de hecho. No nos enseñó poco. Nos hizo comprender la complejidad extraordinaria de ese juicio que tantos procesalistas anteriores a él prácticamente habían abandonado a la intuición del juez, al secundum conscientiam, o a las máximas de experiencia, ese insieme caotico e indeterminato, como él lo definió”.

A su brillante carrera le sobrevino, como natural consecuencia, un hilo interminable de reconocimientos y doctorados honoris causa de muchas casas académicas. Su huella era indeleble y así se constató cuando vino a México, invitado por el Poder Judicial de la Federación. Sus cátedras luminosas dejaron una luz permanente en quienes tuvieron la fortuna de escucharlo y reforzar lo que el gran maestro dejó plasmado en una vasta bibliografía. Para esta generación es en el papel donde queda la memoria de los grandes maestros. Descanse en paz el gran jurista italiano.

 

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